A la playa como sardinas

La mayor afluencia de turistas satura en algunas franjas horarias el metro y los buses que conectan con la Barceloneta y la Vila Olímpica

El suburbano del barrio marinero tiene el doble de entradas que en invierno los festivos de verano y el D20 alcanza los 20.000 pasajeros al día

Estación de metro de la Barceloneta, a finales de julio. / ELISENDA PONS

Estación de metro de la Barceloneta, a finales de julio.
Vagones llenos a media tarde en las estaciones de metro de la playa.

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PATRICIA CASTÁN / BARCELONA

Si existe el cielo, hace semanas que los tres vigilantes de acceso al metro de la Barceloneta y las parejas de agentes cívicos que peinan el barrio se lo habrán ganado. Ante ellos desfilan miles de personas por hora (la enorme mayoría turistas) que desbordan metro y autobuses y a los que en muchos casos hay que dar instrucciones para que lleguen a su destino. La ruta del que muchos llaman ‘el tren de la playa’ (la línea amarilla) tiene dos puntos calientes cada verano, las estaciones de Barceloneta y Ciutadella-Vila Olímpica, que este año arden ante la creciente afluencia turística. Un trasiego incesante y agotador que convierte en una aventura la movilidad en la zona.

El trajín, como resume Manolo, un jubilado sentado en un banco que ya no se espanta de nada, “es continuo, un no parar”. Pero estadísticas del 2015 en mano, si la Barceloneta un día laborable de invierno registra 11.000 entradas, en julio pasa a tragarse a 18.000  (un pelín más en agosto) y alcanza sus puntas de 20.000 los domingos. En la estación siguiente (dirección a Badalona), los 8.300 usuarios de temporada baja se convierten en 12.700 en agosto y en 15.000 los festivos. Teniendo en cuenta el éxodo estival de barceloneses, queda claro que ese río de bañistas y paseantes del frente marítimo son sobre todo guiris dibujando la senda de la chancleta y el short.

Las medidas estivales de TMB

Según TMB, se han reforzado los coches de las líneas de bus D20, V15, 59, 39 y 45. También se han sustituido los que son estándar por los articulados, donde caben hasta 120 personas, en las tres primeras. La empresa afirma que mantiene buenos intérvalos a lo largo de todo el día, de 8 minutos en la H16 que circula por avenida Icària y Carmen Amaya, y que ha prolongado la V13 desde el 19 de julio, como nuevo cordón a la Barceloneta. Destaca que la D20 y la V15 van a intervalos de 6-8 minutos los días laborables y el fin de semana se refuerzan con buses que llegan hasta Urquinaona o plaza de Espanya, como puntos intercambiadores. Agrega que la oferta de cada verano se establece según la demanda prevista en función de los anteriores años, aunque está por ver si el 2016 de récords turísticos elevará también el récord de las estaciones más concurridas. 

Contador en mano, en la estación de la Barceloneta entraban la tarde del martes unos 160 viajeros en poco menos de cuatro minutos, el tiempo que casi separaba un tren de otro. El número de viajeros entrantes habría sido superior si la mitad de los tornos no hubieran estado dedicadas a los que salían. Es el problema de que la estación tenga un único acceso, en el que coinciden los que salen del metro a la zona a pasear y los bañistas que se van. Clic clac, clic clac, las compuertas no dejan de abrirse y cerrarse al ritmo de las validaciones. Cada vez que un tren se acerca empiezan las carreras escaleras abajo para cogerlo, lo que es difícil porque ese primer tramo de andén está casi siempre saturado, sobre todo a las horas de regreso.

Como sucede con los autobuses, el momento en que más viajeros han de engullir los vagones es a la hora de volver de la playa, sea de 13.00 a 15.30  o de 17.30 a 20.30 horas, detallan fuentes de TMB. Por el contrario, la llegada al litoral es más escalonada durante el día. La alta actividad, no obstante, hace que en lugar de alterar las frecuencias de metro por franjas horarias como en el resto de líneas (punta y valle), en el caso de la L4 se mantenga la dinámica del resto del año toda la jornada, cada 4,49 minutos.

VAGONES LLENOS

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En muchos momentos la oferta cuadra con la demanda, pero en otros las puertas se cierran con los vagones hasta la bandera e incluso dejando gente fuera. La historia se repite en algunos autobuses, aunque muchos turistas desisten de este transporte ante el galimatías de líneas y transbordos que ven dibujado en las paradas. No hay cifras por paradas en este caso, sino que el recuento se hace por el conjunto de la línea, siendo la D20 "la más representativa de las líneas de playa". Según TMB los 17.000 pasajeros de invierno pasan a 21.000 en julio, pero el contraste es más acusado los festivos cuando el salto es de 10.000 a 17.700.

Los agentes cívicos dedican buena parte de su tiempo no a reconducir a íncívicos, sino a informar de cómo salir de allí. La muchedumbre suele optar por el metro, donde lo positivo es que ya no se cuela casi nadie.