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LOCAL HISTÓRICO

El Bracafé de Casp cierra para convertirse en la puerta de un párking

El café, abierto en 1931, está afectado por la reforma del edificio de Catalana Occidente

Ernest Alós

Fachada del café Bracafé de la calle Casp, que anuncia su cierre en agosto.

Fachada del café Bracafé de la calle Casp, que anuncia su cierre en agosto. / DANNY CAMINAL

El goteo de bajas en el paisaje comercial de Barcelona sigue, y sigue. La próxima víctima será el establecimiento de cafés Bracafé de la calle Casp, 2, inaugurado el 29 de abril de 1931. El pasado lunes 7 de mayo sus propietarios recibieron un burofax informándoles de que deberán cerrar el próximo 31 de agosto. El café que ha aromatizado la calle Casp y ha sido consumido a hectolitros por trabajadores y visitantes de Ràdio Barcelona ("estamos de luto", decían dos de ellos ayer, mientras apuraban un café solo) desaparecerá de forma radical. El local no se convertirá en otro negocio sino que pasará a ser la puerta de acceso al párking del edificio de Catalana Occidente.

Esta vez el motivo de la caída de un establecimiento histórico no ha sido la subida del alquiler, ni la tentación de una oferta irrechazable para los propietarios, ni la jubilación de sus impulsores, ni la decadencia de una oferta obsoleta (que de todo ha habido en las defunciones comerciales barcelonesas). Pero sí tiene que ver plenamente con la inexorable reconversión inmobiliario-comercial del centro de la ciudad.

Actualmente está en marcha una profunda reforma del edificio de la compañía Catalana Occidente, con un presupuesto de 30 millones de euros, que implicará la demolición de parte de la estructura interior de la Casa Pascual i Pons, obra en estilo neogótico levantada en 1891 por el prolífico arquitecto Enric Sagnier, compuesta por dos fincas que aparentemente forman un solo conjunto, deformada profundamente a lo largo de los años y recuperada en los años 80 en una restauración diseñada por los estudios Martorell-Bohigas-Mackay y Espinet-Ubach (este último, a cargo también de la actual operación de reforma) y que logró un premio FAD. Los bajos ocupados por Bracafé forman parte de una ampliación posterior del edificio de Sagnier, replicando su estilo, que ocupó la que originalmente fue la entrada de carruajes y el acceso al jardín interior de la finca.

En el proyecto de reforma actualmente en marcha, el edificio corporativo de Catalana Occidente se convertirá en sede de oficinas de alto nivel en régimen de alquiler, con un espacio, que ocupará la mayor parte de los bajos y el principal, destinado a alguna gran cadena comercial como las que están ocupando la práctica totalidad de las grandes vías comerciales de la ciudad. 

El proyecto, con licencia de obras municipal aprobada en el 2015, incluye la construcción de cinco plantas subterráneas, cuatro de ellas de aparcamiento, con acceso en rampa desde la calle de Casp.  El edificio está catalogada con el nivel B (bien cultural de interés local). Según este nivel de protección "las intervenciones admisibles en el edificio deberán mantener las fachadas y la volumetría y mantener los espacios y los elementos originales", algo que no queda afectado por el proyecto en marcha. 

Entre los locales 'amnistiados' figuran Farggi y Camper, desplazados a la ronda de Sant Pere, mientras que los antiguos cafés Navarra, el Café de la Radio y Bracafé, más la heladería Dino, deberán dejar sus establecimientos.

Los nuevos usos del edificio han llevado a sus promotores a incluir un párking subterráneo, inexistente en la actualidad. Tras el vaciado del interior de la finca, la excavación es más viable en la calle Casp, no afectada por la presencia de túneles subterráneos, que en la ronda de Sant Pere, lo que ha llevado a elegir el espacio ocupado por los cafés Bracafé y El Café de la Radio para situar allí la entrada a la rampa de acceso al aparcamiento.

DANNY CAMINAL

Xavier de Erausquin, responsable de Bracafé, descendiente del fundador de la firma Germán de Erausquin, ya ha colgado en el local, a la vista de sus clientes, el acta de defunción. Explica que hasta la semana pasada no se les comunicó por escrito que debían abandonar el local, aunque se les había comentado verbalmente los proyectos de la propiedad. Y no es que, por otra parte, no dejasen de llegar pistas:  a partir del 2012 pasaron a renovarles el alquiler anualmente, y a partir del 2016, mensualmente. 

Para Erausquin, el cierre es una herida "empresarial, personal y emocional: es una más, tras Catalònia, Vinçon... no está quedando nada del tejido comercial original de Barcelona, hay tantas tiendas históricas que están cerrando...". El establecimiento de la calle Casp, recuerda, abrió 15 días después de la proclamación de la República, superó los años de las restricciones en que la materia primera no llegaba y floreció, dice, con la entrada en la UE, "que permitió elegir qué café comprábamos". 

Los plafones cerámicos y el relieve de piedra de la fachada con la marca de Bracafé serán trasladados. El futuro de los ocho empleados, algunos de los cuales pueden ser recolocados, está ahora en el aire. Bracafé seguirá contando con 35 locales franquiciados y uno en propiedad, en Urgell, 35, con degustación y sus instalaciones de tostado del grano. Ese es, explica Erausquin, el secreto del olor que salía de Casp, 2. "Tostamos café cada día y desde allí llega a las cafeterías: tostar el grano es como hornear el pan, no es lo mismo que sea o no sea del día", presume. 

ERC adopta el patrimonio como un nueve frente contra Colau

Áncora y Delfín, la Librería Francesa, Catalònia, Vinçon, El Ingenio, Canuda, Deulofeu, Quílez, La Casa de las Mantas, El Indio, Musical Emporium, La Hormiga de Oro, El Palacio del Juguete, Juguetes Monforte, Joguines Foyè, Filatelia Monge, Chocolatería Fargas, Mercería Santa Anna, el restaurante Pitarra… La lista de establecimientos con historia a sus espaldas que han cerrado sus puertas o se han transformado hasta ser irreconocibles en los últimos años puede recitarse como si fuese una letanía. Mientras iban cayendo, víctima de crisis sectoriales (como la del libro) o de la guadaña de la ley de arrendamientos urbanos, se convertían en una inasible pelota caliente para los respectivos gobiernos municipales. A Trias la oposición le forzó a crear un catálogo de tiendas emblemáticas a proteger (211) y ahora es el Gobierno Colau quien se encuentra con que Esquerra Republicana ha convertido la defensa del patrimonio en peligro en campo de combate preelectoral. Al calor de la conversión del restaurante Pitarra en un pub irlandés (y también otros casos más allá de lo comercial) ERC acaba de lanzar la campaña ‘Protegim el patrimoni’, con la web www.patrimoni.barcelona como trampolín, en la que denuncia la “pasividad del ayuntamiento” ante los cierres citados pero también ante el deterioro a conversión en apartamentos u hoteles de edificios como el barroco Palau Moxó, o el Palau Vilana Perles. Los de Bosch piden crear un Institut Municipal del Patrimoni y proteger preventivamente los inmuebles de más de 80 años de antigüedad.  

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