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Santa Coloma marida músculos y libros

La Biblioteca Singuerlín acoge el sábado un torneo abierto de lucha de brazos o, como prefiere la RAE, de pulsear

Carles Cols

Sonia Miras y, a la derecha, Desiré Aliaga, pulseando, según la RAE.

Sonia Miras y, a la derecha, Desiré Aliaga, pulseando, según la RAE. / DANNY CAMINAL

Algunos de los brazos más formidables del ‘arm wrestling’ o, como más finolis lo dice la RAE, del pulsear, tienen una cita el próximo sábado en la Biblioteca Singuerlín de Santa Coloma de Gramenet. Sí, han leído bien, lucha de brazos en una biblioteca. La ciudad que creció al este del Besòs tiene una red de bibliotecas sorprendente. En la del barrio del Fondo, consagrada a las artes culinarias, hay una cocina que haría salivar a Ratatouille, y la de Can Peixauet, otra que tal, despunta por su colección de literatura china en chino por volumen algo tal vez sin igual en estas latitudes. Que en Singuerlín, sábado a las cuatro de la tarde, se vaya a dirimir en un torneo abierto cuáles son las mejores diestras y siniestras allí presentes, con brazos procedentes hasta de Kazajastán e Irán, hasta parece natural visto desde esta perspectiva. Es lo dicho, un ‘open’, o sea, un torneo abierto a cualquier insensato de cualquier edad y sexo que desee participar, pero conviene, antes de proseguir, hacer una advertencia muy seria: solo tenemos un húmero en cada brazo y no se venden recambios. El pulsear no es algo que tomarse a la ligera.

La singularidad de este deporte es que uno puede inscribir por separado sus dos brazos y, como el gran Saginashvili, llevarse a casa dos trofeos

El combate es el pulso de toda la vida, que por darle más empaque se conoce ahora como lucha de brazos, definición que, tras una charla con Sonia Miras, 39 años, subcampeona del mundo y colomense, y con su aventajada alumna Desiré Aliaga, 15 años y que derrotó en fila india a 50 compañeros de su instituto en L’Hospitalet de Llogregat, no le hace suficiente justicia a la cosa. En la lucha de brazos intervienen, por supuesto, todos y cada uno de los músculos que caben entre el hombro y la punta de los dedos, pero también participa el resto del cuerpo. Esto del pulsear es en realidad una danza de palancas y ángulos en la que colabora hasta el dedo gordo del pie. Es un deporte y, escuchadas con atención las explicaciones de Miras y Aliaga, es sobre todo un grandísimo desconocido.

Para empezar, lo más insólito. Por muy lógico que sea, en los campeonatos, los deportistas pueden inscribir su brazo derecho o su brazo izquierdo, como si fueran de personas distintas, o apuntarlos a ambos por separado. El sábado, como atracción indiscutible, estará presente en la sala el actual campeón del mundo de esta disciplina, el georgiano Levan Saginashvili, una suerte de Sansón de pelo corto, con dos brazos como dos vigas. Su caso tiene su qué. Es campeón del mundo con la derecha y con la izquierda. Miras, por ejemplo, perdió la última final mundial contra la sueca Fia Reisek, así que es subcampeona planetaria con la diestra, mientras que con la mano izquierda quedó en quinto lugar.

Su mayor mérito puede que sea, sin embargo, haber abierto las puertas de este deporte a las mujeres en el 2004. A mediados de aquel año quiso competir en un torneo local y le respondieron que era solo para hombres. Le echó un pulso a la federación y a finales de ese mismo 2004 ya pudo participar. Quedó primera.

La sala de entreno de Sonia Miras se cierra bajo llave, porque esta es una disciplia en la que los húmetos crujen. Literalmente

Parece fácil, pero la lucha de brazos no consiste solo en plantar el codo en la mesa. La cita con Miras para conocer los arcanos de esta disciplina deportiva es en el gimnasio de Santa Coloma de Gramenet donde entrenan parte de los 40 federados del área de Barcelona. Es un gimnasio como uno imagina un gimnasio. Los usuarios corren en las cintas. La zona de las pesas dispone de su narcisista espejo para ver los progresos de tanto esfuerzo. Lo natural sería pensar que la mesa de pulsos está por ahí, que no se ve entre tanto aparato, pero que ahí está, como un instrumento más de musculación. “¡Qué dices, insensato!”, responde con la mirada la subcampeona del mundo. Está en un cuarto bajo llave. Solo es una mesa con dos asideros y unas almohadillas, pero la lucha de brazos es un deporte de altísimo riesgo, no solo por eventuales tendinitis, contracturas y distensiones musculares. Los húmeros crujen de vez en cuando en entreno y competición. Los duelos suelen ser muy breves. Dura más la preparación que el combate. En dos segundos el puño del perdedor puede tocar ya la almohadilla. La victoria pasa por doblegar la resistencia del rival. A veces, lo de doblegar es literal. ¡Ay! Lo inusual son los combates largos. El récord, parece, son los ocho minutos que empleó el suizo Pascal Girard contra su contrincante. Es lo que tarda la luz del Sol en llegar a la Tierra, que si en términos siderales no es poca cosa, en una mesa de lucha de brazos es una eternidad.

Nos vemos en Singuerlín.

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