BARCELONEANDO

Del despatarre masculino y otras cosas

El 'manspreading' y el 'shebagging' son las nuevas etiquetas del incivismo en el metro

Dos pasajeros del metro de Barcelona ocupando su asiento y parte del contiguo. 

Dos pasajeros del metro de Barcelona ocupando su asiento y parte del contiguo.  / AUGUST BLÁZQUEZ

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Natàlia Farré
Natàlia Farré

Periodista

Especialista en arte, patrimonio, arquitectura, urbanismo y Barcelona en toda su complejidad

Escribe desde Barcelona

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En el subsuelo de BCN  no todo es descortesía, también hay espacio para el arte y el diseño

Ser hombre, viajar en metro, y hacerlo sentado con las piernas abiertas ocupando más de un asiento tiene nombre: 'manspreading'. Y denuncia. Por lo menos en EEUU y especialmente en Nueva York. Las quejas ante tal actitud empezaron en el 2013 cuando Tumblr lanzó el blog 'Men Taking Up Too Much Space on The Train' (Hombres que ocupan demasiado espacio en el metro). A partir de aquí las redes se incendiaron con detractores y defensores del despatarre o despatarre masculino, que es como la Fundéu aconseja traducir el término. Para unos es una cuestión biológica: aquello que tienen en la entrepierna les impide juntar las rodillas; y para unas, además de una falta de cortesía, es un gesto de dominación: quitar espacio es ejercer poder sobre él. Y para muchos y muchas es sencillamente una cuestión de mala educación.

En Nueva York, el rifirrafe digital ha acabado en campaña institucional para que los caballeros cierren las piernas (un poco, por lo menos) y ha habido detenciones: dos que se sepa. Y no sin controversia. Algo impensable aquí. No lo de los arrestos o la polémica, sino lo de poder dejar espacio entre rodilla y rodilla en unos convoyes en los que últimamente no hay espacio ni para respirar. Es lo que tienen las jornadas de huelga, que la gente se amontona. ¡Qué  remedio!  Aunque si las cosas circulan con normalidad el despatarre es fácil de ver. Lo hay. Pese a todo, el incivismo alcanza sus cotas máximas con los asientos reservados. Para muestra un botón: el 45% de las embarazadas abandona el transporte público durante la espera; y el 50% de las que no lo hacen desisten de pedir que se les ceda un asiento. Su asiento. Lo afirma un estudio del RACC publicado a finales del 2015.

En asiento reservado o no, la práctica del despatarre masculino no es un problema en estos lares. No porque no lo haya sino porque no ha habido quejas. De manera que TMB no se plantea ninguna campaña para combatirlo, como tampoco se la plantean para la versión femenina de la descortesía en el metro, o sea, el 'shebagging'. Término para el cual la Fundéu aún no ha sugerido traducción, pero que consiste en sentar el bolso, la bolsa, las bolsas o todo lo que se acarree en el asiento o asientos contiguos. Práctica que suelen ejercer las mujeres pero de la que no tienen la exclusiva. Basta con recorrer un pequeño tramo de los 119 kilómetros que suma la red de metro para comprobarlo.

El neologismo, 'manspreading', y la campaña neoyorquina tienen poco tiempo de vida, pero no el fenómeno de despatarrarse. Ahí está Misha Pedan para corroborarlo. El fotógrafo ucraniano pasó durante dos años, entre 1985 y 1986, jornadas enteras en el metro de su ciudad, Járkov, fotografiando clandestinamente a los pasajeros. El resultado se exhibe, hasta mediados de julio, en el Espai Mercè Sala, el centro de exposiciones que hay en el vestíbulo de conexión de las líneas 3 y 5 de la estación Diagonal y dentro del  contexto del festival Docfield de fotografía documental. Y 'voilà': en la Ucrania soviética había 'manspreading', aunque no 'shebagging', a tenor de lo retratado y expuesto. 

BRUTALISMO INDUSTRIAL

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La de Pedan no es la única práctica artística que disfrutar en el metro estos días.  Hay también diseño, cortesía del festival de arte emergente Swab, que abrirá puertas a finales de  septiembre pero mientras llega la cita alegra el subusuelo barcelonés con intervenciones artísticas y efímeras, caducan el 22 de junio, en algunas zonas de paso. Concretamente en 15 escaleras de cinco estaciones. Todas céntricas. Así que las más modernas, esas de la línea 9 que muchos piensan que no están acabadas pero que en realidad sí lo están –cosas del brutalismo arquitectónico industrial–  quedan fuera del mapa creativo.

En la convocatoria han participado todas las escuelas catalanas de diseño más cinco de extranjeras, una por continente. El viernes pasado los jóvenes autores locales explicaron su experiencia artística y el porqué de sus trabajos (ciudades interplanetarias, jardines flotantes, gente conectada...) cerca de la exposición de Pedan. Se esperaba la presencia de uno de los representantes foráneos, el argelino Aitouche Ahmed Amine. No llegó a tiempo. Se perdió en el metro. Y no es una ironía.