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las cifras jamás contadas

La mitad de los pisos turísticos legales de Barcelona están en 374 manos

El inédito censo oficial de apartamentos con licencia revela que los supuestos verdaderos anfitriones no llegan al 35% del total

Carles Cols Josep M. Berengueras

Un grupo de turistas entra en una finca de apartamentos turísticos del Eixample, el pasado agosto.

Un grupo de turistas entra en una finca de apartamentos turísticos del Eixample, el pasado agosto. / JORDI COTRINA

Son las cifras jamás antes publicadas. Son una nueva aproximación al who is who de los pisos turísticos de Barcelona, pero esta vez con datos oficiales y, lo dicho, inéditos. Son oportunos porque esta semana el director general de Airbnb para España y Portugal, Arnau Muñoz, ha insistido en el primer mandamiento de esta empresa, casi un mantra, que el 80% de los llamados anfitriones solo tienen un anuncio en la web. El censo de pisos turísticos del Ayuntamiento de Barcelona (al que ha tenido acceso este diario, que bien sienta a veces decirlo) dice justo lo contrario. Solo un 34,8% de los titulares de una licencia turística tienen solo un piso. Lo más común es que tras un mismo nombre haya cinco o más licencias. 374 personas son dueñas de la mitad de los apartamentos turísticos de la ciudad. El récord de licencias legales lo ostenta alguien que acumula 65, el Bob Beamon de los apartamentos turísticos. Palabras versus cifras.

Airbnb insiste en que el 80% de los anuncios son de auténticos anfitriones. Eso no aguanta ni un asalto ante el censo oficial

Muñoz acudió a un encuentro con emprendedores organizado por el Barcelona Tech City. Riñó a los políticos. Eso no era nuevo. La tesis de esta empresa es que los parlamentos van más lentos de lo que avanza la ciencia y la sociedad. Puso un ejemplo, como mínimo, sorprendente. “Igual pasó con la iluminación de Londres”. O sea, que la conversión de pisos residenciales en apartamentos turísticos es algo que más pronto que tarde se aceptará como las farolas de gas o las bombillas incandescentes.

Presumió de cifras. La comunidad españolal de anfitriones son ya 130.000 personas. “¿Alguna de ellas tiene más de 200 o 500 licencias? Nosotros como plataforma no ponemos restricciones si cumplen las normas, porque al final es el usuario el que elige”.

Dijo más. Invitó a aprender de Portugal, que en la sima de la crisis decidió que el turismo sería su salvavidas. Es cierto que Lisboa quiere ser Barcelona. Lo que no saben ahí por la costa atlántica es que Barcelona no quiere ser ya Barcelona si consiste en esto. El plan de choque contra los apartamentos turísticos que el ayuntamiento puso en marcha en el 2016 es la demostración más clara de ese proceso de rechazo. Antes de aquel plan había varios miles de pisos turísticos ilegales en Barcelona. Hay sospechas fundadas de que eran más de 6.000. Tal vez 9.000. De cada uno de ellos, si recibían visitas, Airbnb se llevaba su porcentaje.

Durante 27 meses de barra libre se tramitaron 13 licencias cada día laborables. Cuando se cerró la ventanilla la suma total eran ya 9.611

Aquella orgía del todo vale ya terminó. Con multas de hasta 60.000 euros, cualquiera. Solo entre el pasado 1 de junio y el 1 de octubre se han cerrado 417. Desde enero del 2016 son ya 2.776 las bajas censadas. A esas cifras habría que añadir a quienes, sin hacer ruido, dejaron de anunciarse a la vista de que la permisividad había llegado a su fin. La teniente de alcalde Janet Sanz reconoce que el contador aún no está a cero, pero asegura que con un par o tres más de años de trabajo del equipo de inspectores podría alcanzarse ese objetivo. Es decir, que el censo de pisos turísticos de la ciudad sea una foto fija de 9.611 licencias.

Un hotel de 59.000 camas

Esa cifra es conocida. El Ayuntamiento de Barcelona decretó un numerus clausus en abril del 2014. La Generalitat había abierto la espita en enero del 2012 al trasponer sin más una norma comunitaria que simplificaba el trámite de adquisición de licencias hasta límites inconcebibles. Bastaba con comunicarlo a las autoridades y pagar 230 euros en impresos. De 3.000 licencias se pasó a 9.611 en solo 27 meses. Cada día laborable se tramitaban 13, que se dice pronto. Sin marcha atrás, Barcelona descubrió tarde que se había abierto en la ciudad el equivalente a un hotel de 59.000 camas, por supuesto repartidas por aquí, allá y acullá. Lo no sabido hasta ahora es cómo se reparten esas licencias. Desde luego, no como sostiene Airbnb.

Tienen cinco o más licencias 374 titulares. Suman 4.642 viviendas. Resulta más transparente dicho de otro modo. El 48% de la oferta de apartamentos turísticos de la ciudad está en manos de 374 personas. Son la antítesis del entrañable anfitrión de los anuncios de Airbnb. Los nombres son confidenciales, por supuesto, pero fuentes municipales reconocen que en su mayoría son inversores extranjeros, no abuelas entrañables que complementan su pensión.

Los hoteleros eran al principio enemigos de los pisos y, de repente, callaron. Según Airbnb, ahora son dueños de muchas licencias

Sobre esta cuestion, quiénes son, el directivo de Airbnb explicó en su encuentro con emprendedores del mundo tecnológico lo que es más que un rumor. Subrayó que entre los dueños de licencias turísticas de Barcelona hay muchos hoteleros. Tal vez esa sea la razón de un hecho que pasó inadvertido. El sector hotelero, a través de sus portavoces, fue durante un tiempo enemigo acérrimo de los apartamentos turísticos. Las hemerotecas están llenas de pruebas de ello. De repente, sin embargo, callaron. No es que la prensa se cansara de publicar aquella queja. Es que no hubo más. Siempre se ha sospechado lo que Muñoz ahora ha dicho. Que como no podían con su enemigo, decidieron unirse a él.

DataHippo

Antes de proseguir, es necesario dejar claras las cuentas. Están, por una parte, esos 4.642 pisos turísticos que están en manos de 374 titulares. Están, como se dijo al principio, quienes solo tienen un piso, 3.350 personas. Por último (estos aún no habían sido citados) están las 657 personas que son titulares de dos a cuatro licencias (1.619 en total), es decir, un 16,8% del censo. Las cifras, es obvio, no encajan milimétricamente con las que hace una semana se ofrecieron en estas mismas páginas, obtenidas de los valiosos datos de DataHippo, en las que se revelaba que el top ten de mayores superafitriones de Airbnb podían ganar 84.500 euros al día. La explicación es simple. DataHippo escanea todos los anuncios, con o sin licencia, incluso tal vez los de quienes teniendo licencia hacen trampas, porque han dividido el piso en varios miniapartamentos. Aquella información ofendió a algunos anfitriones auténticos, de aquellos que dicen que llegan a fin de mes gracias a Airbnb. Las redes sociales sirven a veces para canalizar estas quejas. Aseguraban ahí que esos 10 superanfitriones eran la excepción, que lo más común son quienes subsisten gracias al alquiler sus viviendas a turistas. Las cifras recién salidas del horno municipal lo desmienten. No es por insistir. La mitad del negocio está en solo 374 manos.

Alianzas inesperadas: Apartur aplaude con ganas la campaña municipal de erradicación de pisos sin licencia

Según la teniente de alcalde Sanz, a la vista de la crisis de acceso a la vivienda que padece la ciudad de forma casi crónica, la perspectiva de que algún día vuelva a abrirse la ventanilla de las licencias es más que remota. Bueno, en realidad, para dar una respuesta más precisa, habría que conocer antes las intenciones de cada uno de los alcaldables con opciones de victoria, porque hay quien sostiene, además de Airbnb, que los apartamentos turísticos son un motor económico más de la ciudad. Lo dice, por ejemplo y por razones obvias, Apartur, la asociación que agrupa a los gestores de apartamentos turísticos de la ciudad. Forman parte de ese gremio unas 270 sociedades, que no son propietarias directas de pisos turísticos, sino que los administran. Su presidente, Enrique Alcántara-García, tiene el pundonor, como mínimo, de no presentar esta opción vacacional casi como una oenegé, que es lo que a veces parece que hace Airbnb. Es un negocio, admite. Discrepa con Sanz sobre hasta qué punto incide en el precio de los alquileres en la ciudad. Sostiene que 9.611 licencias no son tantas. En lo que sí coincide con la teniente de alcalde es en la necesidad ineludible de retirar del mercado a quienes operan sin licencia. De hecho, aplaude la eficacia demostrada por el ayuntamiento en esta materia. Las licencias de sus clientes cotizab así al alza. Sobre todo las de esos 374 superanfitriones.