Conmemoración

BCN reivindica al agente Juan Miguel Gervilla

Una calle de Les Corts lleva el nombre del urbano que asesinó ETA en 2000

  • Su familia y sus compañeros lo recuerdan entre sollozos: "Era diferente al resto, un hombre excepcional", explica un agente ya jubilado

Òscar y Carlos Gervilla, junto a la alcaldesa Ada Colau, han inaugurado la calle que lleva el nombre de su padre, 20 años después de su asesinato. / JORDI COTRINA / VÍDEO: EFE

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Elisenda Colell
Elisenda Colell

Redactora

Especialista en pobreza, migraciones, dependencia, infancia vulnerable, feminismos y LGTBI

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"A los ocho años dejé de ser un niño, mi infancia terminó". Así recuerda Óscar Gervilla, el hijo de Juan Miguel Gervilla, el día en que supo que no volvería a ver a su padre. A este agente de la Guardia Urbana lo mataron a balazos José Ignacio Krutxaga y Fernando García Jordà, dos miembros del 'comando Barcelona' de la banda terrorista ETA el 20 de diciembre del año 2000, antes de intentar poner un coche bomba en el domicilio del periodista Luis del Olmo. Veinte años después, Barcelona recuerda al agente con una calle que lleva su nombre en el barrio de Les Corts, donde trabajó el mayor tiempo. "A él no le gustaba la pompa, ni los grandes actos, pero es importante que su muerte no quede en olvido", dice su hijo menor.

El día que lo asesinaron, Gervilla ordenaba el tráfico entre la calle Numancia y la avenida Diagonal. Poco antes de las ocho de la mañana, se encontró con los dos etarras, que con un Fiat robado, y averiado, estaban obstruyendo la circulación. Gervilla se acercó para ayudarles a retirar el vehículo y estos respondieron con un disparo a bocajarro.

Óscar Gervilla y su hermano Carlos tenían entonces 8 y 13 años respectivamente. Se enteraron de la tragedia escuchando la radio, en el coche de su madre de camino a la escuela. "Nuestro mundo se derrumbó", añade Óscar. Uno desus recuerdos grabados a fuego es que en medio de la tragedia tuvo que convertirse en adulto. "Mi madre dejó de comer y nosotros le hacíamos tortilla a la francesa sin saber ni cómo cocinar. Era lo único que comía mi madre cuando murió mi padre. Nos hicimos mayores de repente", rememora.

Un acto emotivo

Óscar y Carlos Gervilla han querido recordar a su padre como un hombre "sencillo, terco, duro, sagaz e inteligente". "Nos despojaron del privilegio de crecer con un padre", han añadido durante su parlamento en la ceremonia para inaugurar la calle, ubicada en la que hasta el sábado llevaba el nombre de Institut Frenopàtic. Ante sus palabras, pocos podían aguantar el llanto. La madre se abrazaba a su nieta y a su nuera entre sollozos mientras hablaban del marido. Esta imagen ha hecho que varios altos cargos de los cuerpos de seguridad del estado sacaran los pañuelos. "Para nosotros era importante estar hoy aquí, mi padre llevaba 20 años en el olvido. Murió asesinado, de forma brutal y mientras cumplía con un servicio público, y hay que recordarlo para que jamás vuelva a ocurrir".

Òscar y Carlos Gervilla, junto a la alcaldesa Ada Colau, han inaugurado la calle que lleva el nombre de su padre, 20 años después de su asesinato. / JORDI COTRINA / VÍDEO: EFE

El acto también ha servido para recordar las cosas de la vida de Gervilla. Por ejemplo, nació en 1962 en Nüremberg, hijo de un emigrante español en Alemania. Algún agente ha recordado a la familia las bromas que aquel agente de tráfico gastaba entre sus jefes después de estar dos meses sin fumar y los demás seguían con el hábito. "Nos hemos visto reflejados en él: mi hermano y yo también somos así. Aún hoy hay muchas cosas de nuestro padre que desconocemos, y venir aquí, conocer a su gente, nos permite saber también como era", decía el hijo, cuya nariz y rostro recuerda al de su padre. "Algunas veces he pensado en ser agente de la urbana, pero sé que mi madre no podría soportar que me pasara nada", añade. Hoy, los dos hermanos dirigen juntos una empresa inmobiliaria.

La primera moto de la urbana

Además de sus allegados, una treintena de agentes de la Guardia Urbana, muchos ya jubilados, se niegan a olvidar a su compañero. "Aún recuerdo cuando tuvimos que usar la primera moto de la Urbana", apunta Ramón Navarro, agente en Les Corts presente en el homenaje. Los semáforos de la avenida Tarradellas se habían estropeado, recuerda, y tuvieron que salir a ordenar el tráfico. "Me dejé la gorra y tuve que aguantar toda la tarde con el casco de la moto, sudando una barbaridad. Te puedes imaginar los cachondeos de Gervilla".

Un policía diferente

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Ambos compartieron casi una década durante el turno de tarde en la comisaria de Les Corts, ubicada entonces en el Palau Reial. Al terminar el turno a las 10 de la noche, siempre jugaban al frontón. "Perdimos a un amigo", añade con los ojos vidriosos. "Era un policía diferente al resto. Claro, transparente", agrega otro compañero, Ramón Enamorado, que lo conoció en la academia policial. "Tenía un gran corazón, era divertido y directo. Si tenía que decirte algo lo hacía sin reparos", agrega Navarro. Ambos recuerdan una frase que decía Gervilla sin cesar: "Vais demasiado relajados; en la calle, no os fieis de nadie".

En la Guardia Urbana han cambiado muchas cosas desde aquel asesinato. Los agentes ya no patrullan en solitario. "Si hubiéramos ido en pareja estoy seguro que aún estaría entre nosotros", se lamenta Navarro. el modelo de cartuchera mejoró para desenfundar con mayor rapidez. Tuvieron acceso a los chalecos antibalas. "No dejéis de luchar por las herramientas y los derechos que nuestro padre no tuvo", han expresado los hijos delante de la alcaldesa Ada Colau y el teniente de alcalde de seguridad, Albert Batlle, que han querido insistir en que la placa que ahora lleva el nombre de Gervilla es un memorial para recordar, también, a todas las víctimas del terrorismo.