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MENORES EN RIESGO

La Generalitat sabe desde hace semanas que en Montjuïc hay niños migrantes

Elisenda Colell

Menores inmigrantes en un campamento que han construido en Montjuïc.

Menores inmigrantes en un campamento que han construido en Montjuïc. / ELISENDA COLELL

El martes 18 de diciembre este diario pudo comprobar cómo al menos ocho menores migrantes vivían en una chabola que ellos mismos habían montado en la montaña de Montjuïc de Barcelona. Ellos afirmaban que hacía tres meses que dormían en estas condiciones. Sin embargo, ese campamento de menores no es el único que ha existido en la montaña. Se han detectado dos más desde este verano, como mínimo. Y, según fuentes que trabajan para la inserción de estos menores que tienen información de primera mano, la Generalitat sabía que había menores en esta zona.

Profesionales de la DGAIA recibieron un mapa hace unas semanas en el que se contabilizaba la presencia de estos niños en la montaña y sus inmediaciones. La ley catalana de derechos y oportunidades de la infancia, así como los derechos del niño a nivel internacional, dejan claro que los menores de 18 años deben tener acceso a una vivienda. Si no lo garantizan los padres, tiene que ser la Administración quien se encargue.

Todos estos niños y adolescentes que viven en las calles de Barcelona y en la montaña de Montjuïc han sido identificados y detectados. Primero por los profesionales del Servei d’Inserció Social (SIS), que a su vez, cuando ven presuntos menores pernoctando o en situación de vivir en calle, alertan al equipo especializado de SDI MENA (Servei de Detecció i Intervenció de Menors Estrangers No Acompanyats). Estos educadores están obligados a documentar todos los pasos que hacen en la ciudad, así como las conversaciones e intervenciones que mantienen con estos menores.

La Direcció General d’Atenció a la Infància recibió un informe que, entre otros datos, contenía un mapa. Y en ese mapa constaban todos los menores migrantes sin padres ni adultos de referencia en Catalunya con los que se habían cruzado estos educadores de la calle por toda la ciudad. Entre otros distritos constan los localizados en la montaña de Montjuïc. No solo se muestra su presencia, sino que en el caso de estos menores acampados, los educadores hacen constar que habrían hablado e interactuado con ellos. De hecho, muchos de estos chicos habrían expresado su nula voluntad de ingresar en centros de la Generalitat y aún menos a ser trasladados a las comisarias de los Mossos d'Esquadra. Una evidencia, la de estos informes, que oficialmente la Conselleria de Afers Socials sigue negando. Fuentes del departamento insisten en que no hay ningún dato relevante que les haya demostrado la existencia de menores en la montaña de Montjuïc.

Estas mismas fuentes solo admiten haber recibido notificaciones y alertas sobre los menores que pernoctan en los alrededores de Sant Pau del Camp. Se trata de una zona del Raval Sud, cercana a la comisaría de Ciutat Vella de los Mossos y a la avenida del Paral·lel, donde duermen y callejean una veintena de menores extranjeros sin referentes familiares. En este espacio saltaron todas las alarmas cuando la noche del 19 de noviembre un menor magrebí fue apuñalado en una pelea multitudinaria. El mismo Govern admite el drama: de la veintena de menores sobre los que se tiene registro en esta zona, solamente tres han accedido a ingresar a centros de menores de la Generalitat. “Nuestro trabajo se basa en intentar convencer a los chicos que deben abandonar la calle e ir a centros de menores, es un trabajo a largo plazo, no podemos traerlos en contra de su voluntad”, apuntan fuentes del Departament d'Afers Socials. El problema es que los del Raval no son los únicos menores que callejean en Barcelona, según reflejan las distintas localizaciones.

Sin embargo, estas últimas semanas el Ayuntamiento de Barcelona y el Govern han pactado un nuevo modelo de intervención de estos jóvenes considerados “refractarios”. Hasta el punto de que un equipo de trabajadores de la Generalitat tendría que dedicarse en exclusiva a intentar acercar estos jóvenes a la red de protección de menores. Este nuevo método, según está previsto, incluye un servicio de psicología itinerante que quiere ayudar al bienestar de los niños para intentar generar vínculos y redes de confianza que los acaben atrayendo a los centros de menores. Lo que ha demostrado la evidencia es que, en muchos casos, los chicos que se niegan a ser ingresados en centros tutelados acaban fugándose a los pocos días de su ingreso.