29 oct 2020

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La pandemia en el agua

Más rescates de navegantes inexpertos en el verano del covid-19

Salvamento Marítimo y Guardia Civil detectan en Catalunya un repunte de auxilios de botes recreativos: 275, más que durante los veranos anteriores

El Servicio Marítimo del instituto armado en Barcelona sancionó a 24 ciudadanos por incumplir el estado de alarma en el mar

Guillem Sànchez

El capitán del servicio marítimo en Barcelona, el capitán Julián Martínez.

El capitán del servicio marítimo en Barcelona, el capitán Julián Martínez. / ROBERT RAMOS

Los agentes de la Guardia Civil en Barcelona no daban crédito. Ocurrió durante los días más duros del confinamiento provocado por la pandemia de covid-19, cuando todos los ciudadanos tenían la obligación de quedarse en su domicilio, cuando estaba absolutamente prohibido salir salvo para trabajar en los servicios esenciales o atender una necesidad –como ir a comprar comida o acudir al médico–. Un hombre se desplazó hasta un puerto marítimo de la costa adscrita a la provincia de Barcelona, soltó el amarre y salió a navegar. Justo cuando asomaba por la bocana, se cruzó con la patrulla marítima. Los uniformados levantaron los brazos en un gesto que de haber sido subtitulado incluiría este mensaje: "¿Pero dónde vas, alma de cántaro?". 

Es el caso más sorprendente de cuantos recuerda haber sancionado el capitán Julián Martínez, a cargo del Servicio Marítimo de la Guardia Civil en Barcelona, durante este 2020, un año tan extraño en tierra firme como en el mar. Comenzó con el encargo de velar en el agua por las medidas decretadas por el estado de alarma y ha seguido con un inesperado incremento en julio y agosto de los rescates de navegantes inexpertos en Catalunya, tal como subraya el capitán Martínez y confirma Gerardo Gantes, responsable de Salvamento Marítimo en las costas de Girona y Barcelona. 

Un mar confinado

La Guardia Civil ha interpuesto 24 denuncias administrativas por infringir la 'legislación covid' en el mar de la provincia de Barcelona. La mayoría de estas se han interpuesto durante la fase de desescalada, cuando volvió a ser legal salir a navegar en embarcaciones de recreo pero muchos incumplían la limitación de ocupar la mitad de la capacidad de la nave. En otras ocasiones la sanción se instruyó porque un hombre se instaló a vivir en un bote de su propiedad amarrado en el puerto. "Si ese hubiera sido su único domicilio, podría estar allí. Pero tenía su casa y estar en el barco equivalía a acudir a una segunda residencia", aclara. Esa hipótesis era la de un tercer sancionado: él sí residía en el bote antes del encierro y allí siguió viviendo los días siguientes. Su infracción consistió en salir a fumar; fue sorprendido a más de un kilómetro de la embarcación. 

El verano del covid-19

El resto de las 89 denuncias administrativas imprimidas desde el 1 de enero del 2020 son por la normativa ordinaria. Casi todas interpuestas en los meses de verano. A pesar de la crisis económica y la ausencia de turistas, la costa catalana, uno de los puntos más concurridos por embarcaciones recreativas de Europa, se ha vuelto a llenar de barcos. Muchas de las multas están relacionadas por salir a navegar sin seguro –no son tiempos fáciles para el bolsillo– o sin la revisión mecánica correspondiente –el confinamiento ha impedido que muchos propietarios usaran la primavera para la puesta a punto de la barca–. Esto último ha contribuido al aumento de rescates de naves de las últimas semanas.

Salvamento Marítimo, el cuerpo responsable de los rescates, ha atendido en aguas del litoral catalán, que forman las costas de Girona, Barcelona y Tarragona, 371 emergencias entre el 15 de junio y el 23 de agosto (en el 2019 fueron 365 y en el 2018, 327). Durante el mismo periodo ha realizado 275 auxilios a barcas recreativas en las que viajaban a bordo 920 personas (en el 2019 fueron 274 y 943 y en el 2018, 262 y 871, respectivamente)Gerardo Gantes analiza las causas motivos.

"Ha hecho buen tiempo y buena mar", explica. Quienes disponen de embarcación salen más y reciben "más peticiones de su entorno" para navegar y evitar así el riesgo de contagio que implica "la aglomeración de la arena". Por la misma razón hay más gente que opta "por alquilar" –las empresas de alquiler de botes, contra todo pronóstico, han tenido una buena temporada–, también naves inferiores a cinco metros de longitud que se pueden manejar sin titulación. Es decir, el mar se ha llenado de embarcaciones sin la puesta a punto y "en manos de pilotos inexpertos". Se han multiplicado llamadas de socorro de usuarios que "no recuerdan como arranca el motor" o que "se asustan cuando se levanta un poco el oleaje". "Llaman y tienes que ir a recogerlos y arrastrarlos", resume Gantes. 

Una pareja de 'paddle surfistas' en la playa de Barcelona / ROBERT RAMOS

Los 'paddle surfistas'

Hace cinco días, Salvamento Marítimo rescató en la playa de Tarragona a dos menores que se habían alejado demasiado de la corriente a bordo de un flotador hinchable. No son incidentes tan infrecuentes, sobre todo en el caso del 'paddle surf'. Varios de los salvamentos recientes corresponden a usuarios de esta plancha de moda, personas que se habían puesto a remar de forma entusiasta y después, víctimas de corrientes como la resaca, ya no pueden volver. "Cada semana rescatamos a alguno", recuerda el capitán Martínez, que lamenta las pocas instrucciones que reciben por parte de las empresas que los alquilan y que ni siquiera sea obligatorio el uso de chaleco salvavidas. "Hace poco sacamos a dos chicas que se habían metido mar adentro y no podían volver. Cada ola que venía las tiraba y tenían que subir de nuevo. Estaban agotadas. El instructor fue a rescatarlas y después tampoco pudo regresar él. Los encontramos a los tres con las planchas atadas". 

Peces felices, pescadores en apuros 

El puesto del Servicio Marítimo en Barcelona está al principio de la bocana por la que entran cruceros y buques de mercancías. Pero hay menos buques y ni rastro de la decena de cruceros habituales. El tráfico marítimo sin estos gigantes está despejado. Y el agua limpia. El fondo marino bajo la flota de la Guardia Civil se aprecia sin dificultad. Es una imagen insólita provocada por el coronavirus. Como lo son la presencia de delfines o una familia de cuatro ballenas –algunas de 20 metros– que se acercaron hace poco a una milla de las playas de la capital catalana. 

La parte negativa de lo que sucede estos días es el elevado número de familias que vivían de los mismos cruceros cuya ausencia agradece la fauna marina. O el caso de los pescadores de Barcelona, relata el capitán Martínez, que siguen cumpliendo una normativa dura para preservar la sostenibilidad mientras la demanda de la hostelería local ha disminuido y deben competir con las capturas en las costas de Senegal "por megafactorías chinas o rusas que lo destrozan todo".

Los pescadores catalanes practican sobre todo pesca de arrastre –muy limitada por el daño que provoca en el ecosistema– y de cerco. Una minoría recurre a las artes menores para cazar con jaulas, anzuelos o arpones. Durante este 2020, la Guardia Civil ha llevado a cabo 33 inspecciones a bordo de naves de pescadores. Solo una de estas revisiones ha acabado en una sanción, por tener a bordo un pescador que no estaba enrolado en esa barca. Hay otra multa, interpuesta contra el autor de un palangre no identificada.