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Cuaderno de gastronomía y vinos

Distintos métodos para saber de vinos

En estas fiestas el vino se transforma en regalo y en placer a compartir y hay que elegirlo con criterio

Miquel Sen

 Faustino Munoz, con sus vinos en el Colmado Quílez.

 Faustino Munoz, con sus vinos en el Colmado Quílez. / Juan Camilo Moreno

Dentro del microclima navideño, rico en regalos, el vino tiene buen protagonismo. Es un halago para el que lo recibe y una jugada pícara para el que lo regala, pensando en la perspectiva de descorcharlo como mínimo a dúo.
 
Pero acertar no es fácil. Las guías, con sus puntuaciones y precios, permiten una primera aproximación. Lo malo de este tipo de libros es que no están todos los que son, muchas veces porque determinadas bodegas no quieren participar. Aún así son un punto de apoyo, como en las revistas especializadas.

Otra opción es atender a los grandes gurús de la cata y aquí también nos encontramos con las dos caras de la moneda. De algunos se duda, simplemente, de su honestidad, en otros descubrimos que tienen un listón de medida muy personal, marcado por un paladar que no acaba de ser el nuestro. Ser una súper catadora como Jancis Robinson, a mi juicio la mejor intérprete de este mundo complejo, no es nada fácil.

Buscar un consejero

Queda un truco que puede fallar como escopeta de feria consistente en decirse: si la botella es cara y se habla mucho de la etiqueta, es bueno. Puede ser, pero también es cierto que por la misma pasta podemos beber cosas mejores. La conclusión nos lleva a precisar de un consejero y guía espiritual, de un entendido que reine en una tienda báquica. 

Es el caso de Faustino Muñoz, el capo del Colmado Quílez. Lo de capo lo digo porque manda entre vinos y destilados. Sus 42 años de experiencia en esta casa merecn éste y otros títulos. Con él estamos de acuerdo en lo bien que elabora Juvé & Camps. A los dos nos gusta un tinto de tronío, el Graciano ecológico de Castillo de Sajazarra.

Cuando le pregunto sobre tres vinos concretos, milagro, seguimos en el mismo estado de placentera amistad. A 18,90€ recomienda Furvus, del Montsant, un súper tinto que elabora Vinyes Domènech. Sobre los 30€ me descoloca mostrándome Las Terrasses, de Álvaro Palacios, perfecto en cuanto a calidad y con glamour de gran regalo. Rondando los 40€ su consejo va a misa de gallo: 904 de Rioja Alta. Un clásico de mucho respeto. Seguir sus sugerencias nos hace a todos saber de vinos.

Aires de Garbet, un Empordà por 41 €

Delfí Sanahuja, el enólogo de Bodega Perelada, afirma con acierto que si existe una variedad típica del Empordà, es la garnatxa. Plantada en una finca próxima al mar, en suelos pizarrosos, estas viñas siempre han dado tintos poderosos, muy complejos. Solo necesitaban la sabiduría de un experto para convertirse en vinos de culto. 

Con garnatxa 100% Delfí Sanahuja realiza una vinificación larga, en la que busca el color realizando dos remontados diarios manuales. Otro acierto consiste en no darle excesivo gusto de madera. Lo logra dejándolo 15 meses en barrica bordelesa de roble francés, pero de segundo año, es decir sin la potencia de la nueva que podría enmascarar sus principales virtudes: el toque fresco en boca, intenso y el perfil equilibrado.

Temas: Restaurantes