23 oct 2020

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verano insólito sin viajeros

La Rambla, paralizada, aspira a resucitar como imán para el barcelonés

Amics de la Rambla planea recuperar el pulso local sacando espectáculos y cultura a la calle

Reclama que el 'reset' por la pandemia sirva para reequilibrar su oferta comercial

Patricia Castán

La Rambla, casi vacía, a mitad de esta semana.

La Rambla, casi vacía, a mitad de esta semana. / MANU MITRU

Ni el terrible atentado de agosto del 2017 dejó tan desnuda, ni tantos días inhabitada la Rambla. Pasan las semanas y la calle más concurrida de Barcelona no deja atrás ese aspecto, casi desierto, casi irreal en la era de los veranos urbanos con 'overbooking' turístico. La calma de sus pocos paseantes convive con la hecatombe en su ecosistema económico, con decenas de negocios cerrados desde el inicio de la pandemia. Pero en medio del caos, es posible contemplar el 'reset' como una oportunidad de resucitar una Rambla mejorada. La vía cultural y el reequilibrio comercial se vislumbran como herramientas imprescindibles, apuntan en la asociación Amics de la Rambla.

A todos los descreídos que se negaron a darle otra oportunidad a la Rambla cuando, en plena pandemia, la entidad hizo un llamamiento a la reconquista local del vial, cabría pedirles algo de piedad. La crisis ha dejado de momento muchas persianas bajadas, en especial en el tramo central y sobre todo en el inferior, junto a Drassanes. Allí cuesta encontrar algún establecimiento abierto. Muchos son cierres temporales, para evitar el coste de plantillas que estos días apenas tendrían trabajo, pero soportando alquileres de vértigo. Otros son definitivos, como reza ya algún cartel de traspaso.

Apenas un 40% de toda la oferta de hostelería ha recuperado la actividad desde el desconfinamiento 

Y en la oferta abierta sigue apabullando todo lo prescindible: suvenires aquí y allí, restaurantes enfocados al cliente efímero y con escaso criterio gastronómico... No obstante, la falta de afluencia convierte estos días el paseo en un pequeño placer, con perspectivas casi inéditas y algunas opciones de comer bien o descubrir establecimientos centenarios supervivientes a unos pasos, por el Gòtic.

Fermín Villar, presidente de Amics de la Rambla, es consciente de que muchos negocios están en jaque. Y pide que el ayuntamiento preste atención a la zona con vistas a la remontada. Planeaban conjuntamente una campaña de promoción, de momento paralizada ante la cantidad de oferta comercial y cultural cerrada. Pero en su lugar el colectivo reclama ahora un plan de acción cultural que pase por sacar los espectáculos a la fresca, al estilo de lo que está haciendo el Jamboree en la plaza Reial por su 60 aniversario.

Artistas de la Rambla, a la espera de clientes / MANU MITRU

Momento de cambio

Con las restricciones y miedos en espacios cerrados, contemplan esa Rambla ahora desierta como un escenario perfecto para hacer bajar a los barceloneses que no se sienten tentados por vía de las compras o el paladar. Aluden a la ópera de Liceu en el Pla de l’Os, los espectáculos del Poliorama en Santa Mònica o los de los tablaos flamencos... todo a la calle y con efecto de reclamo «inmediato».  «La zona debería ser tan atractiva para el visitante como para el barcelonés», insiste Villar, preocupado porque el tantas veces postergado plan de reforma del vial (de inicio previsto este año) pueda volverse a atrasar, lo que implicaría cierto riesgo de «caducidad». De hecho, se fraguó cuando los patinetes aún no eran un modo de transporte urbano, ejemplifica.

Su gerente, Xavier Masip, añade que en el bache de la Rambla (con apenas el 40% de su oferta de hostelería abierta) debe haber valentía para planificar mejoras cualitativas. Como nuevos filtros a la tipología comercial (al parecer un gran súper busca ubicación allí) que favorezcan un reequilibrio de la oferta y primen la cultural, e incluso algo así como un manual de buenas prácticas al que adherirse. No hay que olvidar que en la actualidad en muchas terrazas es imposible tomar una caña porque solo ofrecen cervezas tamaño XXL , o un simple café porque el objetivo es vender una paella o un cóctel de medio litro.

De momento, está por decidir si en septiembre se podrá llevar a cabo el Tast a la Rambla que se pospuso en junio. Y la apuesta en firme del eje es cerrar el tráfico el fin de semana, cogiendo el relevo a la Via Laietana, donde el comercio acogió la medida con gran enfado. Así lo han solicitado ya al área de Movilidad del ayuntamiento.

Los Amics de la Rambla se avienen a tomar el relevo de la Via Laietana y cerrar el vial al tráfico los fines de semana

En la lista de peticiones destaca otra que ven prioritaria para que pueda funcionar lo demás. «Es necesaria más policía para frenar la delincuencia en la zona», que la ausencia de turistas no ha evitado, destaca Villar.

En recorrido por la zona a mediodía, quiosqueros, pintores y restauradores consultados apuntan a entre un 10% y un 20% de la facturación del año pasado. Una temporada para el olvido, añaden, con miedo a lo que depare el otoño. "Ha venido poco turismo, pero además la mayoría es un viajero que llega muy de última hora, con ofertas y que mira mucho lo que gasta», relata un operador.

A la hora de comer hay terrazas incluso sin un solo comensal. «Lo malo es que al final de todo esto resistirán no los mejores negocios, sino los que tienen más dinero», se lamenta otro empresario.

Vaciones forzosas en la Boqueria

A primera vista, la reducción de la oferta de zumos, vasos de fruta o cucuruchos de fuet ya indica que el público de la Boqueria no es del de cada verano. La oferta se ha modificado en proporción al comprador, como sucediera a la inversa hace algunos lustros cuando comenzó el 'boom' turístico. «Estamos vendiendo un 15% que otros años y eso que somos pocos», indica un vendedor de frutería con producto dirigido al viajero.

¿Se avecina una reconversión? «Hay gente que ha vuelto al formato de producto fresco para llevar a casa y no para consumir el momento, otros han cerrado hasta que la situación mejore y otros se han ido de vacaciones al ver que había poco trabajo», resume Óscar Ubide, gerente del mercado, estimando en algo menos de la mitad los puestos abiertos estos días. 

Señala que tras el confinamiento se habían reabierto entre el 70% y el 80% de los negocios, pero que los rebrotes y el retroceso del turismo han incitado a muchos operadores a tomarse un descanso, incluso a los que hacían literalmente su 'agosto' cada verano –cuando llegaba a haber más de 60.000 visitantes al día– y optaban por descansar en invierno.

Ambiente a media mañana, que solo se anima un poco la hora de comer / manu mitru

Los pasillos del mercado están en muchos casos vacíos, y tan solo hay cierta animación puntualmente en la parte central, del pescado y en torno a los famosos bares de la Boqueria. Unos negocios que, por cierto, han vivido días críticos cuando se volvieron a dictar restricciones de consumo en las barras de bar, que en este caso son clave para su supervivencia y no quedan compensadas con las mesitas extra que autorizó el mercado en las zonas o plazas de paso que se habían ganado tras eliminar algunos puestos para esponjar el mercado.

Pero esta semana las barras han vuelto a ser autorizadas y bares como el Moderno y el Central volvían a coger impulso. Aunque el veterano Quim alertaba de la fuerte caída de la actividad por la drástica disminución de turistas, por debajo de una quinta parte de lo normal y sustentada ahora en la «fidelidad de la clientela barcelonesa».

El chef y propietario ha reducido carta e incluso ajustado precios para adaptarse a la nueva coyuntura económica, tras pasar semanas cocinando altruistamente (junto a otros operadores) para los más necesitados.
En puestos de embutidos y de zumos de la entrada destacan que la multiprocedencia turística ha dado paso este verano a un puñado de franceses e italianos, muchas veces llegados en coche para una escapada y con menor interés en la gastronomía o el consumo que el crisol internacional de otros años. Hay añoranza de las divisas de rusos y norteamericanos, que han pasdo de cien a cero sin término medio.

Ubide ilustra el cambiante paisaje del mercado: menos contenedores y máquinas de limpieza en pleno día, cuando antes solo accedían de noche. «Hay incertidumbre, sobre todo en los puestos grandes con mucho personal», advierte.