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BARCELONEANDO

El Camarón perdido de Badalona

La escultora Susana Ruiz guarda en su taller el busto del cantaor flamenco que modeló tras un encargo del ayuntamiento que no llegó a buen puerto

Mauricio Bernal

Susana Ruiz posa en su taller junto al busto terminado de Camarón.

Susana Ruiz posa en su taller junto al busto terminado de Camarón. / ALBA CAMBEIRO

Y dado que Susana había hecho la estatua de Anís del Mono –la famosa estatua de Anís del Mono–, y luego la de Manolo Escobar –la famosa estatua de Manolo Escobar–, en el ayuntamiento alguien pensó que la famosa estatua de Camarón también debía hacerla ella.

Susana Ruiz. Ayuntamiento de Badalona. Camarón de la Isla.

Muchos meses después, sin embargo, no hay estatua donde debería haberla. En cambio, hay un busto de Camarón en el taller de la escultora, sucedáneo del proyecto original, con ganas de salir a la calle. ¿Qué pasó entretanto? Que el ayuntamiento desistió de Camarón, pero Susana no. Susana ya había empezado con Camarón y tenía la intención de llegar con su escultura hasta el final. Y esa es, en resumen, la historia.

Un bonito encargo

"Fue en marzo del 2017. Me llamaron y me dijeron: ‘Mira, estamos considerando este proyecto y hemos pensado en ti’, y me pidieron una propuesta". Parecía propio del ayuntamiento de Dolors Sabater (Guanyem Badalona en Comú) poner una estatua de Camarón de la Isla en la plaza de Camarón de la Isla, en ese enclave con carácter que es el barrio de Sant Roc. A Susana le gustó el proyecto, y que le dieran luz verde para ser creativa. "Luz verde para que propusiera lo que quisiera sin límite de presupuesto, no porque no lo hubiera, sino para que no limitara mi creatividad". "Y además en ese barrio, donde no hay espacios bonitos, elaborados, que la gente quiera hacer suyos, por donde quiera pasear o llevar a pasear a alguien conocido".

"La verdad es que me enamoré del proyecto", dice la escultora

Susana, más que una estatua, acabó proponiendo una intervención en el espacio público. La estatua, por supuesto: un Camarón sentado y palmeando, pero también unos bancos alrededor pensados para que la gente se sentara a charlar con él, o a palmear con él, o a cantar con él. "El Camarón está ejecutando una acción, y por lo tanto interviniendo con el que está al lado –dice Susana–. Me gustaba encontrar el movimiento en la inmovilidad de una pieza como esta". "La verdad es que me enamoré del proyecto –dice–, y el ayuntamiento también".

Susana Ruiz junto a la maqueta que presentó al ayuntamiento. / ALBA CAMBEIRO

Susana no esperó a tener confirmación del ayuntamiento para ponerse a trabajar. "Sé cómo funciona esto y no quería que luego me dieran un plazo muy corto y tener que trabajar con prisas, así que empecé la escultura por mi cuenta". Es su forma de hacerlo, sin prisas, gobernada además por la conciencia de que "todos los trabajos públicos merecen calidad", y que "la calidad y la prisa son una contradicción muy grande". Porque estaba enamorada del proyecto y porque lo público merece un respeto, Susana llevó a cabo una inmersión en el personaje. Leyó sobre el personaje, escuchó la música del personaje, buscó las entrevistas que le habían hecho al personaje. "Me metí en su mundo –dice–. Me puse en contacto con gente que le profesa adoración para saber por qué lo adoraban y saber qué lugar ocupa en esa emotividad colectiva". No fueron horas, no fueron días. Fueron meses de trabajo.

Un gurú de la astrología

Es aquí donde cobra sentido decir que Susana vivió 25 años en Puerto Rico. Que se marchó de Badalona cuando tenía 18 "a viajar por el mundo", y que el amor la instaló en la isla. Tiene sentido porque cuando estaba en pleno Camarón le llegó el encargo de hacer –y el alcance de esto lo entenderán de entrada unos pocos, los latinoamericanos– una estatua de Walter Mercado. El astrólogo mediático. El astrólogo mediático latinoamericano por excelencia. Un gurú. Un personaje en casi todos los sentidos que abarca la palabra, es decir, la clase de reto que subyuga a la escultora Susana Ruiz. "Salí del mundo de Camarón y entré en el de Walter Mercado. Viajé a Puerto Rico a conocerlo. Apagué un interruptor y encendí otro".

El proyecto se paró cuando le encargaron una escultura de Walter Mercado

De Camarón hasta ese momento había hecho la cabeza en barro. Para que no se echara a perder, la cubrió con plástico y la regó de vez en cuando con agua para que el barro se mantuviera fresco. "Si el barro es bueno –dice – aguanta un buen tiempo". Había pensado en algún momento que noviembre del 2017 iba a ser el mes de sacar la escultura a la calle, de hacer la correspondiente inauguración, toda vez que ese año se cumplían 25 de la muerte del artista, y en diciembre era su cumpleaños, pero había desistido de esa idea al no tener noticias del ayuntamiento. Bueno, sería para más adelante. Ella haría su Walter Mercado.

Reanudación

"A Camarón volví en febrero de este año. Pero entonces había tomado una decisión: había pensado que si del ayuntamiento no me decían nada, entonces Camarón era mío". Así lo comunicó, y la respuesta que recibió fue que sí, que era suyo. El ayuntamiento desistía, al menos temporalmente, de su proyecto. Curiosamente, el cambio derivó en una crisis artística. Susana descubrió de nuevo a su Camarón, y lo que vio no le gustó del todo. Pasó horas modelándolo, pero daba igual, no era el Camarón que ella había visto en las entrevistas, en las lecturas, en la música. "¡Estaba hasta aquí de la música de Camarón!" Se arregló todo por la vía radical. Un día, al bajar a su taller, Susana se encontró la escultura en el suelo, hecha pedazos. "Y lo único que pude pensar fue que me había quitado un gran peso de encima".

"Lo ideal sería que me lo compraran para ponerlo en un sitio público"

Volvió a empezar de cero. Solo que ya no iba a hacer el Camarón sentado y palmeando que había pactado: iba a hacer su propio Camarón. "El Camarón sentado se convirtió en un busto de Camarón para mí", dice, "y la cosa empezó a fluir de una manera bárbara, empezó a fluir este Camarón", dice, señalando con la cabeza el trabajo terminado, su Camarón, finalmente. El resultado es un busto hecho en resina tratada con grafito, un Camarón gris, oscuro, porque Susana siempre lo visualizó así. "Y además creo que refleja al mismo tiempo su dureza y su dulzura, su timidez y su capacidad de seducción. O eso me ha dicho mucha gente".

¿Qué destino le espera al busto? "Para mí –dice la escultora– lo ideal sería que me lo compraran para ponerlo en un sitio público, para que los fanáticos de Camarón lo puedan disfrutar". Verlo allí, en el taller de Susana, junto a Walter Mercado, no está mal. Pero verlo en la calle sería aún mejor.

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