Ir a contenido

ESPACIO DE REFERENCIA AMENAZADO

Colau también gentrifica

Ciutat Vella quita la concesión de una terraza en el Pou de la Figuera a la fundación Mescladís y se la da a un empresario sin un proyecto social conocido

El distrito sacó a concurso la golosa cafetería de propiedad municipal sin blindar que su gestión estuviera ligada a una iniciativa de economía social y solidaria

Helena López

Equipo humano del Espai Mescladís el pasado mes de marzo.

Equipo humano del Espai Mescladís el pasado mes de marzo. / MARTÍ FRADERA

Hay una frase que a los dirigentes comuns les encanta repetir. "No olvidemos nunca quiénes somos, de dónde venimos y para qué estamos aquí". Lo que parecía improbable remitiéndose a ese "de dónde venimos" era que estuvieran aquí para borrar del mapa proyectos transformadores y comunitarios como el Espai Mescladís; esa bonita terraza en un extremo de la plaza del Pou de la Figuera desde la que cada día se reivindica el derecho a migrar. No estaban aquí para eso pero, si no hay un giro inesperado de guión, eso es lo que está a punto de ocurrir. Y no se trata solo de quitarle la gestión de esta cotizada cafetería municipal -recomendada en todas las guías de la ciudad por su "autenticidad" - a una fundación de referencia en la inclusión social y laboral, sino de dejarla en manos del libre mercado. El distrito de Ciutat Vella sacó a concurso la concesión como si se tratara de un chiringuito cualquiera y la perdieron.

El Espai Mescladís nació en el 2010 como un proyecto piloto. El objetivo era dar la gestión del bar de la recién abierta plaza a un proyecto social. La fundación llevaba cinco años trabajando en el barrio formando a chicos migrantes sin red como camareros y cocineros en su singular escuela de restauración e impulsando iniciativas culturales, y desde Parcs i Jardins se les brindó la oportunidad. Acogieron la propuesta con ganas. Tantas que levantaron de la nada el espacio de referencia -también por su oferta gastronómica- que es hoy. Los ingresos de la cafetería -muchos, al estar situados en el corazón del gentrificado barrio de Sant Pere, Santa Caterina i La Ribera- se destinan íntegramente a generar oportunidades de formación y acompañamiento en el mercado laboral a personas con especiales dificultades para acceder a un puesto de trabajo, como los menores no acompañados que hacen vida en la plaza.

"Pecamos de sinceridad"

La gestión de esta cálida terraza pasó de Parcs i Jardins al distrito de Ciutat Vella, que juzgó imprescindible sacar a concurso la concesión (el proyecto piloto inicial era por cuatro años). "Es un problema de concepción. Se llenan la boca hablando de la economía social y solidaria, y en vez de apostar por el proyecto piloto inicial que se demostró que había tenido un gran éxito, nos pusieron en el libre mercado puro y duro, y perdimos", denuncia Martín Habiague, director de Mescladís. "Nosotros no somos expertos en rellenar formularios. Perdimos el concurso porque pecamos de sinceridad", prosigue. De sus 14 empleados, 12 tienen contratos de inserción. Entre ellos Soly, el gerente coordinador, cuyo dura y doble experiencia migratoria está inmortalizada en la preciosa novela gráfica Un regalo para Kushbu (Astiberri), igual que la de Ilyas, joven de origen marroquí, que también forma parte de la plantilla. "Doce de 14 no son el 100% así que no marcamos la casilla del 100% de contratos de integración, una de cláusulas sociales de lavado de cara que el ayuntamiento introdujo en el concurso y que, perversiones del sistema, nos hizo perder el concurso", explica el padre de la fundación. 

"El distrito podría haber rectificado. Lo peor no es la torpeza inicial, sino que después no tuvieran el coraje político de asumir el error y corregirlo"

Martín Habiague

Director de Mescladís

Tras recibir la noticia de que habían perdido el concurso, en noviembre de 2017, Mescladís inició una campaña de recogida de apoyos. En pocos días reunieron más de 7.000, que en su opinión tendrían que haber hecgo cambiard e opinión al gobierno de Ada Colau. "Ahí el distrito podía haber rectificado. Una cosa es la torpeza inicial en la redacción del concurso, pero lo que nos sienta peor es que después no tuvieran el coraje político de asumir el error y rectificar", señala enfadado Habiague. Presentaron entonces alegaciones al concurso que fueron desestimadas. No se rindieron y presentaron un recurso de alzada, que también lo fue. En agosto del 2018 recibieron una carta de Parcs i Jardins de que en 15 días tenían que irse. Acudieron al Tribunal Català de Contractes del Sector Públic, y ganaron tiempo, ya que se congeló el desahucio. Este mes el tribunal ha respondido que no tiene competencia sobre el asunto, así que la derrota vuelve a ser efectiva, y están a la espera de una nueva carta que les vuelva a dar 15 días para marcharse, aunque no se rinden. "Seguiremos pleiteando en la justicia porque, aún con sus normas, nos sabemos ganadores", advierten.

Desde el autogestionado Casal de barri Pou de la Figuera cierran filas en su defensa. "Nos cuesta mucho entender como en las condiciones iniciales del concurso se permitió la participación de empresas sin una vertiente social conocida", señalan en una carta que enviaron a la concejala Gala Pin en la que subrayan que la expulsión del Espai Mescladís debilitaría el tejido social y comunitario del barrio.    

Tras el último revés burocrático, Mescladís pidió una nueva reunión con la concejala, que se cerró sin ningún compromiso. "Esto va más allá de Mescladís. Se trata de un modelo de ciudad", critica el activista por los derechos humanos y director del espacio, quien tiene claro que si tienen que morir no lo van a hacer en silencio.

Acción contra el racismo impulsada por Mescladís en el 2012 / ferran nadeu

Tampoco callaron en el 2012, cuando el anterior equipo de gobierno les hizo borrar la reivindicación "Stop redadas" del proyecto Escolta'm, una imponente intervención artística con la que forraron el Pou en la que se mostraban las inquietudes de los chicos y las chicas del barrio junto a grandes fotografías del fotógrafo Joan Tomàs. Los chavales sentían el acoso policial con criterios raciales como su mayor preocupación, y así lo reflejaron en la obra, que no gustó ni al tejido comercial que llevaba tiempo pidiendo más presencia policial ni al consistorio, que les hizo borrar las alusiones a las identificaciones.

Historia de un agujero

La historia -y la importancia- del Espai Mescladís no se entiende sin la historia de la plaza. "El Forat de la Vergonya es una hermosa plaza, con una larga historia de lucha vecinal y gran colorido y diversidad. Si algún desprevenido pasa por ahí y se sorprende gratamente al encontrar una plaza en Barcelona con una canchita de futbol, otra de baloncesto, un escenario, un huerto urbano y explanadas de tierra que se ríen de esos grandes playones de cemento que cubren la mayoría de las otras plazas de la ciudad; que le de las gracias a los vecinos del barrio que tanto lucharon para que este sea el centro neurálgico de la vida comunitaria de un barrio que sigue siendo obrero y popular", definen en el blog de Diálogos Migrantes, otro de los proyectos de sensibilización impulados desde Mescladís.

Temas: Inmigración