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CURSA DE BOMBERS

Paula Pérez: "Simplemente por ser una carrera de bomberos ya hay buen rollo y fiesta"

La funcionaria del parque de Sant Andreu es una de las pocas mujeres que prestan servicio en el cuerpo de intervención barcelonés

DAVID GARCÍA MATEU / BARCELONA

Paula Pérez.

Paula Pérez. / FERRAN NADEU

Paula Pérez (Mataró, 1981) es una de las seis mujeres que forman parte del cuerpo de Bomberos de Barcelona. “Igual es un trabajo más masculino, las mujeres puede que tiendan más a otros empleos como la enseñanza o la enfermería”. En cambio, su vida ha estado siempre vinculada al deporte. Una juventud dedicada a estudiar INEF y entrenar en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat. Sesiones de triatleta que empezaban a las 6 de la mañana y se iban empalmando hasta que caía la noche. Ahora, a pesar de haber pasado por dos partos en poco tiempo, Pérez se tomará los 10 kilómetros de la Cursa de Bombers con humor.

A POCOS DÍAS DE ‘SU CARRERA’

“Creo que ya la he corrido dos o tres veces”, dice. Unas pocas ocasiones que no quitan que sea “una experiencia" que le gusta mucho. "Incluso ya la había corrido antes de ser bombera”, asegura. “Simplemente por ser una carrera de bomberos ya hay buen rollo y fiesta; la carrera acaba siendo siempre muy chula”. Eso sí, confiesa que con el equipo de intervención todavía no la va a correr. “Tienes que estar muy fuerte para aguantar los 24 kilos durante 10 kilómetros…. Piensa que subir unos cuantos pisos ya te deja muerta”, garantiza. “En mi caso voy para pasármelo bien”.

Pérez no para. Si no está en el parque es porque está entre las telas aéreas de circo, en el gimnasio de kárate, subida sobre una bicicleta o calzándose para salir a correr. “Como tenía muchos amigos en el cuerpo de bomberos, me llamó la atención el tema y me lancé”, recuerda. El hecho de ser minoría femenina en el parque no le preocupa: “Siempre he estado rodeada de chicos; es algo natural y me gusta”. Además, avala que “el ambiente siempre es genial”. Una gran familia. “Incluso hay días que, como con los niños estoy ‘hasta aquí’, vengo para desconectar”, dice entre risas. “Si llevo dos semanas o más de vacaciones, ya quiero volver al parque”, asegura.

Sabe a qué hora entra, pero nunca a la que sale. Un factor que tampoco le representa ningún problema de cara a la conciliación familiar. “De hecho, mi pareja también es bombero; nos conocimos preparando las pruebas”, recuerda. Y si no, sus compañeros del parque de Sant Andreu le ayudan a pasar las horas de guardia: “Nos pasamos todo el día entre bromas y ‘zambullos’ de agua”. “Cuando ves a alguien por debajo despistado, lo más fácil es que otro vaya a la cocina, coja una olla con agua y… ¡zasca!”.

LA ILUSIÓN POR HACER UN BUEN SERVICIO

“Aquí en un incendio todo el mundo quiere entrar primero”, apunta. Una organización de equipo en la que evidentemente ya no caben bromas: “Cuando subimos al coche ya sabemos cuál será la función de cada uno”. Luego el servicio puede ser más o menos fácil de superar. Eso sí, siempre hay heridas que cuestan mucho de curar. “Hace medio año fuimos a un accidente de moto donde el chico ya yacía muerto cuando llegamos. De repente vino la madre. Como vi que el Guardia Urbano fue muy brusco, quise hablar con ella y… fue muy duro”. Sin querer, al final se puso en la piel de la madre de aquél chico. “Un drama”, lamenta.

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