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DESDE FRANCIA

Hablan los vecinos de Évry: ¡Buena suerte, 'monsieur' Valls!

En su feudo de Évry, la opinión de los vecinos oscila entre quien ve suicida su aventura catalana, quien elogia su valor y quien se alegra de librarse del exprimer ministro francés

Eva Cantón

Manuel Valls, en eneero del 2017, tras votar en Évry en las elecciones primarias de los socialistas franceses. / ETIENNE LAURENT

Manuel Valls, en eneero del 2017, tras votar en Évry en las elecciones primarias de los socialistas franceses.
Manuel Valls, en la presentación de su candidatura para la alcaldía de Barcelona

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La figura de Manuel Valls siempre se presta a discusión. Encaja bien los golpes y sabe cambiar de dirección cuando el viento sopla de cara. Para unos, es un pragmático. Para otros, un oportunista. Un tipo audaz, dicen sus colaboradores. Con su aventura catalana deja atrás casi 40 años de vida política en Francia, donde ha escalado casi todos los peldaños del poder y ha sido alcalde, diputado, ministro del Interior y primer ministro.

Évry, una localidad de la periferia parisina a una hora de la capital, es el feudo electoral de Valls, la ciudad de la que fue alcalde entre 2001 y 2012 y desde la que catapultó su carrera. El sábado, en un pequeño mercado municipal al aire libre, los vecinos reaccionaban con niveles dispares de entusiasmo a la noticia de su candidatura.

“Creo que no tiene posibilidades de ser alcalde de Barcelona. Por eso, desde el punto de vista humano, me quito el sombrero, porque hay que tener valor”, decía a este diario Patrick, un agente comercial de 62 años votante del ex primer ministro. Patrick respeta al político. “Es alguien a quien aprecio mucho. Yo no le veo como un traidor, pero es verdad que llega a Barcelona como un paracaídas. Corre hacia la desilusión”, deslizaba en tono melancólico.

"Hizo una buena limpieza"

Nadine, de 59 años, también habla bien de él. “En Évry hizo muchas cosas, hizo una buena limpieza, que falta hacía. Tendría que haberse quedado. Igual su ‘savoir faire’ le puede venir bien a Barcelona, así que le deseo suerte”. Célestine, una treintañera negra, va incluso más lejos. “Si pudiera, votaría por él en Barcelona porque aquí hizo un buen trabajo como alcalde y merece mi apoyo”, aseguraba.

Christine, una valiente jubilada de 78 años con el pelo teñido de rojo, se sitúa en las antípodas de Célestine. ¿Valls quiere volver aquí?, pregunta alarmada. “Espero que no, porque no me gusta. Es un bocazas, muy vanidoso. Es mejor que se quede en Barcelona, así nos deshacemos de él. Y no soy la única que lo piensa”. En eso tiene razón.  

Ridículo volver a la casilla de salida

A Mohamed, de 32 años, al frente de uno de los dos puestos de frutas y verduras del mercado tampoco le gusta. “Aquí hay africanos y magrebís y Valls ha atacado el Islam. No se golpea así sobre una religión”, se lamentaba. Mientras busca algo interesante en un tenderete con artículos de ferretería, un profesional liberal de 50 años que prefiere no dar su nombre reflexiona en voz baja: "Es sorprendente. Ha hecho toda su carrera en Francia. Empezó con Lionel Jospin, ha subido todos los escalones y lamento que ahora vuelva a la casilla de salida en Barcelona. Lo encuentro ridículo, debería mantener una cierta dignidad en sus convicciones”.

Votante de Valls, aunque confiesa estar ideológicamente a la izquierda del Partido Socialista, Thierry, un médico de 59 años, ve “suicida” el paso del ex primer ministro. “Fue un súper buen alcalde, un hombre de carácter, pero en Francia está quemado y ahora piensa en él mismo. Lo ha estropeado todo aquí y ahora lo estropeará todo en Barcelona”, vaticina mientras termina su compra.

Unos metros más allá, en la plaza de los Derechos Humanos próxima al ayuntamiento, Alain, de 65 años, le hace a Valls una sugerencia: releer los textos fundamentales del socialismo. A su lado, Martine, de 58, no tiene nada ni a favor ni en contra de Valls, con quien comparte la misma visión de Europa. “Los independentistas no van acorde con los tiempos”, sostiene.

Cuando en enero del 2017 perdió las primarias socialistas para designar candidato a la presidencia de la República, Manuel Valls dijo que se reinventaría. Lo intentó. Se unió a las filas del movimiento liberal de Enmanuel Macron, en junio logró un escaño de diputado por los pelos y rompió con el Partido Socialista.

“Una parte de mi vida política se termina” dijo entonces. Ninguneado por La República en Marcha, lo único que le importa ahora, según ha contado recientemente a L’Express, es cómo será percibido en la capital catalana, la ciudad en la que nació hace 56 años. En Évry, mientras, es papel mojado su eslogan de campaña en las legislativas: “Siempre con vosotros”.