50 AÑOS DE UN BARRIO HISTÓRICO

Sabiduría rima en femenino

Las Dones Sàvies ponen al servicio de Sant Cosme su amplia experiencia en los desafíos que acechan al barrio

Son activistas de más de 60 años que han superado el reto añadido de ser mujeres en un entorno de hegemonía masculina

Algunas de las Dones Sàvies de Sant Cosme. Antonia, Nico, María, Mercedes, Marti Cruz, Adoración, Iluminada y Emilia.

Algunas de las Dones Sàvies de Sant Cosme. Antonia, Nico, María, Mercedes, Marti Cruz, Adoración, Iluminada y Emilia. / JULIO CARBÓ

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En un mundo más justo, más amable y respetuoso, el más viejo del lugar sería una institución venerada en cualquier comunidad. Pero hubo un momento en el que la ambición de las nuevas generaciones se llevó por delante costumbres ancestrales tan necesarias como los consejos de ancianos, con los que aprender del pasado para alcanzar un futuro más próspero. Por suerte no todas las tribus son iguales y en la de Sant Cosme las canas son referencia en el imaginario colectivo, a contracorriente de un universo entregado a los dictados de una modernidad mal entendida. Doble mérito al saber que esas canas no adornan cabezas de varones, sino de mujeres, quienes por su condición sexual han debido luchar el doble para hacerse valer en un entorno demasiado olvidadizo y machista.

Nico Herance

DONA SÀVIA

Nos ganamos la confianza de los chavales porque hemos pasado por situaciones tan difíciles que no nos cuesta ponernos en su piel

Porque en Sant Cosme no encontrarán voz más autorizada que las de esta veintena de mujeres de entre 60 y 85 años a las que todos identifican como las Dones Sàvies, un colectivo impulsado por el Ayuntamiento de El Prat y acompañado por el Grupo Asociados para el Trabajo sociocultural (GATS), para iluminar los entresijos de la vida comunitaria con la solvencia de quienes han tenido un papel preponderante en la transformación del barrio y en la cohesión comunitaria.

Ya les gustaría que no hubiera sido así, pero las circunstancias les empujaron a un bagaje que atesora una extensa hoja de servicios con incursiones en terrenos tan hostiles como la droga, la marginación y cuantos desafíos atentaran contra el equilibrio de su hábitat. "Nos ganamos la confianza de los jóvenes porque hemos vivido situaciones tan difíciles que no nos cuesta ponernos en la situación de los que lo pasan mal", sostiene Nico Herance.

GENEROSIDAD

Emilia Lafuente repasa algunas de esas campañas vecinales pretéritas y recuerda que las caceroladas --"a las cuatro de la mañana, que cuanto más jaleo, mejor"--, no son cosa de antes de ayer, sino que ya fue una de sus armas para reclamar instalaciones sanitarias dignas o líneas de buses que conectaran al vecindario con el resto del mundo. "También nos echamos a la calle por los destrozos de la droga, que empezó con chavales de 13 o 14 años esnifando cola y acabó con la heroína arruinando a muchas familias", añade.

La suya fue, es, una resistencia inquebrantable y con la generosidad de ceder el protagonismo a los hombres, "los que recibían a los gerifaltes", mientras ellas aguardaban entre las 'trincheras' del vecindario, como explica Conchita Castells. "Hubo quien tenía interés en hacer creer que éramos inútiles, pero demostramos que no era así; hoy en día es algo contra lo que no tenemos que luchar porque los chavales valoran nuestra experiencia y nos escuchan", realata. 

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Compromiso comunitario que no les resta tiempo para dedicarse a colaborar en proyectos de radio, teatro y allá donde las reclamen, como explica María Godoy, que no se siente cómoda con su consideración de sabia. "No me veo así, yo solo puedo compartir mi experiencia de vida por si le sirve a alguien", destaca. Y por si le puede servir "a los poderosos" allí va su mensaje de cabecera: "No se puede ser grande sin ayudar al pequeño; espero que acaben por darse cuenta, porque no me quiero ir con la pena de dejar un mundo peor".