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POLÍTICA MEDIOAMBIENTAL

Reducir las partículas en suspensión evitaría 600 muertes anuales en Barcelona

Los ingresos hospitalarios aumentan durante los episodios de gran contaminación

La mala calidad del aire acorta en 14 meses la esperanza de vida media de los barceloneses

ANTONIO MADRIDEJOS / BARCELONA

Contaminación. Circulación lenta en una de las rondas de Barcelona

Contaminación. Circulación lenta en una de las rondas de Barcelona / JULIO CARBÓ

Si la presencia de micropartículas en el aire de Barcelona se redujera hasta los niveles recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la ciudad se ahorraría al menos 600 muertes prematuras cada año, además de infinidad de días de trabajo perdidos por cuestiones sanitarias, según muestra una estimación realizada este año por investigadores del Instituto de Salud Global (ISGlobal). Y la cantidad sería muy superior si se incluyeran otros contaminantes como los óxidos de nitrógeno (NOx) o el ozono troposférico, así como los efectos causados por el ruido.

 

“Las medidas contra el tráfico -explica David Rojas, epidemiólogo del ISGlobal y especialista en contaminación atmosférica- no han de ser vistas como un problema, sino como una solución que va a reducir muchas enfermedades y fallecimientos”, afirma. En su opinión, el verdadero problema es precisamente otro: las actuaciones previstas no son suficientemente contundentes ni inmediatas.

 

Los beneficios de las zonas verdes

Otra consecuencia beneficiosa de prescindir de los coches sería la transformación en zonas verdes del espacio actualmente ocupado por el tráfico, una posibilidad que reduciría las muertes prematuras anuales en otro centenar de casos, considera el epidemiólogo David Rojas. Un tercio de los habitantes de Barcelona, prosigue el estudio del ISGlobal, vive demasiado lejos de parques y zonas ajardinadas. "Además de absorber la contaminación, la vegetación protege del ruido e invita a los ciudadanos a practicar deporte", dicen los autores.


Rojas considera que la calidad del aire no llegará a niveles óptimos si las medidas propuestas y otras complementarias se aplican solo en la ciudad de Barcelona. En su opinión, es necesario un plan integral para toda el área metropolitana porque es precisamente la movilidad entre diferentes municipios la principal responsable del elevado tráfico actual. En la ciudad, según datos municipales, el 60% de los vehículos en circulación proceden de otras localidades. “Barcelona está haciendo cosas interesantes, pero sola no lo logrará -dice el investigador del ISGlobal-. La contaminación no conoce fronteras”.


El epidemiólogo considera que la clave es invertir en transporte público. “Para que el conductor se sienta atraído, debe ser lo suficientemente rápido, eficiente, puntual, con buena conectividad y que tenga continuidad. Favorecer las bicicletas no basta”.

Los modelos de cálculo desarrollados por la agencia municipal Barcelona Regional permiten hacerse una idea de las mejoras que experimentará la calidad del aire en la ciudad en caso de restringir una cantidad concreta de coches, todo ello combinado con variables meteorológicas, explica Xavier Querol, especialista del CSIC en el Instituto de Diagnóstico Ambiental (IDAEA) de Barcelona. Sin embargo, la eficacia de las medidas no se podrá cuantificar con exactitud hasta que el año que viene se pongan en marcha las primeras restricciones temporales con motivo de episodios intensos de contaminación.

LOS DATOS SOBRE LA MESA

La media anual de partículas PM10 (partículas de un diámetro inferior a 10 micras) en las estaciones de medición de la ciudad de Barcelona fue de 28 microgramos por metro cúbico de aire en el 2015, una situación que cumple la normativa europea (40 microgramos) pero que aún está lejos de los valores límite de la OMS (20 microgramos).

La UE no actualiza sus umbrales desde 1998, "por lo que los valores de referencia deberían ser siempre los de la OMS", afirma Querol. "Hemos mejorado en los últimos años, pero no lo suficiente", insiste.  

Rojas considera que la estimación de 600 muertos es conservadora y sin ánimo de causar alarma. De hecho, recuerda que hace una década investigadores del mismo instituto calcularon que cada año se producían 3.500 muertes prematuras en toda el área de Barcelona derivadas de la mala calidad del aire, así como una reducción media de la longevidad de los barceloneses de 14 meses. "Estudios en numerosas ciudades han observado una asociación incuestionable entre mortalidad y contaminación", insiste Rojas.

MÁS INGRESOS HOSPITALARIOS

Una evidencia clara del problema es que aumentan los ingresos hospitalarios en momentos de mala calidad del aire, con independencia de otros factores meteorológicos que también afectan a la mortalidad, como el calor o el frío, y de hábitos como el tabaquismo.

Ya en los años 80 del pasado siglo, un estudio estadounidense con más de un millón de personas observó que la mortalidad general se incrementaba en un 4%¿6% por cada aumento de 10 microgramos de PM2,5 (partículas de un diámetro inferior a 2,5 micras) en el aire, aunque en algunas patologías, como las bronquitis agudas, se alcanza incluso el 30%, según datos del ISGlobal.

El plan municipal de mejora de la calidad del aire se ha propuesto reducir en un 26% las emisiones de óxidos de nitrógeno y en un 30% las de micropartículas en suspensión, los dos principales contaminantes en el área de Barcelona, ambos vinculados a diversos cánceres y problemas respiratorios graves. Y como el tráfico rodado es responsable del 60% de la contaminación que se respira en la ciudad, está claro que los coches deben ser el sector más afectado por las políticas de control: concretamente, debería haber en circulación un 28% menos de vehículos.

 

EL CICLO DE LAS PARTÍCULAS Y LAS MASCARILLAS

Los vehículos generan una gran cantidad de partículas en el proceso de combustión de los motores y, en cantidades menores, como resultado del rozamiento de los neumáticos sobre el suelo y del desgaste de las pastillas de freno. El tráfico continuo, además, agita peligrosamente las micropartículas de todo tipo que han quedado depositadas en la calzada. Los contaminantes acaban siendo absorbidos por las personas a través de la respiración y, si son suficientemente finos, acaban en la sangre.

Las mascarillas tienen una eficacia muy modesta puesto que la contaminación es continua -penetra en todos los lugares ventilados durante las 24 horas del día- y, además, no son capaces de filtrar partículas del tamaño de unas pocas micras.

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