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PROYECTO SOCIAL DE REFERENCIA

Mescladís: un futuro a fuego lento

La entidad abre un restaurante-escuela en el Eixample para formar laboralmente a chicos en riesgo de exclusión

El espacio ofrece la oportunidad de hacer prácticas en la propia escuela a personas en situación irregular

Helena López

Alumnos de la escuela de cocina de Mescladís en el nuevo local.

Alumnos de la escuela de cocina de Mescladís en el nuevo local. / MAITE CRUZ

A primera vista parece un coqueto restaurante de aire modernillo más. Con sus sillas de distintos colores y formas, su bonito suelo hidráulico y una cuidada carta en la que destacan los productos ecológicos, éticos y de proximidad. Pero el flamante Mescladís, en el 122 de Borrell, no es solo un lugar agradable en el que comer bien, que también (pueden añadirlo a su mapa gastronómico, tienen menú de mediodía y de noche). "Cuando estás allí dentro te dices que eres tonto, que nunca llegarás a España navegando en eso. Pero no hay marcha atrás", dice Biram desde uno de los muchos cuadros que adornan con gusto el espacio, en cuya cocina abierta, al fondo del alargado local, se cuece -perdonen el recurso fácil- su magia. Es miércoles, es casi la una del mediodía, huele que alimenta y una docena de jóvenes de diversos orígenes en cuyos polos negros se lee "alumn@" comen alrededor de una gran mesa de madera rectangular los alimentos que acaban de cocinar. Aquí nadie se va de clase sin comer.

La de Biram no es la única frase que puede leerse en las paredes de este restaurante-escuela que subió la persiana hace pocas semanas en el Eixample izquierdo, cuyos ingresos se reinvierten en un 100% en su reconocido proyecto social. No es casualidad: la sensibilización es una de las líneas de trabajo de Mescladís, la piedra angular de cuyo proyecto es el programa 'Cuinant oportunitats' -en el que participan los chicos que ahora degustan sus creaciones-, que en sus 15 años de historia ha formado a 900 personas, con un ratio de empleabilidad del 30%. El restaurante-escuela es nuevo, pero la escuela, antes sin un restaurante en el mismo espacio, es ya un recurso de formación profesional y de inserción laboral para chicos vulnerables de referencia en la ciudad.

Historias que cruzan fronteras 

En el comedor principal del nuevo restaurante, un mosaico con algunas de las páginas de la novela gráfica 'Un regalo para Kushbu, historias que cruzan fronteras', editada "para poner nombre y rostro a los que buscan refugio en nuestro país". "Las leyes de extranjería fortalecen a las mafias", reza una de las viñetas colgadas en el salón principal.

Alumnos del proyecto 'Cuinant oportunitats' en la nueva escuela. / maite cruz

La necesidad de abrir este espacio surgió tras ver que la terraza en el Pou de la Figuera -la principal fuente de ingresos del proyecto- corría peligro. Era una concesión municipal, el ayuntamiento la sacó a concurso y perdieron frente a una empresa privada, con ánimo de lucro. Pese a que todavía no han abandonado las negociaciones para permanecer en la terraza de Ciutat Vella -símbolo de su proyecto-, verse sin ella les hizo repensar su proyecto y vieron la necesidad de asegurarse otra fuente de ingresos. "Ahora estamos mucho más tranquilos. Aquí tenemos un contrato de 15 años y una propiedad sensible, que optó por nuestro proyecto pese a tener ofertas económicamente mejores", señala Martín Habiague, fundador y director de la entidad, que trabaja con personas derivadas desde los servicios sociales hasta Cáritas.

"El restaurante nos permite romper con la estacionalidad de la terraza y ofrecer más oportunidades de inclusión y maximizar el impacto social", prosigue Habiague, quien destaca que el hecho de que los chicos se estén formando allí ofrece también otra mirada sobre ellos. "Se hace evidente, porque se pone frente a los ojos del comensal, el esfuerzo que estos chicos están haciendo por salir adelante, por ganarse una oportunidad. Ponemos a la vista de todos las entrañas del proyecto, lo que estos chicos están peleando", reflexiona.

Mientras el punto fuerte de la terraza en el Pou de la Figuera, justo al lado del 'casal de barri', en cuya gestión participan, era la proximidad con las personas para que trabajan, sus impulsores quieren que la nueva ubicación les sirva para pasar de ser solo un referente social para ser también un referente gastronómico, y que las personas que tengan en su currículo que han sido formadas en hostelería en Mescladís encuentren una oportunidad laboral lo antes (y mejor) posible.

A perro flaco...

Uno de los principales problemas que se encuentran en Mescladís, como en muchas de las entidades que se dejan la piel por ayudar a esta personas a tener una oportunidad es que a las personas en situación irregular la ley les niega incluso hacer prácticas en empresas, con lo que, por mucho que se formen, es imposible que den el salto al mercado laboral sin una primera oportunidad en forma de 'stage'. Disponer del restaurante en la propia escuela abre una brecha y les permite sortear esa dificultad añadida, ya que pueden hacer las prácticas en la propia escuela, obteniendo así un contrato que les permita tramitar la documentación para poder acceder a un puesto de trabajo en el mercado ordinario, el objetivo final.

José Roldán, director de formación e inserción del Casal dels Infants, señala que los dos grandes 'handicaps' con los que topan los chicos sin documentación son la lengua y la imposibilidad de poder participar en las "experiencias en empresas" para "enamorar" -así lo llaman ellos- a los responsables de estas, para que les den, al fin, una oportunidad laboral que les facilite, además de unos ingresos, regularizar su situación administrativa.

"El idioma es la base para la socialización y para encontrar trabajo, y pese a que hay muchas entidades que ofrecen cursos, todavía es insuficiente", apunta Roldán. Pese a todas las dificultades, el responsable del Casal explica con orgullo -cada una es una muy peleada victoria- que durante este 2019 han logrado 14 modificaciones. Es decir, que 14 personas con permiso de residencia pasen a tener también permiso de trabajo después de realizar prácticas en empresas (que la ley niega a los que no tienen ni el primero).