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odiseas inmobiliarias

La burbuja del alquiler se ceba en los pisos de estudiantes

Jóvenes universitarios se quejan de que los "precios desorbitados" por habitación les dificultan ir a vivir a Barcelona

Algunos sostienen que se verán forzados a compaginar estudios y trabajo para pagar el alojamiento

Felipe Valenzuela / Patricia Castán

Una joven consulta ofertas de habitaciones de alquiler en un plafón de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. 

Una joven consulta ofertas de habitaciones de alquiler en un plafón de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona.  / ÁLVARO MONGE

Es un clásico del inicio del curso académico: la búsqueda de piso. A estas alturas miles de estudiantes ya tienen una habitación apalabrada o se encuentran en medio de las infernales mudanzas, pero en Barcelona otra cantidad considerable de jóvenes aún no han conseguido alojamiento. Si ya no gozaban de una preferencia prioritaria para algunos propietarios, el 'boom' de los pisos turísticos, el fin de las rentas antiguas y otras evoluciones en el sector han perjudicado más si cabe a los pisos de estudiantes, que ahora deben enfrentarse a los disparatados precios que acarrea la burbuja del alquiler

"Me habían avisado de que era complicado, pero pensaba que no lo sería tanto -explica Jaume Crespí, mallorquín que se ha mudado a la capital catalana para comenzar su máster-. Llega un punto en el que no elegimos dónde vivir, sino que nos eligen los arrendatarios". Para otros, el problema no es la oferta, sino lo que piden por los pisos. "Anuncios hay, pero los precios son desorbitados", asegura Lluc Galarza. "Yo me lo pagaré todo, he ahorrado durante un año, pero tendré que trabajar mientras estudie", concluye.

La oferta es alta pero los precios más

El mercado inmobiliario no se ajusta a las necesidades de los estudiantes que, al fin y al cabo, no son profesionales que se dedican en pleno al trabajo, sino alumnos que deberán compaginar su jornada lectiva con horas laborales, muchas si se tiene en cuenta el panorama. "Vivo en Moià, comienzo la universidad este septiembre y ya me veo yendo hasta Cerdanyola al menos durante el primer mes", explica Galarza. "Lo peor es que ofrecen pisos de cuatro habitaciones por 1.200 euros y, al visitarlos, descubres que son solo tres con una prácticamente inhabitable –relata-. Al final espero que salga algo".

Barcelona se ha labrado la reputación de ser la ciudad donde más caro resulta alquilar una vivienda, según el portal Idealista.com. El precio medio mensual por habitación en esta ciudad es de 429 euros, según datos de esta web inmobiliaria, de 461 euros según otra, Uniplaces.

La búsqueda  de alojamiento incluye mucha pérdida de tiempo. "No se actualizan los anuncios y llamas a miles que solo llevan horas publicado pero ya están cogidos", añade Galarza. "Hay muchos pisos pero los precios son desorbitados –clama el joven-. Vengo de un pueblo y tengo ganas de hacer vida en Barcelona, pero aun con todo lo ahorrado tal vez no llegaré a costearlo".

El precio medio de una habitación es de 429 euros al mes, según un portal web inmobiliario

Como Galarza, Elisa Ortiz también se topó con unos precios inasequibles. No obstante, su historia giró hacia un punto más drástico. "Me he mudado a un piso de 400 euros la habitación sin contar gastos y con gente que ni conozco ni congenio porque estaba desesperada -apunta Ortiz-. Está siendo una de mis peores épocas como estudiante. Antes de eso me había quedado sin piso y estuve con una amiga durante un mes". La empresa con la que buscaba alojamiento le avisó de que la propietaria no quería estudiantes el mismo día que iba a firmar el contrato. "Compartí cama durante cuatro semanas. Tenía todas mis cosas en tres maletas –explica la estudiante-. Mi amiga me hizo el gran favor pero sus compañeras no querían que estuviera ahí, y era lógico".

Mensualidades imposibles de costear

"Es bastante carillo, mucho más de lo que me esperaba -relata Luis Solís-. Vengo de Granada y el desembolso es considerable. El piso más barato era de 1.195 euros". Solís busca junto a tres amigos más. "Cuando les decíamos a las agencias nuestro presupuesto se reían literalmente –asegura-. Llevamos dos semanas de búsqueda y estamos en el piso de un amigo en Sabadell. Me ayudarán mis padres, pero si la cosa sigue así, me plantearé hacer el máster y trabajar". 

Albert Rodríguez viaja a Barcelona desde Reus cada día que tiene fiesta para visitar pisos. Comenzará la universidad y después de dos meses buscando, todavía no ha encontrado nada. "Habré hablado con 30 agencias y 10 particulares pero mi presupuesto de 350 euros limita mucho las cosas -explica Rodríguez-. Llevo trabajando dos años para venir a vivir a Barcelona y aun así tendré que ponerme a estudiar y a trabajar al mismo tiempo".

Hasta los antecedentes penales

Las prisas y los nervios obligan a los jóvenes estudiantes que durante estas semanas se afanan a buscar piso a "apalabrar" su entrada en la vivienda, pero los imprevistos a veces conllevan a cancelar en el último momento los contratos no verbales. Pau Guzmán tenía una habitación pactada, pero al final, las altas exigencias de la propietaria del piso le han dejado sin. "Lo necesitaba para entrar a vivir este mes pero al final me he quedado sin nada", afirma Guzmán.

Pau Guzmán, que se quedó sin trabajo al no encontrar una habitación asequible de alquiler. / ICONNA / JOAN CASTRO

Este joven de 18 años tenía como objetivo mudarse a Barcelona, estudiar y trabajar a la vez en un puesto que había conseguido por un traslado, pero finalmente deberá aplazarlo de manera indefinida hasta que encuentre habitación. "Estuve buscando, pero nada me convencía. Publiqué un anuncio en un grupo de Facebook –explica Guzmán- y me contactó una chica que tenía, junto a su amiga, un piso para tres personas y comenzamos a hablar". Como sucede en muchos casos, interesado y ofertante conversan durante varios días -sobre todo en los meses más próximos al inicio de clase, para asegurarse de que ninguno de los dos se eche atrás- hasta que consiguen fijar una fecha de visita al inmueble.

Donde caben dos...

"Era un piso para dos personas, no para tres. La tercera habitación era enana y apenas dejaba medio metro de espacio libre con la cama puesta", relata Guzmán. "La puerta no era ni una puerta, sino que habían puesto una especie de biombo, así que la privacidad era nula –recuerda el joven- Lo único bueno que ofrecían era que, al tener la habitación más pequeña, me quedaba el despacho para trabajar". Pedían 350 mensuales sin gastos, pero no era este el dato que hacía más daño al bolsillo del joven. Para entrar a vivir en el inmueble le pedían medio mes de agosto, dos meses de fianza, el mes de septiembre y 50 euros por gastos de gestión: 1.225 euros a desembolsar. Después de varias semanas hablando con las inquilinas, visitando el piso y tomando medidas para los muebles, el joven por fin pudo contactar con la propietaria.

"Hablé con ella por la mañana y me pidió una cantidad desorbitada de documentos", relata Guzmán. Los datos exigidos en cuestión eran su última nómina junto a la de sus padres, los DNI de los tres, la renta y la matrícula del curso al que quería optar. El primer inconveniente: quería los papeles para esa misma tarde. "Le dije que como mínimo la renta no se la podría conseguir para ese día, eso lo saben todos", explica el joven. El segundo problema fue la matrícula. "No la tendría hasta mediados de octubre y entonces me pidió el certificado de la ESO y de bachillerato", añade.

"No daba el perfil'

Al final, a la propietaria no le convenció el perfil de Guzmán. "Me llamó la chica que me había enseñado el piso y me dijo que para la señora ‘no daba el perfil’ –comenta el joven-. Estuvimos hablando y me reveló que la dueña del piso no se fiaba de mí y que incluso le preguntó por mis antecedentes penales. Es de locos".

La repentina decisión de la propietaria le costó al joven el puesto de trabajo que tenía para retrasarlo indefinidamente hasta que encuentre habitación. "Volveré a buscar piso cuando me matricule, por octubre, porque ha sido una experiencia claustrofóbica", concluye.

Habitaciones más caras en el Gòtic y más buscadas en el Eixample

El mercado de habitaciones para estudiantes tiene sus particularidades y los precios no siempre van de la mano de las leyes generales del mercado inmobiliario. Así, los precios más altos no están, por ejemplo en la zona alta, si no en los lugares más demandados por su proximidad a universidades o centros de formación. En Barcelona, en el último informe del portal de reservas para alojamiento universitario Uniplaces el Gòtic era el más cotizado, a 497 euros de media al mes por habitación, y copaba el 5% de sus reservas.

Le sigue en precio el Raval, a 477 euros. Pero según este portal, la zona que más demanda atrae es la Esquerra del Eixample por su proximidad a la UB y su buena red de transporte público, con un 8% de las reservas (a 444 euros), mientras que la Dreta de l'Eixample se lleva un 4% (463 euros al mes) y otro tanto la Sagrada Família. Otra de las áreas más solicitadas es Sants, próxima a la Diagonal y a precios más contenidos (396 euros al mes). En esta red, el 88% de quienes buscan son extranjeros y firman contratos de una media de 5,5 meses. Casi el 80% busca habitació y no piso, y con suministros incluidos.

Pero en Barcelona, el mercado de las habitaciones tiene mucho más recorrido, tanto por estudiantes llegados del resto de Catalunya y que necesitan pernoctar en la ciudad, como por los altos precios de la vivienda que obligan a muchos jóvenes a emanciparse por esta vía. Es la causa de que la edad media de quien busca habitación en Barcelona a través de un portal generalista como Idealista.com sea ya de 31 años. Su último estudio indica que los precios se han estabilizado (tras subir un 0,8% en el último año).

Algunas agencias inmobiliarias consultadas apuntan que la creciente demanda de pisos para compartir por parte de estudiantes -cada vez con más llegada de extranjeros- también tienen un efecto de presión al alza en los precios de alquiler general. Tres o cuatro estudiantes que compartan pueden afrontar una renta a la que una familia media podría no llegar. Para algunos propietarios este segmento es lucrativo, interesante y sin el riesgo de impagos de un alquiler convencional. No en vano, crece la actividad de inversores con ese propósito, y el mercado de las residencias estudiantiles también se incrementa.

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