UN PROYECTO GAFADO

Jim Carrey y el tranvía por la Diagonal

El Trambaix, a su paso por la plaza de Maria Cristina, en enero del 2019

El Trambaix, a su paso por la plaza de Maria Cristina, en enero del 2019 / RICARD CUGAT

  • Barcelona desatasca el tranvía pero sin tener claro cómo gestionará un ferrocarril que quiere que sea público
  • La historia de la infraestructura tiene pedazos de 'El show de Truman', 'La máscara' o 'Dos tontos muy tontos'
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La historia política del tranvía por la Diagonal puede explicarse a través de la filmografía de Jim Carrey. Por añadir un prisma nuevo a tan manido proyecto. El debate de la última década acerca de esta infraestructura, la más estudiada, analizada y pormenorizada de los últimos tiempos, tiene un poco de 'El show de Truman', retales de 'El Grinch', mucho de 'La máscara', pedazos de 'Mentiroso compulsivo' y destellos de 'Dos tontos muy tontos'. El guion resultante, sin embargo, no tiene la misma gracia. Este lunes se ha votado el convenio que debe permitir la construcción de la fase 1 del tramo pendiente, así como la urbanización del trozo de la Diagonal en el que está previsto empezar a poner vías, entre Glòries y Verdaguer. Los argumentos han sido los mismos, idénticos, a los expuestos hace 10 años, cuando también se estaba al borde de una crisis. Cambian los actores, la película se mantiene.

La noticia era de sobra conocida -el acuerdo en el gobierno municipal y ERC para tirar adelante el proyecto- pero faltaba la plasmación política que permita a la Autoridad Metropolitana del Transporte (ATM) empezar a desplegar equipos y maquinaria. La comisión de Urbanismo ha sido el primer paso. El definitivo se dará en el pleno de este mes, donde se repetirá la discusión, los argumentos y el resultado de la votación, con 28 de 41 concejales a favor. El resto, aunque Ciutadans este lunes se ha reservado el voto, se opondrán. La teniente de alcalde Janet Sanz se ha encargado de resumir las bondades del plan. Las mismas que lleva defendiendo desde que Barcelona en Comú se hiciera con el cetro, en junio de 2015. Y las mismas, de hecho, que ya defendía su anterior jefe en el grupo municipal de ICV-EUiA, Ricard Gomà. Un poco como Truman Burbank y su repetitiva vida. Con la novedad, eso sí, y ahí radica el acuerdo con Esquerra, de garantizar, siempre que se alcance un acuerdo con las actuales empresas concesionarias, que la gestión sea pública. O sea, que por ahora es un matrimonio pactado por unos padres que todavía tienen que consultar a los contrayentes.

Imagen virtual del tranvía llegando al paseo de Gràcia

/ EL PERIÓDICO

Resulta curioso que ahora sea ERC el desatascador cuando fue su líder de mandatos pretéritos Jordi Portabella quien, en enero de 2009 y también en un pleno, impuso una consulta ciudadana sobre el futuro de la Diagonal que acabaría dando la puntilla a 32 años de gobiernos socialistas en la cuidad. A ese resultado -el 80% de los votantes se decantaron por dejar la avenida como está- se han vuelto a agarrar este lunes tanto Junts per Catalunya como el PP y Barcelona pel Canvi, alegando que Barcelona ya dijo 'no' al tranvía y que, en cualquier caso, sería menester volver a preguntar al respetable. Aquel referendo es la máscara de madera que dotaba a Jim Carrey, perdón, a Stanley Ipkiss, de poder y confianza ante cualquier desafío. La respuesta a todo. Y si en esto hay malos y buenos, está claro que el tranvía es el Grinch para los que no lo quieren unir y que la Diagonal sin ferrocarril es el Grinch para el lado opuesto. Con una visceralidad por ambos lados que ha hecho imposible acercar posiciones, por mucho que se creara una comisión extraordinaria con un montón de sesiones y técnicos invitados que se demostró totalmente inocua ante ideas que ya estaban absolutamente preconcebidas y estancadas.

Cuando Trias decía 'sí'

La comisión ha sido un constante 'déjà vu'. Francina Vila, de Junts, ha repetido los mismos argumentos que en su día, hace 10 años, exponía su anterior jefe de filas, Xavier Trias, que a la postre sería alcalde (2011-2015) tras el descalabro socialista en la consulta de mayo de 2010. Entonces, con la crisis económica en plena ebullición, CiU, que en el pasado había apoyado con vehemencia el tranvía por la Diagonal, empezó a agarrarse a las estrecheces económicas para rechazar el proyecto. Vila ha hecho referencia a la actual crisis derivada del covid para defender que ahora no es el mejor momento para impulsar una obra de esta envergadura. Amén del resto de argumentos de sobra conocidos: que es una infraestructura demasiado rígida que hipoteca el espacio público, que se mancilla un patrimonio urbanístico como es la Diagonal y que los trabajos contaminarán un montón.

Manifestación a favor de la unión del tranvía por la Diagonal, en enero del 2018

/ RICARD CUGAT

Lo del presupuesto también lo ha citado Celestino Corbacho (Cs). Ha concretado que en un momento de "crisis pandémica, las administraciones deben marcar otras prioridades". "no son tiempos de obras faraónicas", ha sostenido, en una metáfora egipcia que también fue muy recurrente 10 años atrás. Oscar Ramírez, del PP, ha sido quizás el más valiente políticamente al hacer mención a la voluntad de los 'comuns' de "asfixiar al vehículo privado sin darle alternativas" y ha ahondado en lo "poco oportuno" que resulta plantear una inversión de cerca 100 millones de euros. Ha planteado, como recambio, apostar, como también hacen los neoconvergentes, por la D30, la nonata línea de buses eléctricos que debería cruzar de punta a punta la Diagonal.

Debate devorado

A lo largo de estos años, el debate político terminó por devorar el relato de la infraestructura en sí. Hasta el punto de que, como Fletcher Reede en 'Mentiroso compulsivo', una y otra bancada se han dicho de todo sin tapujos y en muchas ocasiones daba la sensación de que la ideología trascendía a un simple tramo de vías que no alcanza los cuatro kilómetros de longitud. Como si el tranvía, la bici, el coche, la moto, el bus o el metro fueran cotos reservados a la izquierda o a la derecha.

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En cualquier caso, tal y como ha señalado Jordi Coronas (ERC), todo sigue pendiente de un acuerdo con las empresas concesionarias. Tienen contrato hasta el 2032 y ya saben que la ciudad les quitará de las manos el control del Tram. Con el acuerdo vigente en la mano, ¿qué margen de negociación darán a un ayuntamiento que les tiene en el punto de mira?

Por cierto, faltaba por citar 'Dos tontos muy tontos'. Son de hecho muchos más, cerca de 1,6 millones de barceloneses, los que llevan 10 años con cara de mentecatos ante un espectáculo de tan alta política.