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Dueños de pisos turísticos de Barcelona instalan sensores de ruidos para evitar conflictos

La iniciativa incluye un servicio de alerta directa al propietario o gestor en cuanto se registran las molestias

PATRICIA CASTÁN / BARCELONA

Con el verano a punto de irrumpir, la ciudad ya en notable efervescencia turística y el debate abierto sobre los efectos secundarios del turismo, el sector de los pisos por días ha preferido prevenir antes que curar. Para ello han querido añadir tecnología a lo que hasta ahora era mera buena voluntad para evitar conflictos vecinales. La innovación de esta temporada será la instalación -voluntaria- de un monitor de ruidos en tiempo real del que ya disponen en apenas unos días un millar de los 9.600 pisos turísticos con licencia de la ciudad.

La patronal Apartur, que aglutina unas 7.000 viviendas, está promoviendo el invento, barcelonés y pionero, para que el propietario pueda "interceder antes de que el exceso de ruido desemboque en problemas de convivencia", cuentan. Hasta ahora, cuando el gestor o dueño de un piso por días tenía conocimiento de molestias era porque los vecinos habían alertado a la Guardia Urbana o al titular de la vivienda. Es decir, cuando el mal ya estaba hecho. Con el nuevo monitor se pretende que el responsable del piso sea el primero en tener noticia de cualquier exceso acústico y le ponga solución. Sea telefónica o presencial, pero parando los pies al viajero. 

El objetivo es corregir las actitudes "inapropiadas" antes de que produzcan malestar entre los vecinos de la finca

Desde el sector insisten en que las quejas al ayuntamiento son mínimas sobre el total de oferta en la ciudad, pero consideran que esta herramienta puede afinar aún más la convivencia entre el negocio y el descanso garantizado de la comunidad de vecinos. Según el presidente de Apartur, Enrique Alcántara, ser "proactivo" puede permitir "evitar actitudes inapropiadas, con la amenaza que ello supone para la actividad".

LAS 24 HORAS

El operativo se resume en la colocación (fácil) de un instrumento, de nombre Roomonitor, que analiza patrones de ruidos mediante un algoritmo. No genera alertas por un ruido puntual, sino que recoge secuencias como "molestias breves intensas", relata a este diario Eduardo Suárez, cofundador de la empresa promotora, que ya ha servido cientos de unidades al mercado británico y holandés. "Es como tener una oreja puesta en el piso", dice. 

El aparato se instala en dos minutos, se activa según patrones de molestias predefinidos (incluso mínimas) y funciona las 24 horas. El gestor o dueño de la vivienda lo puede monitorizar mediante su móvil, tableta u ordenador en cualquier momento a tiempo real. Pero si detecta ruidos en plena noche, por ejemplo, se envía una alerta al titular. Este puede optar por resolverlo por su cuenta (algunas empresas gestoras cuentan con personal que se desplaza para ello) o incluso si se trata de un propietario particular de viaje o sin ganas de levantarse de la cama, puede pulsar la opción salvavidas y el servicio envía a un agente en moto al piso turístico. El aparato cuesta 149 euros, más 9,9 al mes de mantenimiento y servicios.