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ESPACIO A DESCUBRIR

Oración entre naranjos

A la capilla de la Misericòrdia, de finales del XIX y estilo neorrománico, se accede por un escondido y bello patio

Natàlia Farré

La capilla de la Misericòrdia vista desde el patio interior, el Jardí dels Tarongers. 

La capilla de la Misericòrdia vista desde el patio interior, el Jardí dels Tarongers.  / DANNY CAMINAL

Todo el mundo quiere la capilla de la Misericòrdia. Iglesia que ha vivido varias vidas y que ha perdido otras tantas. Entre estas últimas, la opción de ser aula magna o rectorado, escuela de oficios y biblioteca del CIDOB. La primera opción se planteó cuando se construyó la nueva Facultat de Geografia i Història de la UB, en la calle de Montalegre, pero se descartó. La segunda fue una propuesta de la Fundació Casa de la Misericòrdia, fundación sin ánimo de lucro a la que pertenecía el espacio hasta el 2006.  Y la última era la intención del ayuntamiento cuando la descatalogó y expropió (la desacralización había llegado mucho antes). Además de ubicar los libros del CIDOB, el consistorio pretendía abrir el patio que esconde en su parte trasera a la plaza de los Àngels.

Pero no pasó nada de esto, pues la capilla sigue en su sitio y en un estado casi ruinoso. Lo que sí hizo el ayuntamiento, en el 2017, es rehabilitar y lavarle la cara al patio, que hasta la expropiación era utilizado por la escuela adyacente y que ahora es para todo el vecindario. Unos fantásticos 1.500 metros cuadrados que son un remanso de paz que atesora naranjos y una fuente. Es el Jardí dels Tarongers, bautizado así porque de patio con apellido cítrico ya hay otro no muy lejos y mucho más conocido.

Las vidas perdidas de la capilla arrancan en 1583, cuando se fundó la Casa de la Misericòrdia, bajo la tutela del Consell de Cent, como asilo para pobres regentado por religiosas. Se instalaron en la vecina Casa dels Àngels hasta que en 1584 se acabó la construcción del recinto que, con los años, fue ocupando, con un conjunto de edificios desiguales, el espacio que marcan las actuales calles de Ramelleres (por aquello de que en ese tramo de ciudad se hacían los ramos que luego se vendían en La Rambla), Elisabets, Montalegre, Valldonzella (las tres vías bautizadas por los conventos que algún día acogieron) y Tallers (ahí se cortaba mucha de la carne que luego se vendía en Barcelona).

Limosnas y plañideras

La mayor decadencia física del recinto se vivió en el siglo XIX, hubo diferentes proyectos para rehabilitarla, y uno de ellos, el de Enric Fatjó i Torras, proyectó la actual capilla en disputa entre 1887 i 1889. Un edificio de estilo neorrománico edificado sobre una planta baja al que se accede desde una gran escalera de piedra que da al Jardí dels Tarongers. Y una capilla que, hasta 1950, atesoraba un lienzo de la Purísima Concepción atribuido a Manuel Tramulles. Pero el espacio no partió de cero sino que se erigió sobre la capilla de las monjas del convento de las Hermanas Terciarias que se había construido en 1699. Y que nada tiene que ver con la otra capilla del conjunto, la que tenía su acceso por la calle de Elisabets y que ahora ocupa una librería.

Con todo, los elementos más curiosos de todos los edificios que formaron la Casa de la Misericòrdia son dos pequeñas aperturas que aún pueden verse en lo que ahora son dependencias de la sede del distrito de Ciutat Vella y años ha fue hospicio de la Casa de la Caritat. El orificio más grande servía para abandonar a los bebés de forma anónima; cuando alguien quería desprenderse de una criatura lo dejaba en el agujero que era un torno que giraba e introducía al pequeño dentro del orfanato. La apertura más pequeña se utilizaba tanto para mirar como para recibir limosnas, principal sustento de las monjas junto con el de suministrar plañideras para los entierros