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SUMINISTRO PÚBLICO DE UN SERVICIO ESENCIAL

La eléctrica pública Barcelona Energia se extiende al área metropolitana

AMB inicia los trámites para convertirse en cliente de la recién creada compañía municipal

BE prestará servicio a partir de enero a 20.000 clientes particulares, que podrían ser 25.000 en poco tiempo

Carles Cols

El logotipo de la nueva empresa, BE, proyectado sobre la fachada del ayuntamiento, en julio pasado.

El logotipo de la nueva empresa, BE, proyectado sobre la fachada del ayuntamiento, en julio pasado. / ÁLVARO MONGE

Barcelona Energia (BE) se conectó a la red eléctrica el pasado 1 de julio. Por las fechas prevacacionales y por más circunstancias, aquello tal vez pasó inadvertido, y fue una lástima, porque era un notición. Ese día todos los edificios públicos del Ayuntamiento de Barcelona (administrativos, deportivos, culturales…), las farolas de las calles y los semáforos dejaron de abastecerse de energía a través de las grandes compañías del sector y pasaron a ser clientes de una todavía minúscula nueva empresa eléctrica, cuya principal singularidad es que es pública. A partir de noviembre su nombre comenzará a ser más conocido.

Entonces empezará la campaña de publicidad para captar clientes particulares, de entrada un máximo de 20.000. Pero antes de que eso suceda, BE crecerá este martes (otra noticia que no debería pasar inadvertida) porque el Área Metropolitana de Barcelona (AMB) iniciará los trámites para ser cliente también de la empresa, y con ello, abrirá la puerta a que hagan lo mismo otros 36 municipios. De todos los proyectos que Ada Colau puso sobre la mesa al inicio de su mandato, este estaba en el montón de los que parecían menos factibles, y sin embargo, es de los pocos que ha llegado a la meta sin apenas contratiempos.

Un camino difícil

El obstetra en el parto de Barcelona Energia ha sido estos últimos tres años el concejal Eloi Badia, que es a la par vicepresidente de la cartera de medio ambiente en la AMB. Sí, tres años ha durado el parto. Privatizar el sector público, como bien demostraron Felipe González y José María Aznar, es sencillo y rápido. Se aseguraba que la competencia traería eficacia y precios competitivos. ¡Qué gol! Incluso el anterior alcalde de Barcelona hizo sus pinitos en esta tendencia liberalizadora cuando dejó en manos del sector privado los muy rentables y valiosos aparcamientos públicos de la ciudad. Retornar al sector público un servicio básico, como la luz, no es tán fácil.

La decisión de la AMB de sumarse al proyecto de Barcelona Energia va más allá del hecho de que los edificios metropolitanos se abastezcan en el futuro a través de esta empresa. Tiene una derivada más interesante. La normativa europea impone un límite en el número de clientes particulares que puede tener una compañía de estas características. No pueden representar más de un 20% del volumen total de su negocio. Fue a partir de ese porcentaje que se anunció que BE estará en disposición a partir de enero de prestar servicio a 20.000 clientes. La campaña de inscripción se iniciará en breve. El criterio será principalmente el orden de entrada de las solicitudes.

Golpe a Endesa

Ahora, al extenderse a otros municipios el ámbito de influencia de BE, el volumen de negocio crece, de modo que, según Badia, más pronto que tarde será posible alcanzar la cifra de 25.000 abonados. Para las grandes compañías del sector, el peso de BE es inapreciable. En Barcelona hay unos 600.000 contadores de la luz particulares. Esos 20.000 a los que aspira la empresa pública son la cola del león. Pero leídas las cifras absolutas en euros, el impacto de la irrupción de BE coge otra dimensión. Con la creación de esta empresa pública, Endesa perdió en el Ayuntamiento de Barcelona un cliente al que facturaba 34 millones de euros al año.

Sin embargo, según Badia, es otra cuestión la que más interesa estratégicamente al ayuntamiento. BE –explica el concejal— es una herramienta para impulsar políticas de energía de kilómetro cero. El propósito es que crezca exponencialmente el número de domicilios particulares que disponen de placas fotovoltaicas propias y que venden sus excedentes de energía a BE. Eso ya ha comenzado a suceder. El ayuntamiento ofrece reducciones de hasta el 50% en el recibo del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) a quienes reacondicionen sus domicilios (lo más fácil, casas unifamiliares) para instalar placas, además de subvenciones para su adquisición. BE –añade Badía— certifica que toda la electricidad que suministrará a sus clientes es verde, una garantía que a veces se presta a confusión, porque la misma empresa es a la vez productora de energía a través de la incineradora de residuos de Tersa, de la desembocadura del Besòs. Se trata, no obstante, de compartimentos estancos. La energía de la incineradora se vende al sector. No es la misma que luego se canalizará a los clientes. Esta última será siempre de fuentes renovables.

Medidas contra la pobreza energética

El otro frente estratégico que permite la creación y expansión de una empresa pública de estas características es que facilita tomar medidas contra la pobreza energética sin intermediarios. De hecho, este fue a mediados del actual mandato uno de los frentes de fricción con las grandes compañías. El Ayuntamiento de Barcelona sacó a concurso el contrato de la luz de Barcelona, que había expirado y que había que prolongar hasta que entrara en funcionamiento BE. Entonces, el equipo de gobierno introdujo entre las cláusulas medidas concretas contra la pobreza energética. La respuesta de Endesa y Gas Natural fue no presentarse al concurso porque sobreentendieron que se declararía desierto. Erraron el tiro. Se presentaron pequeñas empresas del sector. El conflicto acabó en los tribunales y estos le dieron la razón a Endesa y Gas Natural. La primera adujo que el planteamiento del concurso la situaba en una situación de desventaja porque la mayor parte de los clientes de la ciudad eran suyos, y, por lo tanto, las probabilidades de atender casos de pobreza energética eran mayores. Aquel choque tuvo lugar en febrero del 2017.

Tres meses más tarde se desató una nueva disputa, por razones distintas, pero, como siempre, económicas. Los técnicos municipales descubrieron que un cuantioso pago de una tasa que obligatoriamente deben pagar las empresas suministradoras de energía a los ayuntamientos, equivalente al 1,5% de sus ingresos brutos en cada ciudad, no había sido abonado. Era una tasa de difícil detección, porque es el Ministerio de Industria el que dispone de todas las tablas, pero un rastreo paciente permitió a Barcelona localizar esa vía de agua económica. Endesa, así, aceptó que había un error en las liquidaciones que había satisfecho y abonó un millón de euros adicional correspondiente al periodo 2011-2015. A su manera, el parto de BE tiene algo de epílogo de aquellos desencuentros.

Temas: Electricidad

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