09 ago 2020

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SALUD PÚBLICA

Droga mal cortada y peligrosa

Las dosis analizadas demuestran que casi todas han sido adulteradas con paracetamol, cafeína o diazepam

El consumo supervisado es más seguro para los adictos y evita los conflictos vecinales

Guillem Sànchez / Barcelona

Un adicto se prepara una inyección de heroína.

Un adicto se prepara una inyección de heroína. / AFP / SPENCER PLATT

Los efectos secundarios del fenómeno de los narcopisos en el Raval de Barcelona son tan devastadores para las comunidades de vecinos como para los propios consumidores de heroína.

El 'caballo' que se distribuye en el interior de estos domicilios es de una "calidad pésima", subrayan fuentes policiales. El síndrome de abstinencia reaparece a las pocas horas de haberse inyectado una dosis y, en consecuencia, los viajes de los adictos a estos puntos de venta son constantes durante todo el día.

Los análisis realizados en el laboratorio de Energy Control, agencia perteneciente a ABD, han constatado que la heroína que consiguen los consumidores que acuden a la narcosala Baluard -en el Raval- ha sido altamente adulterada. Los camellos la habían cortado sobre todo con paracetamol cafeína. Pero también con diazepam y con dextrometorfano. Estos dos son mucho más peligrosos. El primero especialmente porque puede provocar una depresión respiratoria que resulte fatal.

La existencia de las narcosalas, los Centros de Atención y Seguimiento (CAS), se basa en una doble estrategia que intenta apartar a los adictos a la heroína de la calle y desengancharlos. En estos espacios, los toxicómanos pueden inyectarse la droga que hayan comprado ellos. Pero existen garantías de que lo hacen en un entorno que cuenta con médicos que podrán ayudarlos si se produce una sobredosis (en España siguen falleciendo centenares de personas por este motivo) y utilizando jeringuillas esterilizadas (esta adicción se mantiene como una puerta de contagio del sida o de la hepatitis).

La narcosala Baluard, ubicada dentro de un espacio propiedad del Museu Marítim de Barcelona, será trasladada en otoño al CUAP de Peracamps. El cambio, motivado porque el dueño de este espacio lo reclama para uso museístico, no cambiará las prestaciones del equipamiento. Seguirá siendo un lugar en el que pueden comer algo y ducharse. 

La existencia de los narcopisos ha añadido mucha complejidad a la tarea de los profesionales que combaten el consumo de heroína. En las salas de venopunción resulta algo más sencillo desenganchar a los toxicómanos por la vía de la metadona.