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BARCELONEANDO

Vallès contra la peña chunga

El artista barcelonés no es un dibujante secreto sino un dibujante íntimo; en su obra se convierte en definitivo lo que no tiene importancia

Javier Pérez Andújar

El dibujante Vallès. 

El dibujante Vallès.  / RICARD CUGAT

En Vallès se convierte en definitivo lo que no tiene importancia. En una viñeta de su nuevo libro un tipo va a votar y el presidente de la mesa le dice que tiene sucias las uñas. Vallès acaba de autoeditarse, y reparte el libro a título personal. Llamarle clandestinidad a esto sería traicionar el sentido y la sensibilidad de las palabras, pero sobre todo sería confundir las cosas.

Vallès no es un dibujante secreto sino un dibujante íntimo. Es un pequeño libro, un cuadrado lleno de imágenes fascinantes como aquellas maravillosas televisiones de plástico que enseñaban ciudades a través de un visor. Lo ha titulado 'Fast food' con una frase rápida. En su trazo también hay velocidad. Vallès es un tipo tranquilo que piensa rápido.

Vallès se encuentra en el nexo entre 'El Papus' y 'El Víbora'

Fue el dibujante Gallardo quien nos presentó, no hará un año, en una terraza del paseo de Sant Joan que llevan unos chinos. Bueno, se lo había pedido yo a Gallardo, porque con las historietas de Vallès siempre he flipado desde que empecé a leer los Aguirre en 'El Víbora'. Gente chunga, pero no por mangui sino por normal, así son sus personajes. Lo que había de épica del hampa en el Niñato, en Makoki, de Gallardo y Mediavilla, en las páginas de Vallès se convertía en ruindad de la clase media. El tío Emo, con su porra, era el sueño hecho realidad de los Aguirre, con su perro. Se trataba del mismo sujeto con oportunidades diferentes. No hay más que verlos juntos.

Siguiendo a Vallès se demuestra culturalmente que 'El Víbora', por encima de un tebeo para supervivientes, fue sobre todo la gran revista de Barcelona. De entrada, porque la ciudad aparece dibujada número tras número en las páginas de la publicación, eso si no se está proclamando a gritos desde su portada. Tras los pasos de Vallès descubrimos una corriente profunda, una escuela autóctona, la personalidad pocas veces señalada del dibujo barcelonés.

Ironía y decencia

Cuando aparece 'El Víbora', él ya es de los veteranos del grupo, viene de guerras anteriores. Gallardo, Mediavilla, Max, Martí, Onliyú... son todavía unos chavales. Nazario, no. Este era el mayor de todos y ejercía de papisa mística del 'underground'. Hacía tiempo que Vallès se ganaba la vida como dibujante profesional. Hacía tiempo que había preferido el lápiz al maletín. Estudió Económicas y Derecho (aquí, con Vila-Matas); pero no pudo evitarlo y siguió la llamada de lo que no tiene importancia. Así es como Vallès lucha por hacer de la ironía el último gesto de decencia.

A través de 'El Víbora' se revela una Barcelona sin miedo a nada ni a nadie, que es la que antes se había manifestado en 'El Papus'. La basca de Makoki no está tan lejos de la pandilla de Maki Navaja (bueno, esta serie la sacó Ivà en 'El Jueves', pero 'El Papus' e Ivà van de la mano). Ivà viviendo en la pensión Don Quijote de las Ramblas, llena de maderos sin piso, pillándoles el lenguaje a los chorizos, cazando el habla nocturna de los bares, creando con todo ello una lengua viva y nueva que fluye de sus historietas, hace lo que luego volverá a conseguir Mediavilla al meterse en los rincones de todos los tugurios de Barcelona para anotar disimuladamente cómo se expresa la gente de la droga, de la cárcel, del trapicheoLa calle.

Mediavilla es con Ivà el otro gran creador del lenguaje barcelonés. Por supuesto, hay otras muchas Barcelonas y todas están en nuestros tebeos. Existe una arrebatadora, donde lo moderno no quita lo valiente, que va desde el Pulgarcito más delicado (el de CifréJorge...) hasta Cairo de Joan Navarro.

Línea ácrata

Vallès está en el nexo entre 'El Papus' y 'El Víbora'. Aparece fotografiado en las portadas de 'El Papus', y en las 'Papunovelas', y allí firma sus viñetas como Ballés, porque tampoco el nombre de uno tiene importancia. En ningún momento Vallès se aparta de esa línea ácrata del dibujo barcelonés, y por eso rastrear su camino sirve para reconstruir un mundo gráfico al que nunca se ha puesto nombre. Vallès se ha profesionalizado a la vez que entra en la universidad. Lo hace en 'Tele-Cómico', una revista de humor, donde su jefe directo se hará luego muy famoso con el nombre de Señor Barragán. La edita Exclusivas Ferma.

La basca de Makoki no está tan lejos de la de Makinavaja

Juanjo Fernández, el hijo del dueño, montará desde ahí las revistas 'Star', 'Bésame Mucho', y la colección 'Star Books'. Vallès pasará a la revista 'Mata Ratos' siendo el director Conti (el creador de Carioco), un tipo muy serio que dibuja unos chistes muy graciosos. Aquí coincide con el Perich y con los futuros fundadores de 'El Papus': Ja, Óscar, Ivà. Después Perich Vázquez Montalbán montan 'Por Favor', y también trabajará con ellos, y asimismo en 'Muchas Gracias', que fue como se llamó 'Por Favor' mientras estuvo prohibida.

Vallès es dibujante desde que iba al colegio de Sant Miquel de la calle de Rosselló (de los padres misioneros del Sagrado Corazón). Las pizarras donde estudió serían más tarde las de Martí, el autor que dio a 'El Víbora' series como 'Taxista' y 'Doctor Vértigo'. Dos chavales del barrio del mercado del Ninot nacidos para dibujar. Barcelona es una ciudad dura de pelar, sobre todo cuando ríe. Ahora Vallès tiene 70 años y Martí 62.

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