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Las zonas más vulnerables

El plan de barrios deja huella en el ámbito educativo

El consistorio destina 29 millones, un 20% del coste del programa, a esta parcela

BCN sumó a las obras el apoyo a entidades, a las artes y a actividades de ocio

Toni Sust

Un aula del instituto escuela Trinitat Nova, una de las novedades del plan de barrios municipal.

Un aula del instituto escuela Trinitat Nova, una de las novedades del plan de barrios municipal. / FERRAN NADEU

El gobierno de Ada Colau decidió en su día emular una de las iniciativas del tripartito que, durante dos mandatos, gobernó Catalunya con el PSC, ERC e ICV como socios. Se trataba de la ley de barrios, por la que el Ejecutivo catalán invertía en determinadas zonas, las que más lo necesitaban. Llegó la crisis y el Govern de CiU, con Artur Mas como presidente, y la ley no se convocó más. Colau recogió el guante y acuñó el plan de barrios, con un presupuesto de 150 millones en su primera edición.

En puridad, el plan no duró lo que el mandato: empezó a aplicarse en el 2017 y concluirá en el 2020. No es casual: la idea es que el plan, de cuatro años de duración, acabe en el primer ejercicio del siguiente mandato. Uno de los apartados que han destacado en la aplicación del plan vigente es el educativo. Un 20% del presupuesto del plan de barrios, 29 millones de euros, se han destinado a esta parcela.
La novedad respecto a la ley de barrios es que en esta ocasión no se ha dedicado el dinero únicamente a inversión en obra, que también. 

Doble objetivo

El concejal de Presidencia, Presupuesto y Plan de barrios, Jordi Martí, que como gerente ya tuteló de cerca el programa en el mandato anterior, lo explica así: «La ley de barrios era inversión, era piedra. Equipamientos para el barrio más vulnerable de un municipio. El plan de barrios de Barcelona contiene además una gran parte de actividad, de meter en recursos en promoción económica, formación ocupacional, de recuperar memorias olvidadas, dar apoyo a las entidades, al deporte. De todo esto lo que más nuevo es el ámbito educativo. En términos de desigualdad, siempre hemos situado la educación en el frontispicio, es el ascensor social».

Por eso, prosigue, en algunas zonas se centralizó la iniciativa en arreglar edificios, pero en otras se repararon vacíos de un tipo distinto. Los 29 millones del plan que han acabado en el cajón de la educación han tenido cuatro fines: la mejora de las infraestructuras, la ampliación de los equipos educativos con nuevos perfiles sociales, el uso de las artes como herramienta educativa y la mejora de la oferta educativa fuera de la escuela.

Instituto escuela

 De los 29 millones, 18,5 se han invertido en equipamientos, como el Instituto Rambla Prim, el Rubió i Tudurí y el Institut Escola de Trinitat Nova, un nuevo centro que toma el relevo de tres anteriores y que presenta una característica que Martí esgrime como la razón por la que el consistorio defiende los institutos escuela: el salto de sexto de primaria a primero de ESO se produce con el mismo equipo de profesores, lo que ayuda a minimizar el abandono escolar, un mal que abunda más  en los barrios más vulnerables.

Entre lo más innovador figura lo que Martí define como la voluntad de «enriquecer» la oferta educativa, no poniendo más maestros a disposición de los centros, «eso ya lo hace el sistema», sino aportando 14 técnicos de integración social, tres psicólogos y psicopedagogos, 20 educadores sociales, 17 especialista en atención emocional, dos técnicos en dinamización audiovisual y cuatro técnicos en audición y lenguaje. «Se ve poco, pero hay más de 60 nuevos profesionales que han llegado con el plan de barrios a 39 centros».  

También se ha incluido el uso de las artes como herramienta educativa. Por un lado se acuñó el Educarts en Nou Barris, con casi 500.000 euros de presupuesto. Un total de 1.482 alumnos se han beneficiado del programa, que se compone de talleres de música, teatro, danza como herramientas socioeducativas. Otros 3.000 alumnos de 31 centros, en este caso de todos los barrios en los que ha operado el plan, han participado del programa Caixa d’eines -650.000 euros de presupuesto-, mediante el que se han asociado determinadas artes a colegios en función de cuál parecía la más adecuada en cada caso. 

Un último apartado es el de la inversión en facultar de esplais a los barrios que no tienen, fomentando así una oferta educativa fuera del colegio que se ha concretado gracias a la puesta en marcha del programa Baobab (890.000 euros) por el que se han fomentado las actividades de fin de semana y los campamentos urbanos en agosto.

Hacia una medida de ámbito metropolitano

Cuenta el concejal Jordi Martí que el gobierno de Ada Colau ha detectado que gracias a una serie de medidas del consistorio la ciudad ha visto como se reducía en parte la desigualdad. En concreto, cita el propio plan de barrios, las ayudas para hijos de 0 a 16 años y el B-MINCOME, la prueba piloto de una ayuda económica de la que se hizo balance hace unos días: la han recibido 952 familias durante dos años.

Martí afirma que esta mejora de la situación ha conllevado que la ciudad se diferencie un tanto de la situación que vive el resto del área metropolitana, en la que la desigualdad no ha menguado de la misma manera. Por ello, el concejal considera que tendrían todo el sentido un plan de barrios metropolitano. Ello conllevaría una apuesta de los 36 municipios afectados.

La iniciativa, subraya Martí, conviviría con el propio plan de barrios de Barcelona, que seguiría existiendo de forma autónoma. El próximo plan, el segundo de Colau, tendría también una duración de cuatro año, del 2021 al 2024, el primer año del próximo mandato. Será interesante asistir a cómo los dos socios del gobierno, Barcelona en Comú y el PSC, hacen frente común para el próximo plan de barrios. Porque el todavía vigente fue motivo de una agria controversia entre los socios cuando ya no lo eran, cuando la alcaldesa echó a los socialistas por su apoyo a la aplicación del 155 en Catalunya, previa consulta entre la militancia de los ‘comuns’. El PSC acusó al gobierno de no haber logrado un cumplimiento suficiente de lo programado en el plan, y Barcelona en Comú lo negó. El desencuentro se zanjó al iniciarse el presente mandato, cuando volvieron a ser socios de gobierno.