CORONAVIRUS

Provença, 501, Rue del confinado

Los vecinos de una finca del Eixample posan en sus balcones y relatan su confinamiento

Combinan el deporte con la lectura, las series, el trabajo y el estudio, y creen que esto va para largo

’Rue del confinado’: Vecinos confinados por el coronavirus en un edificio del carrer Provença de Barcelona / Foto: Elisenda Pons / Video:Ferran Nadeu

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Toni Sust

Charo, jubilada, vive en el sexto y anda cada día 1,5 kilómetros por su casa. Está leyendo 'Todo esto te daré', de Dolores Redondo. Su marido, Eduard, confiesa no haber incurrido en el deporte durante el encierro compartido: ha acabado 'Terra Alta', de Javier Cercas, y ahora ataca una historia de los cátaros. Guillem sale a tocar la guitarra al balcón de vez en cuando y Carmen trata de aprovechar la ocasión para perfeccionar su inglés y su francés. Las cuatro veinteañeras estadounidenses misioneras que viven en el primero lamentan no poder ir repartiendo la palabra de Dios puerta a puerta y hacen lo que pueden por alejar el pecado por whatsapp y videollamada.

Son algunos de los vecinos de la finca situada en Provença, 501, que el pasado jueves salieron a la vez a sus balcones a mediodía, para posar para este diario al estilo de la comunidad dibujada por Francisco Ibáñez, 13, Rue del Percebe, aunque sin morosos ni ladrones ni tenderos que engañen en el peso. Los vecinos del edificio se han adaptado a la situación, la misma que viven otros centenares de miles de personas en Barcelona, y tratan de sobrellevar el confinamiento y buscarle su lado bueno. Casi todos están convencidos de que esto va para largo.

Estar juntos, lo mejor

“Lo mejor es estar juntos, algo para lo que no siempre tenemos tiempo, y convivir cada instante. Lo peor es la incertidumbre”. Así resume la situación Anna, vecina del tercero, donde reside con su marido y tres hijos. Sí, es inhabitual: las familias, que en algunos casos apenas se ven unas horas al día, lo hacen ahora durante toda la jornada. Anna tiene 52 años y trabaja en el mundo audiovisual: tiene dos productoras. Su marido, Danny (57), es fotógrafo. Tienen tres hijos. Carla (25) trabaja y juega a básquet en el Draft Gramenet. Laia (23) estudia Investigación Privada en la universidad y juega a básquet en el Esportiu Claror, donde también lo hace Guillem (19), el guitarrista, estudiante de Económicas.

Los hijos, acostumbrados a una exigente actividad física semanal, tres entrenos y un partido, hacen deporte a diario en el piso. Solo los progenitores han salido a comprar por ahora. “Cada día nos mentalizamos de que esto será más largo de lo que dicen”, afirma Anna.

En lo que a libros y series se refiere, Carla recomienda ‘Camino a un mundo vegano’; Laia, ‘Stranger Things’; Danny, ‘Los perros de Riga’ (Henning Mankell) y 'Vikingos'. Anna ha elegido para estos días 'Els Bombers seran sempre nostres' de Laia Vicens y Xavi Tedó y '34 dies de tardor i 1 de primavera', de Meritxell Borràs

Notas en el ascensor

Los vecinos del edificio se envían whatsapps y se saludan por los balcones. También se dejan notas en el ascensor, como una de una de las familias que reza: “Si necesitáis cualquier cosa, como ir a la farmacia, al supermercado o tirar la basura, contad con nosotros para lo que os haga falta”.

“Vivo sola y tengo 83 años”, cuenta Roser, la vecina del cuarto, que apenas pisa la calle: “Tengo un arcón congelador y existencias para bastante tiempo”. Solo sale a tirar la basura y está leyendo 'La senyora Stendhal', de Rafel Nadal.  “Lo mejor de esta situación son los vecinos. Lo peor, la enfermedad”, dice sobre la crisis vírica que ha confinado al planeta. “Estamos preparados para que esto dure un mes”, precisa el mensaje que envían los vecinos del segundo, Antonio y Fran, una pareja de jubilados de 63 y 64 años, y su hijo, Carlos, un profesor de instituto de 28. Recomiendan la serie 'Merlí' y el libro 'Nine lives', de Aimen Dean, sobre un espía del MI6 infiltrado en Al Qaeda.

Downton Abbey

Carmen, vecina del entresuelo, la que empodera su inglés y su francés, está viendo 'Downton Abbey'. Vive con sus hijos Mariona (25) y Arnau (19). No flaquea: “Mientas podamos ir a comprar los más básico aguantaremos el tiempo que sea necesario”. Por ahora, ella sale para pasear al perro y su hijo, a tirar la basura.

Arriba, los vecinos del segundo. Abajo, las misioneras del primero. / ELISENDA PONS

En el quinto residen Conxita (54) y Joan (55), que trabajan en la administración y en una editorial, respectivamente, y sus hijos, Anna (19), Àlex (13) y Dani (12). La familia ha organizado el tiempo: de lunes a viernes, los hijos trabajan por la mañana y descansan por la tarde. “No nos planteamos si esto durará tres semanas, un mes o dos”. Los dos pequeños no han pedido salir. Sí lo ha hecho Anna, que va a una escuela especial y que necesita esos paseos. La familia recomienda dos series: 'La casa de papel' y 'La maravillosa señora Maisel'.

Un piloto en tierra

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Aunque todos los vecinos parecían contentos con la foto, las cuatro misioneras estadounidenses del primero fueron las que más sonrisas vertieron, quizá porque Dios está con ellas y no es poco. Hannah, Hailey, Jillian y Lucinda tienen 20 años. Esta es, sintetizada su actividad habitual: “Dedicamos nuestro tiempo a servir como voluntarias de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Enseñamos el evangelio restaurado de Jesucristo y los mandamientos de Dios, tal como mantener nuestros cuerpos y espíritus dignos y santos, y evitar las drogas ilegales,  el alcohol, el tabaco, y las relaciones sexuales antes de casarnos”. Esta labor la acometían antes por las calles. Ahora emplean tecnología para intentar que el mensaje siga llegando. Todavía no han salido del piso: “Creemos en honrar y obedecer la ley del país”. Como lectura, recomiendan 'El libro del mormón'.

Mientras, en el sobreático, mora el que por lógica debe de ser el que peor lleva estar encerrado. Allí vive Wassim, un ingeniero libanés que trabaja para bancos y estudia para piloto: “Lo peor es no poder volar”.

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