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la larga precampaña municipal

Pendientes del aterrizaje de Valls

La posible candidatura del exprimer ministro francés a la alcaldía de Barcelona abona unas municipales identitarias

El independentismo se resiste por ahora a formar el frente común que propone el tertuliano Jordi Graupera

Toni Sust

Valls recibe un premio de Societat Civil Catalana, el pasado lunes.

Valls recibe un premio de Societat Civil Catalana, el pasado lunes. / FERRAN NADEU

Abbas Ibn Firnas es considerado el primer paracaidista de la historia. Vivió en Al Ándalus. Nació en Ronda, Málaga, en el 810 y murió en Córdoba en el 887. En esta segunda localidad, en el 852, se tiró desde una torre con una gran lona que atenuó su caída. Sufrió heridas leves. Precursor de la aeronáutica, con su nombre han sido bautizados un cráter de la Luna, un aeropuerto en Irak y un puente en Córdoba.

El último paracaidista es Manuel Valls Galfetti, nacido en Barcelona en 1962 de forma relativamente accidental: sus padres, el pintor Xavier Valls, catalán emigrado a Francia, y su madre, suiza, residentes en el país vecino, decidieron trasladarse a la capital catalana para que el feliz alumbramiento tuviera lugar en ella. Ahora, Valls sopesa aceptar la oferta de Albert Rivera de convertirse en candidato a la alcaldía y disputársela en mayo del 2019 con Ada Colau y Alfred Bosch, por citar a los que parten con mayoría, si bien más o menos exigua e imprecisa, en las quinielas sobre unas elecciones municipales que se presentan más reñidas que nunca.

Este último pronóstico, el de que el resultado podría dejar a varios partidos con prácticamente los mismos concejales, contribuye a que en Ciutadans se haya impuesto una convicción: si Valls logra quedar en primer lugar en número de ediles, gobernará Barcelona. Es lo que le pasó a Ada Colau al lograr sus 11 representantes, argumentan voces del partido de Rivera. Sin embargo, Colau no solo gobernó por ser la más votada: la imposibilidad aritmético-ideológica de una suma entre sus rivales evitó otro escenario. Igual la próxima vez hay una mayoría alternativa al ganador.

El frente antagonista

También el mundo independentista tiene su paracaidista. Se llama Jordi Graupera, es tertuliano y filósofo, y vive en Nueva York desde hace unos años. A diferencia de Valls, no ha sido tentado para ser alcaldable por partidos ya existentes. Es él quien propone a los partidos unas primarias abiertas, en las que la galaxia soberanista elija a los candidatos. Es una operación compleja, porque el PDECat y ERC no se han mostrado eufóricos al respecto. En el primer caso, Neus Munté y Carles Agustí se disputan la candidatura en un proceso de primarias que concluye el 12 de mayo. En el segundo, Alfred Bosch ya ha sido confirmado como alcaldable.

Antes de presentarlo, Graupera informó de su proyecto al expresidente Carles Puigdemont, al que acudió a visitar a Bélgica, al exalcalde Xavier Trias y a Bosch. A Trias y a Bosch les contó sus planes mediante Skype, desde Nueva York. Las primarias que postula el tertuliano y filósofo ya han recibido casi 25.000 firmas de apoyo, pero también un tremendo silencio por parte de exconvergentes y republicanos, que por lo ‘bajini’ comentan que Graupera lleva demasiado tiempo fuera de la ciudad y que no ha exhibido propuestas ligadas al día a día del mundo local. Sin embargo, militantes de estos partidos y algún dirigente reman para que se apueste por un Junts per Barcelona en las municipales. Un frente independentista que como idea cogería más fuerza si delante tiene un Juntos por España, por simplificar un supuesto pulso electoral marcado por el factor identitario. La posibilidad de que Puigdemont defienda esta fórmula en algún momento sería combustible para Graupera.

Valls se lo piensa

Hay quien dice que un elemento no acaba de convencer a Valls: el de ser candidato solo de Ciutadans. Según esta versión, el exprimer ministro francés preferiría ser el alcaldable de una plataforma que agrupe a los defensores del constitucionalismo en Catalunya, Ciutadans, el PP y el PSC, con quienes tan cómodo se ha sentido en diferentes actos.

Un miembro de Ciutadans da por hecho que si Valls queda en cabeza, el PSC y el PP no podrán negarse a darle a su apoyo. Un miembro que, con cierta maldad, apostilla que para ello es necesario que los populares no se queden fuera del consistorio por no alcanzar el 5% de los votos (en el 2015 obtuvieron un 8,7%).

Todos estos preparativos corren el riesgo de chocar con la realidad, por lo menos la conocida: hasta ahora siempre en las municipales el voto ha estado marcado por la lógica de la política local. No del todo, es cierto: cómo si no hubiera entrado Ciutadans en el consistorio en el 2015 por primera vez con cinco concejales. Pero nunca hasta ahora el pulso político entre independentismo y constitucionalismo decidió la alcaldía de Barcelona.

La esperanza de Colau

Eso es lo que espera Colau –candidata por confirmar oficialmente en un proceso interno pero oficiosamente confirmada-, que el procés no afecte a las municipales y que el debate sobre la ciudad impere. Barcelona en Comú aparece como el enemigo a batir, y perdiendo uno o dos concejales corre el riesgo de perder también la alcaldía. Pero también puede concretarse una alternativa no ensayada todavía, una alianza entre los comuns y ERC, si los números lo permiten y se da una condición indispensable: que los republicanos hayan roto dentro de un año con el mundo de la antigua Convergència Democràtica de Catalunya en sus diferentes manifestaciones actuales.

Denunciar a Valls y a Graupera por paracaidistas tiene su base. Uno no ha participado nunca de la política barcelonesa ni de la catalana ni de la española, más allá de su aportación al discurso contrario al procés, y el otro lleva años en el extranjero, pese a ser un activo favorable a la secesión desde las redes sociales y las tertulias. Pero sería justo recordar que al ayuntamiento han llegado otros por la misma vía desde más cerca. Los paracaidistas institucionales que los partidos enviaron a la vida municipal sin que tuvieran experiencia previa en ella. No tenían más conocimiento que Graupera o Valls de cómo funciona la recogida de las basuras.

Probablemente animado por el éxito de su primer salto, Abbas Ibn Firnas volvió a las andadas más de 20 años después, en el 875, cuando ya tenía 65. En esa ocasión, se hizo elaborar unas alas de madera recubiertas de seda adornadas con plumas de pájaros. Voló unos 10 segundos. Sobrevivió de nuevo -no murió hasta 13 años después-, pero esa vez se partió las dos piernas.