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NUEVA DELINCUENCIA

Manadas de 'relojeros' persiguen a los turistas más adinerados de Barcelona

Son carteristas con gran movilidad por Europa que buscan estos relojes de gama alta porque se venden rápido en el mercado negro

Agentes de la Guardia Urbana documentan el robo de un Richard Mille en el que los ladrones invirtieron 4 horas de seguimiento

Guillem Sànchez

Una cámara de seguridad capta como roba un grupo de relojeros a un turista de Barcelona, en la entrada de un hotel. 

Los 'relojeros', ladrones especializados en el robo de relojes de gama alta, por segundo año consecutivo, siguen haciendo su particular agosto en Barcelona, persiguiendo a turistas adinerados que han escogido la capital catalana como destino vacacional.

Durante este verano, los grupos de delincuencia urbana de los Mossos d'Esquadra y de la Guardia Urbana -que disponen de agentes de paisano para sorprender in fraganti a los cateristas-  han identificado a decenas de estos ladrones. Lo que han constatado es que actúan en grupos, integrados por varios hombres originarios de países del Magreb de entre 20 y 30 años, y que cambian de ciudad europea con frecuencia para huir de la justicia. Al parecer, Barcelona les gusta cada vez más, sobre todo durante los meses de máxima afluencia turística.

A pesar de su juventud, no todos son impulsivos. Algunos, según fuentes policiales consultadas por este diario, demuestran una gran paciencia y un alto grado de coordinación para seguir a su presa.

Caza en grupo

Hace pocos días, agentes del cuerpo municipal documentaron el seguimiento de cuatro horas que un grupo formado por cinco 'relojeros' hizo a un turista que lucía en la muñeca un reloj Richard Mille, valorado en más de 100.000 euros.  Los ladrones localizaron a su víctima -un ciudadano asiático que paseaba con su mujer cerca de plaza de Catalunya- en el interior de una farmacia sobre las 20.00 horas. Fue el líder del grupo, que se desplazaba en bicicleta, quien informó telefónicamente del hallazgo al resto de la pandilla. En cada uno de estos grupos, siempre hay por lo menos un miembro con talento para distinguir desde lejos relojes de gama alta. Y en cuanto este jefe olió el Richard Mille en la muñeca del turista, dio comienzo el seguimiento. 

La víctima no lo puso fácil porque esa noche cenó dos veces: en un Kentucky Fried Chicken y en un tailandés. Los ladrones no se impacientaron, y dejaron que la pareja disfrutara de los dos festines consecutivos, merodeando por las inmediaciones de los restaurantes, o incluso sentándose junto a ellos, disimuladamente, en una de las terrazas. Hacia medianoche, cuando la pareja se retiraba al hotel, atacaron.

Dos de ellos taponaron su paso y, desde el costado, apareció un tercero que le pegó dos tirones -el primer no funcionó- del brazo hasta que el pasador de la correa cedió y el Richard Mille cambió de mano. La maniobra no fue cuidadosa, fue bruta: sujetando su brazo y tirando con fuerza del reloj. El turista tuvo que ser atendido por una ambulancia debido a las lesiones que le causaron en la muñeca. La intervención de los agentes de la Urbana permitió arrestar a cuatro de ellos, incluido el jefe. La víctima recuperó su reloj, aunque en mal estado. Durante la persecución, uno de los ladrones lo tiró al suelo y un coche le pasó por encima. 

Carísimos y deseados en el mercado negro 

Estos 'pelucos', que según detallan las denuncias policiales son de las marcas Richard Mille, Audemars Piguet, Patek Philippe, Hublot, Rolex, Hermes, Cartier, Panerai o Ulysse Nardin, tienen precios que oscilan entre los 50.000 y los 150.000 euros y se pueden revender con relativa facilidad a compradores del Magreb o Dubai. A pesar de que las casas de relojes son informadas de los números de serie de los aparatos robados, y de que eso implica que el nuevo propietario -el que se lo compra al ladrón- no podrá llevarlo a reparar a niguna empresa oficial, la demanda del mercado negro no cesa.  

El inspector de los Mossos Pere Pau Guillén, durante una rueda de prensa celebrada en el 2017 para informar de la detención de 27 relojeros -14 de ellos entraron en prisión-, cuando ya se avisó públicamente de su existencia en Barcelona, explicó que la principal dificultad para combatirlos era esta: "pueden revenderlos sin ningún problema". El Código Penal solo impone, "como máximo", una pena de dos años de prisión a los receptadores (las personas que compran material robado a los ladrones). Y eso es algo que debería "cambiar", denunciaba entonces.  

Con técnico o con violencia

Los ladrones actúan cerca de hoteles lujosos ubicados en el casco antiguo de la ciudad -como los del vídeo que publica este diario- o en las zonas de ocio nocturno: en el litoral marítimo o en la calle Tuset. No todos los 'relojeros' actúan de la misma forma. Algunos esperan a sus presas hasta altas horas de la madrugada, cuando salen de los bares de copas o tras el cierre de las discotecas. Se centran en turistas ebrios y tratan de sustraer el reloj sin que estos se den cuenta, acercándose de forma amistosa. Si esta treta no funciona, tampoco dudan en comportarse a partir de ese instante de forma violenta. Los 14 'casos de relojeros' que ingresaron en prisión en el 2017 se correspondían con los que habían acabado haciendo uso de la fuerza, o incluso esgrimido una navaja, para acabar logrando su objetivo. 

Últimamente, sin embargo, según fuentes policiales, en Barcelona abundan más los que actúan como la pandilla que sustrajo el Richard Mille: en grupo, con seguimientos largos y con contundencia cuando llega el momento de abalanzarse sobre el reloj. 

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