Ir a contenido

LÍNEA 4

34 grafiteros agreden a viajeros para pintar un metro en Barcelona

Uno de los jóvenes ha rociado con espray la cara de una mujer embarazada

Cada día se producen de media 4 o 5 acciones vandálicas, un fenómeno que cuesta más de 30 millones cada año a las compañías ferroviarias

El Periódico

Un vagón de tren con grafitis que fueron denunciados a los Mossos.

Un vagón de tren con grafitis que fueron denunciados a los Mossos. / MOSSOS D'ESQUADRA

Un grupo de 34 grafiteros se ha enfrentado este domingo de madrugada con los viajeros del metro, que les han afeado que detuvieran la marcha para pintar los vagones. Los hechos han sucedido a las 3.48 horas y tres personas han resultado agredidas, entre ellas una mujer embarazada a quien han rociado con espray en la cara, según ha denunciado en un comunicado Transports Metropolitans de Barcelona (TMB)

El metro no interrumpe su servicio durante la noche del sábado al domingo. Y los grafiteros han escogido esa franja de la madrugada para actuar. Cuando el convoy había entrado en la estación de Maragall, de la línea 4, con enlace a la 5, uno de ellos ha tirado de la anilla del freno de emergencia, lo que ha frenado todo el tren suburbano. A continuación, han comenzado a pintar los vagones. Una acción que les ha valido los reproches de varios de los ciudadanos que viajaban en los mismos vagones que ellos. 

Los grafiteros han reaccionando increpando a estos usuarios. Según TMB, tres de ellos han sido agredidos, con empujones e insultos, entre los que se encuentra la mujer embarazada. Tras el incidente, los grafiteros han huido en dos grupos distintos. Unos han buscado las salidas de la línea 5 y los otros las de la 4. Todos han logrado escapar de los equipos de seguridad privada del Metro, salvo uno, que ha sido retenido hasta la llegada de una patrulla de los Mossos d'Esquadra

Denuncia de TMB

Tras identificar al joven, los policías también le han dejado marchar. Llevaba encima esprais para pintar y una cámara tipo GpPro para grabar la acción. Según TMB, los tres usuarios se sumarán a la denuncia que ya ha presentado la compañía barcelonesa, harta de un fenómeno, el de los grafiteros, que "ha ido a más en los últimos años".  En su comunicado, TMB condena los hechos por "violentos" y brinda su "apoyo" a los afectados. La línea 4 ha estado interrumpida durante algunos minutos y el tren objeto de las pintadas, efectuadas por ambas caras de los vagones, ha sido retirado del servicio. 

Grafiteros de Madrid vandalizan otro tren 

En Madrid, otro grupo de grafiteros pararon sobre las 1.20 horas un tren de la línea 7 del metro en Alcalá de Henares con el mismo propósito: pintarlo. El grupo, integrado por cuatro o cinco personas, realizó una pintada de unos 18 metros en el convoy. Ha sido la cuarta noche consecutiva que se registraban acciones similares. 

El más sonado el ocurrido en Halloween, cuando un grupo obligó a un maquinista de la Línea 12 a desviar un tren a una zona con más luminosidad. El trabajador sufrió una crisis de ansiedad. Ese día también pintaron en la estación de Casa de Campo, donde rocíaron a un vigilante de seguridad que grababa su actuación.

Tanto TMB como Transportes de Madrid han advertido que el fenómeno se está acentuando no solo en número de participantes y acciones sino también en agresividad y violencia que descargan, advierten, "contra cualquier persona que se les interponga, sean viajeros, empleados o vigilantes de seguridad". 

Más de 30 millones anuales 

Un estudio presentado en el 2017 del Observatori del Civisme del Transport Ferroviari, del que forman parte Transports Metropolitans de Barcelona (TMB), Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC), TRAM y Renfe, señalaba ya que el vandalismo grafitero se había convertido en el principal problema de seguridad con crecientes implicaciones sociales, medioambientales, laborales y económicas.

Según este informe, la red ferroviaria sufre diariamente una media de cuatro o cinco acciones vandálicas de este tipo que suponen un coste económico elevado. En total, 62,7 millones de euros entre el 2015 y el 2016. A este coste, concluía, se le debía sumar el impacto medioambiental de los esprais y de los productos químicos que deben usarse para limpiarlos. Y otro detalle no menor, el elevado riesgo de atropello, electrocutamiento o caída de los propios grafiteros, muy jóvenes en su inmensa mayoría. Entre esos dos años del estudio, se efectuaron 1.321 juicios por vandalismo. Por agresiones, 1.068.