10 jul 2020

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BARCELONEANDO

Una letra, un mundo

La Llotja expone la obra de Hermann Zapf, uno de los grandes genios de la tipografía y la caligrafía, artes tan importantes como desconocidas

Natàlia Farré

Gina Serret, Joan Quirós, Iván Castro y Oriol Miró durante el ’happening’ caligráfico, el viernes pasado en la Llotja. 

Gina Serret, Joan Quirós, Iván Castro y Oriol Miró durante el ’happening’ caligráfico, el viernes pasado en la Llotja.  / ELISENDA PONS

Hermann Zapf (1918-2015). El nombre, alemán, quizá no diga mucho a los legos en diseño gráfico. Como poco dicen al personal palabros, por lo de raros, como 'sarifa', 'romana' y 'Optima'. Términos, todos, que de una manera u otra hacen referencia a las letras, ya sea a través del arte de la caligrafía o de la disciplina –aunque quizá lo suyo sería decir también arte– de la tipografía. Dos materias, la tipografía y la caligrafía, a las que se da poca importancia, por no decir ninguna, pero que son vitales en el día a día. Lo son tanto porque de ellas depende que un texto sea legible como que lo que se exprese con él sea lo pretendido.

Vamos, mandar un 'curriculum vitae' utilizando Comic Sans es lo más parecido que hay a un suicidio laboral por la poca seriedad que esta letra desprende; y leer un libro impreso con una tipografía de palo seco es mucho más complicado que hacerlo con una de la familia romana. Justo lo contrario que ocurre en la señalética: en el aeropuerto funciona mucho mejor el palo seco, cuya racionalidad y frialdad también van al pelo para que la Administración envíe multas u otras comunicaciones.

Para ir aclarando las cosas: la sarifa es el remate final que tienen las letras romanas y del que carecen las de palo seco. Y romanas y palo seco son las dos principales familias en la clasificación tipográfica. Comic Sans es una fuente tipográfica, como lo es Optima. Esta última, ampliamente admirada e imitada porque tiene la habilidad de aunar la racionalidad del palo seco y la influencia humanista de la escritura romana. Y como no podía ser de otra manera, su autor es Hermann Zapf. Uno de los grandes, si no el gran, tipógrafos y calígrafos del siglo XX. Y un maestro de la letra impresa y caligráfica cuya obra se expone por primera vez –junto a la de su esposa, Gudrum Zapf von Hesse– por estos lares. Llega de la mano del comisario Jerry Kelly, previa parada en EEUU, y llena las paredes de la Llotja (Pare Manyanet, 40) bajo el nombre de 'Alfabetos mágicos'.

'Happening' con los mejores

Una muestra que puede parecer una rareza, pero no debería. "En una exposición de arte oriental hay caligrafía; en una de arte islámico, también; y en una  de arte medieval occidental se exhiben manuscritos. ¿Por qué la caligrafía occidental moderna no se expone? ¡No puedo entenderlo!" Palabra de comisario. Kelly también tiene claro que este "arte" se basa en el equilibrio: "Una buena tipografía debe tener carácter y ser legible. Tener suficiente personalidad sin llegar a ser extravagante". De ahí su pasión por Zapf. Kelly actúa de comisario en Barcelona, así que nada de coger el pincel para hacer una 'performance' de su maestría. Pero para eso estaban los mejores artistas del tema en Barcelona el viernes pasado en la Llotja: Gina Serret, Joan Quirós, Iván Castro y Oriol Miró. Lo suyo fue un 'happening' caligráfico y una 'master class' sobre el tema.

Un círculo perfecto

A saber, la cancilleresca, letra escogida por Serret para mostrar su pericia, fue la escritura desarrollada por la cancillería papal allá por el siglo XV y es de donde bebe la actual cursiva. A Quirós le dio por la gótica, mucho más vertical y condensada, e hija de la carolingia. Esta última es una escritura que no tuvo protagonismo durante el 'happening', pero sí en el imperio de Carlo Magno. El emperador cayó en la cuenta de que las diferentes caligrafías utilizadas en sus dominios no eran legibles para todos sus súbditos, así que decidió unificar y lo hizo a partir de la escritura uncial y de la capitalis romana.

La primera es una versión redondeada de la segunda, utilizada entre los siglos  IV y VIII; y la capitalis romana, el ideal de belleza de las formas de escritura. Salió de la antigua Roma y tiene como característica que mantiene la misma anchura que altura, proporciones que marca la letra O convertida en un círculo perfecto. Es nuestra actual mayúscula. Y es la escritura que escogieron, en diferentes versiones, Castro y Miró. Pues eso: una letra, un mundo. Y unos 'Alfabetos mágicos' que lucen en la Llotja hasta el 10 de mayo.