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BARCELONEANDO

'El Víbora', del arroyo al museo

Toni Guiral ha comisariado, con su eficacia y buen ojo habituales, una exposición conmemorativa en el MNAC del que fue el estandarte del tebeo 'underground'

Ramón de España

Viñetas de ’El Víbora’ en una de las salas de exposiciones del MNAC, la semana pasada.

Viñetas de ’El Víbora’ en una de las salas de exposiciones del MNAC, la semana pasada. / RICARD CUGAT

Las piltrafas del arroyo -término muy utilizado en las aventuras delirantes de Makoki y su pandilla de tarados- se han instalado en el MNAC gracias a la buena disposición de su director, Pepe Serra (tres hurras por él). Para celebrar el 40 aniversario de la revista de comics 'El Víbora', Toni Guiral ha comisariado, con su eficacia y buen ojo habituales, una exposición conmemorativa de la que fue el estandarte del tebeo 'underground' en España durante la década prodigiosa de los 80, cuando parecía que los cómics entraban definitivamente en un canon cultural que hasta entonces se les había mostrado esquivo. Bienvenido sea el homenaje, aunque sea con un pequeño adelanto (el primer número de 'El Víbora' salió en diciembre de 1979 con fecha de enero de 1980).

Empezar en el arroyo y acabar en el museo es algo que pasa con cierta frecuencia: pensemos en los difuntos Basquiat y Haring, sin ir más lejos. Pasado un cierto tiempo, la sociedad absorbe todo lo que en su momento le pareció ofensivo, provocador y de mal gusto y le abre las puertas de sus pinacotecas. En otro orden de cosas, también los Sex Pistols eran un peligro público en 1977 y ahora son un pilar de la historia de la música popular. La exposición del MNAC permite a los que vivimos la época rememorarla, y a los que aún no habían nacido descubrirla, con su parte buena y su parte no tan buena.

Les pasó a Basquiat y Haring: pasado un tiempo la sociedad absorbe lo que en su momento le pareció ofensivo, provocador y de mal gusto

En 'El Víbora' dibujaban artistas de mucho mérito -Gallardo y Mediavilla, Nazario, Martí o el extrañísimo Calonge, excompañero mío en los Escolapios- y otros -no diré nombres- francamente prescindibles. Yo me pasé un buen tiempo comprándola, hasta que me empezó a cansar un poco esa obsesión constante por el sexo, las drogas y el cutrerío. No fui el único. Por eso sacamos la revista 'Cairo' en 1982 con Joan Navarro, Ignacio Vidal-Folch, Montesol y unos cuantos más, reivindicando a Hergé y a una historieta que fuese más allá de las andanzas de las piltrafas del arroyo. El director de 'El Víbora', el difunto José María Berenguer, no se lo tomó muy bien. De hecho, nos consideraba una pandilla de lechuguinos (o de fachas) que nos burlábamos de su permanente 'walk on the wild side' y su nihilismo de estar por casa. Por no hablar de que le hacíamos la competencia: el bueno de Berenguer siempre fue un hippy con la mirada puesta en la pesetita.

Hay una anécdota que resume muy bien el espíritu de 'El Víbora': un buen día, un trabajador del almacén conocido como 'El Viejo' (nunca supe su auténtico nombre, pero era un tío muy simpático) fue a comisaría a denunciar el robo de su motocicleta y se lo quedaron porque lo andaban buscando por algo relacionado con el trapicheo de drogas. 'El Viejo' llamó a Berenguer para que le trajera a un abogado y aprovechó para pedirle un poco de costo. En el momento de la entrega, desafortunadamente, al 'Viejo' se le escurrió de la mano la piedra de hachís, que fue a aterrizar junto a los pies de un madero. Conclusión: todos para adentro y a llamar a otro abogado que los sacara de allí.

Controlar la desorganización

El principal logro del Berenguer editor -aparte de convencer al viejo Toutain, vecino suyo en La Floresta, para que le adelantara algo de pasta para sacar la revista- fue conseguir controlar, más o menos, a unos dibujantes desorganizados no, lo siguiente. Su principal defecto: tomarse las cosas demasiado en serio. Cuando la célebre (en su momento) polémica entre la línea chunga de 'El Víbora' y la línea clara de 'Cairo', se la tomó como una guerra civil, cuando era más bien un divertimento que nos beneficiaba a todos. Había dibujantes que colaboraban en ambas revistas y el ambiente en general -a no ser que estuviese cerca la prensa- era de una cordialidad absoluta, como se pudo comprobar en la comida que 'El Víbora' y 'Cairo' concelebraron en honor de Fernando Márquez, 'el Zurdo', líder del grupo La Mode y gran lector de cómics, durante una visita a Barcelona.

El tebeo underground ha llegado al museo. A algunos radicales de uno y otro signo les parecerá una vergüenza, pero solo es una consecuencia natural del paso del tiempo.

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