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BARCELONEANDO

Los fuegos de siempre

Lo que ha hecho la derecha con Vox es lo que se hace hoy en el mundo de la empresa: externalizar

Sant Roc es el barrio de Badalona donde García Albiol hizo famosa su campaña xenófoba

Javier Pérez Andújar

Vecinos de Badalona, ante el edificio incendiado en Sant Roc. 

Vecinos de Badalona, ante el edificio incendiado en Sant Roc.  / FERRAN NADEU

Ahora la culpa la tienen los okupas, o los ocupas (tampoco es lo mismo beber whisky que beber güisqui). García Albiol, el hombre que pudo reinar, dice que va a poner una querella. Xavier García Albiol fue alcalde de Badalona un rato, pero los otros partidos lo defenestraron con esa indignación burguesa que se ve en los tebeos de Astérix. Los convergentes se habían abstenido antes para que Albiol obtuviese la alcaldía, sin embargo, se conoce que se arrepintieron. Toda la historia de Convergència es un arrepentimiento interminable, desde su origen. Claro, motivos no les faltan. Después, Albiol estuvo de jefe de los populares en el Parlament de Catalunya. A su predecesora, Alicia Sánchez Camacho, se la había llevado un micro entre las flores sobre una mesa con cubertería cursi. Ya lo dijo Descartes en el discurso del Método 3: grabo, luego ya no existes.

Las cosas que se le ocurren siempre a García Albiol se parecen mucho a las que se sueltan en Vox (se diría que es un político que piensa en Vox alta), y por eso su partido lo prefiere confinado en Badalona. Una ciudad de más de 217.000 habitantes, y llena de pobres hasta los topes como solo pueden ser grandes las ciudades, hecha de una inmigración que en 100 años no ha dejado de llegar oleada tras oleada, desde Murcia (aún quedan cerca de la playa sus casas centenarias), desde Pakistán, desde la provincia china de Zhejiang (ahí están, cortando el bacalao en el polígono más grande de Badalona). Lo que al final ha hecho la derecha con Vox es lo que se hace hoy en el mundo de la empresa: externalizar. La gran derecha ha dado afuera su extrema derecha para suprimir riesgos, rebajar costes y obtener mayor beneficio. Pero Albiol tiene contrato fijo. Y su plaza se llama, por supuesto, Badalona. Según como se la mire, la antimateria de Barcelona. Y contemplada desde la furgoneta de reparto de un tipo cansado que aún huele a birra y a chupa de cuero, con los Suaves a toda castaña: una ciudad llamada perdición.

De cuando Albiol se jactaba de limpiar Badalona / ALBERT BERTRAN

Albiol es muy alto, como los bloques de Llefià, un alto de barrio que llama a las cosas por su nombre. No es que se equivoque de nombre, es que engaña con el posesivo, con el “su”, pues se refiere al suyo y no al de las cosas. Durante la campaña electoral que le dio la alcaldía en 2011, se paseaba por Sant Roc prometiendo mano dura y repartiendo folletos que llevaban impresa en trágico fondo negro la frase “¿Tu barrio es seguro?”, y sobre ella la foto de dos mujeres pobres con chándal y pañuelo en la cabeza. Albiol, que es de la época en que la gente de barrio se llamaba, nos llamábamos, Xavi, Javi..., llevó aquella campaña señalando a las personas ante sus vecinos, acusando a los “gitanos rumanos, que han venido exclusivamente a delinquir... y que se aprovechan de las ayudas sociales”. Sant Roc es el barrio donde hizo famosa su campaña xenófoba y es también el barrio donde la pasada víspera de Reyes se incendió un castigado bloque de viviendas. Murieron tres personas y hubo una treintena de heridos. Albiol quiere volver a ser alcalde y ha regresado al avispero, al ojo del huracán de la injusticia, para decir que va a ponerles una querella criminal a quienes ocupaban ilegalmente el piso donde empezó el fuego. Tenían pinchada la luz eléctrica.

¿Alguien se acuerda de Fondo?

Vi la fachada negra de tizne, las ventanas quemadas, la cinta de plástico de los Mossos cortando la acera..., cuando iba con mi madre al día siguiente a comprar el roscón de Reyes. Aún no habían bajado a la calle los niños del barrio para estrenar los juguetes, pero ya había uno debajo de la autopista a toda leche con su flamante moto eléctrica. Los niños aman la velocidad porque su tiempo es inmenso. De las porterías contiguas, a ambos lados de la finca que ardió, salían los vecinos a sus cosas sin siquiera girarse, sin volverse a mirar. De sobras sabían lo que les había ocurrido. Siempre le pasa lo mismo a los mismos. No es una ley cósmica sino económica. ¿Se acuerdan de la fuga de gas del barrio de Fondo, en Santa Coloma? Eran unas obras de la compañía y también sucedió por estas fechas, el 12 de enero de 2006. Aún seguían los papanoeles del todo a cien colgando en los balcones cuando todo saltó por los aires. Hubo dos muertos. Tuvieron que derribar el bloque, quedó el solar y ahora hay un bloque nuevo en su lugar. El barrio es el mismo. ¿Cómo es posible que todo cambie tanto, que las personas sean otras y las cosas que pasan siempre sean las mismas?

Mano dura contra los bloques en llamas. Los vecinos descolgándose por las ventanas y los bomberos colgados sin recursos. Un barrio con cientos de familias metidas a ocupas porque estar vivo es lo más parecido a vivir. Un tipo alto, que cree que el racismo es llamar a las cosas por su nombre, sueña con ser otra vez alcalde. La cuarta ciudad más poblada de Catalunya sintiéndose como un enfermo de elefantiasis que no quiere ver cómo crecen sus miembros, que pudiendo ser Hulk, la Masa, vive en la autocompasión como Bruce Banner. Marginación es una palabra tabú. Mano dura, tra tra.