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INICIATIVA SOCIAL EN BARCELONA

Encantes solidarios

La Fundació Acis se financia con los fondos que saca de L'Encant de Gràcia, tienda de segunda mano que funciona con voluntarios

La entidad, que acaba de recibir la Creu de Sant Jordi, tiene una guardería, un colegio y una escuela de jóvenes y adultos con problemas

HELENA LÓPEZ / BARCELONA

Un grupo de estudiantes en la escuela para jóvenes y adultos de la Fundació Acis en la calle de Molist, hace unos días.

Un grupo de estudiantes en la escuela para jóvenes y adultos de la Fundació Acis en la calle de Molist, hace unos días. / DANNY CAMINAL

Si existe o si ha existido en otro tiempo tiene muchos puntos para estar en L'Encant de Gràcia, la enorme tienda de objetos de segunda mano situada en la céntrica calle de Astúries, en el corazón de Gràcia. El local, una vieja fábrica, fue inaugurado hace casi 20 años y es propiedad de una de las voluntarias de la veterana Fundació Acis, que lo cede de forma gratuita. Y el inmueble no es lo único cedido. Todo en L'Encant de Gràcia proviene de un acto de solidaridad. Absolutamente todo lo que venden -y lo venden todo- es material donado por vecinos o conocidos. No tiene tampoco trabajadores. Todos los vendedores -la mayoría vendedoras- son voluntarios, igual que los que limpian, tasan y ordenan el género. Todo por la causa.

Antigüedades, artesanía, cerámica, monedas, sellos, juguetes, música... En el espacio destaca tanto la cantidad como la variedad de lo expuesto. Aunque la principal característica es el orden. Lo ordena todo con esmero la legión de voluntarios. El dinero que genera la tienda va íntegramente a la fundación, creada en 1962, y que hace unos días recibió la Creu de Sant Jordi de la Generalitat por su labor social y cultural en sus 55 años de historia.

Entre el público de L'Encant, modernos de Gràcia -¿qué puede gustar más a un moderno que un anticuario?-, estudiantes de Erasmus sabedores de que allí pueden encontrarlo todo para equipar un piso, profesionales del cine buscando el atrezo imposible para un rodaje. Aquí nada es imposible, como casi nada lo es para la fundación a la que pertenece la tienda y le da sentido.

LOS PROYECTOS

Cuando Núria Marcús, la educadora social, les planteó en el marco de la asignatura de Habilidades Sociales la propuesta de Amics de la Gent Gran, la reacción de los chicos no pudo ser más entusiasta. "Salieron muchas ideas, muchas buenísimas. Despuntó enseguida la idea de hacer algo relacionado con cocina. Todos tenían claro que nadie cocina mejor que una abuela", explica la educadora social, orgullosa de sus chicos. Finalmente decidieron invitarlas, que las abuelas fueran al colegio y les hicieran un taller de cocina. Se preocuparon de todo. Sobre todo de cómo llegarían hasta el centro, en lo alto de la empinada calle de Molist. La experiencia fue un éxito, tan emocionante para las ancianas como para los chavales. Tanto que se hicieron con el segundo premio en el concurso organizado por la entidad de ayuda a las personas mayores que viven solas. Un premio que están pensando en invertir en una mesa de pimpón fija para el agradable patio, en el que tienen hasta un gallinero de bioconstrucción con tres gallinas a las que los chicos han bautizado.

Los chavales de Núria son los alumnos de la Unidad de Escolarización Compartida (UEC) del Centre de Joves i Adults de la Fundació Acis, ubicado en el barrio de la Salut. 30 chicos de entre 14 y 16 años derivados de institutos de toda la ciudad como medida excepcional. Chicos y chicas que no quieren estudiar, pero que están en edad de escolarización obligatoria. "Aquí intentamos que se reconcilien con el mundo académico y con el mundo en general", dice Marta Jori, directora del centro.

CAMBIO DE MIRADA

Por la tarde, cuando los chicos del UEC terminan la jornada, el espacio se convierte en escuela de adultos para personas con discapacidad, que trabajan en el jardín y el huerto, y hacen talleres "adaptados a sus necesidades", explica Joan Millán, presidente de la fundación.

Además del centro de jóvenes y adultos y de la tienda, la fundación, creada en el barrio de Can Baró por tres jóvenes que querían alfabetizar a las chicas llegadas a las barracas del Carmel en los años 60, tiene una guardería y la escuela Artur Martorell.

Temas: Solidaridad