ÉRASE UNA VEZ EN... EL POBLE SEC (26)

Historia de otro sindicato posible

El Sindicat de Barri del Poble Sec nació hace un lustro recuperando la tradición del movimiento obrero y vecinal de la ciudad para evitar la expulsión de vecinos

Han parado cientos de desahucios, arañado alquileres sociales que parecían imposibles y creado una red de ayuda mutua que va mucho más allá de la vivienda

Asamblea del Sindicat de Barri del Poble Sec, este lunes delante del Lliure.

Asamblea del Sindicat de Barri del Poble Sec, este lunes delante del Lliure. / MARTÍ FRADERA

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Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

Escribe desde Barcelona

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No lleva el recuento exacto, pero Griselda Tomàs, joven de 28 años y madre de una niña de seis, calcula haber ayudado a parar con el cuerpo, pero también con la cabeza y el corazón, un centenar de desahucios en los últimos tres años; desde que pisó por primera vez el Ateneu La Base del Poble Sec para intentar evitar el de su familia. Tiempo en el que no solo ha salvado su techo (logró un alquiler social en su piso, propiedad de la Sareb), sino que ha cambiado por completo su vida. Hace un año que trabaja llevando la contabilidad en La Base, algo que antes de entrar en el Sindicat de Barri jamás se habría planteado. "A mí el Sindicat me ha dado bastante la vida. Me ha vuelto más empática, más sensible, y me ha empoderado muchísimo en todo. Hablar en público, por ejemplo", explica la joven, quien hasta aquel momento había trabajado siempre en panaderías, en trabajos intermitentes.

No tiene presente el número, pero sí la solidaridad que se respira en cada puerta, la tensión y el estrés hasta que llega la comitiva judicial y esa euforia y los abrazos de verdad tras confirmarse cada suspensión. "Yo, que hasta ese momento pasaba por un desahucio y no me paraba", prosigue Griselda

"El Sindicat me ha dado bastante la vida. Me ha vuelto más sensible y me ha empoderado"

Giselda Tomàs

Miembro del Sindicat de Barri del Poble Sec

Cuando llegó a las asambleas todavía tenían pocos casos, recuerda. El suyo -caso de manual, de contrato falso a falso propietario, estafa de la que se enteró cuando vino la policía a echarles- y dos o tres más; pero al poco tiempo, se llenó. La emergencia habitacional y la presión gentrificadora empeoraba y los vecinos empezaban a conocerles. "Éramos unas 40 personas. Cada una explicaba su caso y nos ayudábamos entre todos, a partir de nuestras experiencias", señala la joven, que no solo participa en los desahucios del Poble Sec, sino también en los de los barrios vecinos.

08004, Barcelona

En paralelo, el Sindicat hizo no poco trabajo de campo. "La comitiva judicial coge un taxi en la Ciutat de la Justicia, baja en el apartado de Correos 08004 y va haciendo. A veces solo teníamos constancia de un desahucio, pero seguíamos a la comitiva judicial y ella nos llevaba a los demás. Así hemos llegado a muchas familias con necesidades a las que no conocíamos", cuenta Sergi Barrios, miembro del Sindicat desde sus inicios, quien sí viene de los movimientos sociales de la ciudad.

En un inicio el Sindicat de Barri nace de la necesidad de un grupo de socios del recién creado Ateneu La Base (2014) -espacio de confluencia de gente que venía del 15-M, de las luchas universitarias 'antibolonia' y del movimiento vecinal alternativo- de incidir en mejorar las condiciones materiales de vida del barrio en cuestiones como el acceso a los suministros -pobreza energética-, la vivienda o la precariedad laboral. Pero el contexto de expulsión de vecinos -no solo de sus casas, también del barrio- les llevó a centrarse prácticamente en exclusiva al a vivienda. "Si los vecinos tenían que irse del barrio, todo lo demás ya no tenía sentido", resumen. Así que convirtieron cada piso en una trinchera.    

Movilización en Nou de la Rambla, 128, en junio del 2017. / JOAN PUIG

Su primera gran victoria fue el caso de Nou de la Rambla, 128. El propietario único de la finca pretendía vaciarla y venderla. Los inquilinos acudieron al Sindicat, se organizaron, hicieron ruido y lograron que el caso se hiciera mediático, lo que, con la mediación del ayuntamiento, paró la operación. Era la primera vez que eran reconocidos como interlocutor y ganaron.

Otro de sus casos ya icónicos es el de Feliciano, en Murillo, 12, cuya denuncia ejemplificaba lo que estaba pasando en el barrio (la compra de fincas enteras por parte de inversores y la expulsión de vecinos de clases populares).   

Ayuda mutua en estado puro

Hace un año, tras detectar la necesidad entre varios de sus miembros y recuperando la filosofía integral con la que nació, crearon la Xarxa d'Aliments. Como con la vivienda, hicieron el trabajo previo de ir a hablar con los pequeños comercios del barrio, sobre todo panaderías y fruterías, para obtener donaciones o simplemente que les dieran sus sobrantes en buen estado. La red funciona de forma horizontal -la base del Sindicat- y son las propias personas que necesitaban esos alimentos las encargados de irlos a buscar a los comercios y distribuirlos entre las familias. Ayuda mutua en estado puro. 

"Hemos llegado a parar desahucios que no teníamos controlados siguiendo a la comitiva judicial"

Sergi Barrios

Miembro fundador del Sindicat de Barri

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Pero llegó la nueva crisis, la de la pandemia, y la Xarxa d'Aliments se vio superada. El número de familas del barrio que necesitaban alimentos creció exponencialmente y la crisis sanitaria hizo además prácticamente imposible el funcionamiento horizontal por cuestiones de seguridad. "Tenemos un Excel con entre 400 y 500 personas, con nombres y apellidos, que necesitan alimentos. Impresiona", afirma Sergi. El nuevo contexto les llevó a transformar la red ya existente en el Comitè Revolucionari d'Aliments, que trabaja en colaboración con la en asociación Espigoladors, proyecto de lucha contra el despilfarro y pérdida de alimentos. Desde Espigoladors, en El Prat, tenían ya una red de voluntarios en los terrenos agrícolas cercanos y pudieron aprovechar toda la cosecha plantada antes de la pandemia y que se hubiera echado a perder, como los 'calçots' o las alcachofas. Esa colaboración les ha permitido disponer de productos frescos, que complementaron con donaciones de Mercabarna y de vecinos y otros comerciantes del barrio solidarios.

Durante esta crisis (de juzgados cerrados) han centrado sus esfuerzos en dos ejes: por un lado la alimentación y por el otro la huelga de alquileres, impulsada por varias organizaciones de todo el Estado y en la que el Sindicat se ha volcado. Las incidencias por impago del alquiler de la vivienda en España aumentaron el 380% en el estado de alarma y hasta el 17% de los arrendadores llegaron a notificar que no habían cobrado, con lo que se preparan para hacer frente a un alud de desahucios el próximo curso.