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OASIS INMOBILIARIO

Una finca ofrece "alquileres justos" en el Poble Sec

La propiedad de un bloque alquila los pisos a entre 300 y 600 euros para conservar el vecindario

Helena López

Fachada de la finca del Poble Sec en que sus propietarios aplican alquileres justos.

Fachada de la finca del Poble Sec en que sus propietarios aplican alquileres justos. / JOAN CORTADELLAS

El edificio lo compró su bisabuelo paterno después de que fuera bombardeado durante la guerra civil. De las 11 viviendas que componían la finca original, solo quedaron cuatro en pie, lo que hizo que lo comprara "bien de precio". Con el dinero que cobraba de los alquileres lo fue reconstruyendo. Cuando su bisabuelo murió, ya bastante mayor, el edificio pasó a su abuela, ya mayor, también, cuando recibió la herencia, y de esta, a su padre y su tía, actuales propietarios de la finca, en el corazón del Poble Sec. Una finca conocida entre los vecinos por tener alquileres "justos", una suerte de extraño oasis en medio de la selva inmobiliaria en la que se ha convertido Barcelona, de forma aún más cruel en barrios populares que se ponen de moda, como este. 

"No hablamos de precios sociales, somos una empresa, no el ayuntamiento, pero consideramos que la mejor manera de conservar a los vecinos del barrio es que puedan vivir y pagar el alquiler y para eso tienes que establecer un precio justo", reflexiona el arquitecto y profesor Víctor Ferrer, quien en su día pudo independizarse gracias a que su abuela le hizo un "alquiler especial" en esa misma finca. Ese momento fue, en cierta manera, un primer contacto con la realidad más allá de su micromundo familiar (no todo el mundo tenía, tiene, abuelas que le puedan hacer "alquileres especiales"). 

Un largo viaje a África fue definitivo. "Te crías en un ambiente y te crees que todo el mundo es así, pero no". Quedó impactado con la realidad social de otros lugares y empezó a hacer proyectos en África, gratis, continente con el que aún conserva una estrecha relación. Volvió, estalló la crisis, y esas otras realidades que había conocido en África las vio también, salvando las distancias, en su barrio, en su mismo edificio. Habló con su padre y con su tía para que bajaran los alquileres. Estos estuvieron de acuerdo. "Una empresa tiene que hacer dos cosas: cumplir una función social y dar trabajo", resume el arquitecto, que se dedica principalmente a rehabilitar pisos a clientes que procura que sean gente también justa, asegura.

"Cuando tengas un piso, libre nos avisas"

En el barrio el edificio es conocido. "Cuando tengas un piso libre, nos avisas" es una frase que escucha a menudo, aunque con unos alquileres que van entre los 300 y 600 euros en un barrio como Poble Sec, raramente tiene ningún piso vacío. Ferrer opina que los empresarios deberían ser como los vendedores de alfombras de Marrakech, que pueden vender la misma alfombra a 1.000 al turista americano, a 500 al portugués y regalársela a su vecina porque le hace falta y no tiene dinero para pagarla.

Uno de los proyectos que tiene en mente sería crear una suerte de asociación de propietarios responsables que ofrezcan precios justos. "Es posible y los hay, no somos los únicos, si nos organizáramos sería más fácil hacerlo y podríamos intentar ofrecer un contrapunto a los especuladores que se dedican a expulsar a los vecinos", concluye Ferrer, quien insiste en que no quiere protagonismos, pero cree, aunque suene a manada de unicornios, en un sector inmobiliario más justo.

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