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BARCELONEANDO

Ropa tendida en el Mies van der Rohe

El artista Domènec subvierte el pabellón para explicar la otra historia de Montjuïc: la de los barraquistas reubicados en los edificios de la exposición de 1929

Natàlia Farré

El artista visual Domènec, junto a parte de la intervención realizada en el Pavelló Mies van der Rohe. 

El artista visual Domènec, junto a parte de la intervención realizada en el Pavelló Mies van der Rohe.  / ÁLVARO MONGE

Ropa tendida en el Pavelló Mies van der Rohe. ¿Una ocupación? No. Una ucronía. Y también un ejercicio de memoria histórica. ¿Qué habría pasado con el edificio símbolo de la vanguardia artística del momento si no hubiera sido derruido solo acabar la Exposición Internacional de 1929? (Aclaración para despistados: pasó por la piqueta en 1930 pero en 1986 se reconstruyó detalle a detalle). "Pues que posiblemente hubiera sido utilizado como refugio para gente sin hogar o usado para reubicar barraquistas". Lo afirma el artista visual Domènec, culpable de la colada que luce el pabellón, y lo hace con causa. Muchos de los edificios que sobrevivieron a 1929, como el Estadi Olímpic y el Pavelló de Bèlgica (demolido en 1968), tuvieron este fin. El destino del Palau de les Missions (destruido en 1969) fue mucho peor: se convirtió en Centro de Clasificación de Indigentes, en realidad un CIE en toda regla de la época pero que en lugar de extranjeros internaba y deportaba inmigrantes del sur de España. Se calcula que unos 15.000.

En los años 20 y 30, Barcelona era conocida en el mundo como 'barracópolis'

"En la arquitectura, más allá de sus cualidades estéticas y formales, detrás siempre hay una historia política, una historia de vida, un relato que se impone sobre los otros. Cosas que quedan escondidas por el propio edificio. Me interesan estas realidades que hay debajo de la alfombra de los grandes proyectos arquitectónicos", afirma Domènec. Y la realidad con la que se topó el artista fue la de los desposeídos de la montaña. El relato oscuro, no el de la fuente de colores. El patio de atrás. Los miles de barracas construidas para alojar la mano de obra inmigrada para la Exposición del 88 y la del 29. No en vano en los años 20 y 30, Barcelona se conocía a nivel internacional como 'barracópolis'. Una situación que se cronificó y creció después de la guerra civil, hasta los 60. "Se llegó a una población flotante en toda la ciudad de entre 70.000 y 100.000  personas", sostiene Domènec.

Sillas de fórmica de segunda mano

En Montjuïc había barracas y había barraquistas reubicados en el Estadi Olímpic y el Pavelló de Bèlgica. Estos últimos, gente desalojada de sus humildes casas por la represión policial o habitantes del Somorrostro expulsados del barrio por temporales de mar. Eran emplazamientos provisionales que duraron años. Sin los mínimos servicios necesarios. Y con mantas por paredes. "Es la paradoja de unos edificios que fueron la representación brillante del poder y que acabaron convertidos en refugio de la población abandonada por la administración". El tema se alargó años. De hecho, Domènec lo descubrió en un artículo escrito en 1966 por Josep Maria Huertas Claveria en 'Destino': 'El estadio, el pabellón y el palacio', título que él toma prestando para el nombre la instalación del Pavelló Mies van der Rohe. Y que reproduce junto con imágenes, desde 1919 hasta 1969, de la montaña en los ejemplares de diario que deja para el público en el edificio vanguardista.

El Palau de les Missions, se convirtió en Centro de Clasificación de Indigentes, un CIE en toda regla

También ha retirado todos los símbolos del poder, como la silla Barcelona, la butaca a modo de trono que el arquitecto alemán diseñó para Alfonso XIII. En su lugar lucen dos sencillas sillas de fórmica de segunda mano típicas de las cocinas de las viviendas populares de los años 50 y 60. La colada es otro elemento distorsionador. "Siempre que vemos un campo de refugiados, una barraca..., la primera imagen que nos vienen a la cabeza son las tiras de ropa tendida. Y lo que hago es subvertir un edificio creado solo para la representación política llenándolo de los rastros de la vida de los otros habitantes de la montaña", explica Domènec.

Tres realidades de la plaza de Catalunya

La ropa tendida estará hasta el domingo, pero la intervención del Mies van der Rohe es solo una parte de la exposición que el Macba le dedica a Domènec, hasta septiembre, donde otras 20 piezas reflexionan sobre la memoria histórica. ¿Qué ve el artista en el Port Olímpic o la plaza de Catalunya? En el primero, el Somorrostro; en la segunda: el hotel Colón convertido en sede del PSUC en el 36, a los soldados de Franco quemando libros tras su entrada en la ciudad en el 39 y a los Mossos desalojando a los acampados del movimiento del 15-M, en el 2011. Diferentes realidades para un mismo sitio. "Solo hay que rascar un poco para ver las capas de historia y de conflicto". Palabra de artista. 

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