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PATRIMONIO

El pasillo oculto del rey Martí

Una investigación del Muhba recupera el palacio de los Reyes de Aragón en su momento de máximo esplendor

Un corredor del siglo XV que unía las distintas dependencias y la catedral sigue casi íntegro, incrustado en edificios propiedad del Ayuntamiento, la Generalitat, el Estado y la Iglesia

Ernest Alós

Desde la antigua cámara real, el rey podía bajar a la capilla de Santa Àgata a escuchar misa / RICARD FADRIQUE

Lo que hoy podemos ver del antiguo palacio de los condes de Barcelona y después reyes de Aragón conforma un conjunto cuanto menos raro. Un palacio compuesto por un salón del trono y una iglesia. ¿Y qué más? ¿Dónde vivían esos reyes? ¿Dónde estaban sus cocinas, su archivo, su sala de armas, su sala del tesoro, su jardín, su dormitorio, las oficinas de sus funcionarios…? Por tener hasta tiene un ‘Mirador del Rei Martí’ construido 145 años después de que Martí I dejase morir su dinastía al fallecer sin heredero. Para entender la evolución y funcionamiento del monumento en el que el Museu d’Història de Barcelona (Muhba) tiene su sede, la institución ha puesto en marcha un vasto proyecto de investigación aún en curso: en una exposición, el año que viene, “el Palau Reial Major quedará totalmente reinterpretado”, augura el director del museo, Joan Roca. 

Como un primer avance, y tras el escaneo láser del edificio por la UPC, los responsables del proyecto ya pueden avanzar una reconstrucción de cómo era el palacio tras la reforma de aquel rey Martí, en 1408. Y sí, tenía un mirador, pero no el que se levantó más tarde en el mismo lugar. Y un pasadizo que permitía al obeso y achacoso rey circular por las distintas dependencias sin subir y bajar demasiadas escaleras, un ejemplo ‘avant la lettre’ de arquitectura adaptada que obligó incluso a agujerear contrafuertes del Tinell para que el corpulento monarca circulase cómodamente. El mirador no es del rey Martí, pero el corredor del rey Martí aún existe, en parte a la vista en la fachada del Muhba, en parte oculto, incrustado en el vecino Palau del Lloctinent y en la Catedral. Un elemento que no puede visitarse, que pocos conocen y que se ha cartografiado con detalle y explicado de forma coherente por primera vez.

El palacio del Lloctinent engulló parte del palacio del rey Martí, algo que, según Joan Roca, que sueña con la cesión del infrautilizado edificio titularidad del Ministerio de Cultura para ampliar el Muhba, tiene algún que otro mensaje: el edificio, construido por cierto por la Generalitat -como recuerdan las cruces de Sant Jordi de sus ventanas-, tiene una relación inseparable con el resto del conjunto monumental de la plaza del Rei.

Puertas cerradas, zonas no visitables

Metáfora del país, el pasillo del rey Martí cruza, con puertas cerradas que lo interrumpen a cada cambio de titularidad, edificios propiedad de la Generalitat (la capilla de Santa Àgata), del Ayuntamiento (el Muhba) y del Ministerio de Cultura (el Archivo de la Corona de Aragón), desaparece al cruzar la calle dels Comtes, tras el derribo del puente por el que la cruzaba en la patrimonicida primera mitad del siglo XIX y acaba en la antigua tribuna real de la Catedral.

Ese pasillo es la única parte que ha sobrevivido, junto con alguna arcada incrustada en el Museu Marès, de la reforma del Rei Martí, que, según el investigador del Muhba Ramon Pujades, marca el “momento de máximo esplendor” del palacio. Y demuestra, como hizo el rey Pere IV con el salón del Tinell, “una de las mayores salas del trono de Europa”, en palabras de otro integrante del equipo multidisciplinar que trabaja en el edificio, el historiador del arte Reinald Gonzàlez, la voluntad de los reyes de Aragón de tener “un palacio como Dios manda”, equiparable al de las monarquías con las que competía la Corona de Aragón.

Si Jaume I era un rey guerrero, itinerante y campamental, alguno sus sucesores se preocuparon por ofrecer una imagen representativa de la monarquía plasmada en los distintos palacios de la corona: la exhuberante Aljafería de Zaragoza, arrebatada a la taifa musulmana, el desaparecido Reial de València, residencias menores en Montblanc, en Tarragona, los palacios de los reinos que entraban y salían de la corona en Perpinyà, Mallorca, Sicilia… Precisamente dos reyes que antes lo fueron de Sicilia, que vivieron en los magníficos palacios árabe-normandos de Palermo, como La Zisa, Jaume II y Martí I, y que hicieron de Barcelona su principal residencia real, fueron de los que más se preocuparon en dignificar el caserón heredado de los condes de Barcelona.

¿Cómo era el palacio?

Pero quedémonos de momento en el rey Martí, el Humano. Ramon Pujades ha conseguido tener una ya bastante clara idea de cómo era aquel palacio tras años de vaciado de la documentación real y de la Catedral. “No se puede entender la evolución del palacio episcopal, de la Catedral y del Palau Major sin la interacción entre ambos”, apunta Pujades. Por un lado, para ganar espacio los reyes tuvieron que ir haciendo 'mobbing' inmobiliario a los obispos para que acabasen dejando su primitivo palacio episcopal, en la plaza de Sant Iu, y se trasladasen al actual. ¿Cómo? Entre otras medidas, saboteando el avance de la construcción de la Catedral gótica. Por otro lado, el rey Martí, con una idea muy clara de los elementos religiosos de la figura del monarca, acabó enlazando físicamente la catedral con un palacio que ya tenía dos capillas y un oratorio.

¿Cómo era aquel palacio en 1408? En su centro, el salón del trono, el Tinell, con los funcionarios de la administración de la casa real, el maestro racional, en su sótano. Y entre el salón del trono y la capilla real de Santa Àgata, un edificio, con las antiguas estancias reales, el archivo, la sala del tesoro y una antecámara que comunicaba estas estancias, el salón del trono, la capilla y la escalinata de la plaza del Rei. Poco espacio para el monarca, que en su frenesí constructor (también ahorró; intentó desahacerse del hoy desaparecido Palau Reial Menor y descartó construir un nuevo palacio desde cero) unió cuatro casas (la Escrivanía, la de la Farina, donde en tanto que conde vendía la harina molida de la que tenía el monopolio, y dos particulares) para situar sus estancias donde hoy se encuentra el palacio del Lloctinent. En esa sección del palacio, la del rey, Pujades ha situado sus cocinas, su estudio, su habitación, la cámara denominada de los Papagayos por su decoración, una logia-mirador a la plaza y un jardín elevado, el Bellvís, con un techo de madera trasladado desde Xàtiva. El jardín elevado proseguía por la terraza del Tinell: ese era el verdadero mirador del rey.

Pero la casa de la reina estaba jurídica, económicamente y físicamente separada de la del rey, con su propia corte y rentas. En el antiguo palacio episcopal de Santa Eulàlia, donde hoy se abre la plaza de Sant Iu, y en parte del actual Museu Marés se hallaban las estancias de la reina y las infantas, con su propia cocina, la Galeria dels Arquets y posiblemente en los bajos el Arxiu de les Portes Ferrades, quizá el lugar donde se guardaban las armas y armaduras del rey. A su lado, la desaparecida capilla de Sant Miquel y, cerrando el Verger, el huerto y jardín real, hoy jardín del Marés, el monasterio palatino de los Celestinos, los monjes que cantaban la misa diaria al rey, y un pasillo para que llegaran a Santa Àgata. Las reformas del rey no acabaron aquí: compró las casas que separaban las plazas de la Corretgeria y del Rei (esta, cerrada por la puerta de la Cort, que la convertía en espacio cerrado) para lograr una plaza alargada, hasta la actual Baixada de la Llibreteria, donde poder celebrar festejos y torneos.

La función del pasadizo

¿Y el pasillo? Permitía enlazar a pie llano todos estos espacios añadidos, con distintos niveles y paredes maestras entre ellos, sin tener que bajar dos pisos hasta el Tinell, cruzarlo y volver a subir. Partía de las antiguas cámaras reales y a través de una puerta llega aún hoy a la tribuna que preside la capilla de Santa Àgata. Girando a la derecha, por la fachada de la plaza del Rei (hoy discurre descubierto, pero entonces estaba protegido) llega a las nuevas estancias construidas en ese momento. Hoy solo queda el pasillo emparedado en el interior del Palau del Lloctinent, pero entonces, girando a la izquierda, el rey llegaba a su estudio y su dormitorio y girando a la derecha, a los de la reina. Separados, pero a mano. Y si seguía recto, el rey podía cruzar por un puente la calle y llegar a su propia tribuna sobre el altar mayor de la Catedral para presidir grandes ceremonias sin mezclarse con el populacho. Una puerta hoy aburdamente colgada en lo alto de un lateral del templo, aún recuerda ese paso. 

En el interior de la catedral, el espacio ha sido ocupado en parte por el ascensor que lleva a los turistas a las terrazas del templo. Y el ventanal que está al lado del órgano, distinto de los del resto de la girola, aún conserva la forma de la tribuna de aquel rey beato y constructor con el que acabó una dinastía.

Una gran exposición para el 2019

El proyecto de investigación sobre el pasado y la evolución del Palau Reial Major de Barcelona es una de las piezas que conformará la gran exposición que el Muhba dedicará en el 2019 a la Barcelona medieval, en el que aprovechando su 75º aniversario “rehará la visión de la ciudad medieval”. “Cuando algunos cuestionan que sea función del museo investigar, esta es nuestra línea: partir de la investigación, después el debate académico y poner todo ello al servicio del ciudadano”, explica el director del Muhba.

El museo ha ido completando y actualizando su museografía a base de exposiciones sobre los diversos periodos. Ahora le tocará a un momento clave “en el que Barcelona se convierte en capital, en una gran ciudad medieval”, avanza Roca.

Descifrando un puzzle de mil años

A principios del año próximo, todo el trabajo de investigación sobre el Palau Reial Major se plasmará en una reconstrucción 3D animada que mostrará la evolución del conjunto. Desde los antecedentes más remotos (palacio del conde visigodo, del valí andalusí y de los primeros condes francos) hasta el nuevo palacio de los condes de Barcelona, del siglo XI, la base a partir del que evoluciona todo el conjunto y cuyos muros aún conforman sus fachadas. El resultado de los estudios aún en curso permitirá reescribir muchos errores que se han ido perpetuando y aclarar a los ojos del profano un edificio que en su configuración actual es, según Ramon Pujades, “de una inmensa complejidad”. Reinald González, por ejemplo, ya ha sistematizado las distintas etapas que componen el puzle de la fachada de la plaza Reial (ver gráfico).

 “La caja estructural románica del siglo XI es el núcleo inicial”, recuerda. Un cubo, alargado posteriormente, con ventanas románicas que se conservan en el interior. Jaume II (1291-1327) reforma el edificio, ganando terreno al entonces vecino palacio del obispo, el de Santa Eulàlia, y le añade la capilla de Santa Àgata. Bajo Pere IV (1336-1387) el palacio primitivo, vaciado por dentro y reforzado por fuera con los contrafuertes que pueden verse desde la plaza del Rei para soportar los grandes arcos diafragmáticos, se convierte en un inmenso salón del trono. El espacio residencial queda extraordinariamente reducido (el edificio que enlaza Tinell y Santa Àgueda, sobre la escalinata aún en uso, concentra la cámara del tesoro, la cámara real, la antecámara, el archivo…), situación que soluciona la siguiente gran reforma, la de Martí I.

Tras la llegada de los Trastámara, el palacio ancestral de la casa de Barcelona pierde protagonismo: se le incorpora el Palau del Lloctinent con su mirador de 1555 y su espacio va siendo utilizado, sucesivamente, por las audiencias civil y criminal, la inquisición, las monjas expulsadas de su convento de Santa Clara en 1714 y, finalmente, el Muhba, el Museu Marès y el Archivo de la Corona de Aragón.

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