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Están construyendo una disco móvil jamaicana

Los cuatro altavoces de la línea de subgraves del 'sound system' de Rebelmadiaq impresionan

El colectivo se propone llevar a la calle una experiencia sonora que quite el hipo

Ramón Vendrell

Pablo, Uri, Rodrigo, Orson y Tòbal, con las cajas de los altavoces de subgraves del ’sound system’ de Rebelmadiaq.

Pablo, Uri, Rodrigo, Orson y Tòbal, con las cajas de los altavoces de subgraves del ’sound system’ de Rebelmadiaq. / RICARD CUGAT

Solo han construido las cajas de los cuatro altavoces de la línea de subgraves y ya impresiona y emociona. Son de tablero de abedul hidrófugo de alta densidad. Cada una mide 125 centímetros de alto, 63 de ancho y 76 de largo. Falta construir los altavoces de las líneas de graves, medios y agudos, todas también de cuatro unidades. Y falta terminar de decidir la preamplificación y la amplificación, en las que habrá elementos industriales y artesanales. Una vez acabado, hacia el verano calculan, será el 'sound system' de Rebelmadiaq.

Un 'sound system' es el equivalente jamaicano de una discoteca móvil. Pero con alma e intención. No es solo el equipo de sonido, aunque este importa y mucho, sino también las personas que lo manejan (selectores musicales, 'deejays', que es como se llamó en Jamaica a los primeros raperos, técnicos) y el mensaje que transmiten.

El ideal es 'word, sound and power'. Palabra, sonido y poder. Para la gente

El ideal es 'word, sound and power'. Palabra, sonido y poder. Para la gente. Porque la música jamaicana suele hablar de la vida de los jamaicanos. Además numerosos productores, figura crucial en la música jamaicana, han tenido su 'sound system' y lo han utilizado como plataforma de promoción de sus grabaciones, experimentación y lanzamiento de cantantes. Ver una actuación de Little Richard en un espectáculo de variedades para negros en 1950 debía ser la leche. Bailar en el 'sound system' de Coxsone Dodd en 1960 también.

Pablo Tudela, granadino afincado en Barcelona, es el cabecilla de Rebelmadiaq. Un fan de la música jamaicana que lleva 15 años difundiendo el evangelio. Para esta aventura ha formado una cooperativa con Tòbal Fernández y Oriol Jornet, de la empresa de sonorización Quesoni.

El desafío es trascender el pequeño circuito de locales y festivales de música jamaicana. "Queremos devolver la música a la calle -dice Pablo-. Hacer fiestas mayores. O sesiones de día en parques para toda la familia. ¿Por qué no?".

De ahí que el tablero de abedul de los altavoces sea hidrófugo: para resistir la intemperie.

La digitalización de la música nos ha robado la experiencia sónica

La digitalización de la música nos ha robado la experiencia sónica. Una buena discoteca de las décadas de 1970 y 1980 tenía un sonidazo. Uno de los números estrella del Sónar del 2014 fue una recreación de esas discotecas a cargo de James Murphy y 2manydjs. De vivencia casi cotidiana a espectáculo.

La configuración estándar del 'sound system' de Rebelmadiaq será un muro de sonido. Una pared de 16 altavoces a un lado, el personal que los alimenta al otro y en medio la pista de baile. "En un 'sound' no hay escenario -dice Pablo-. Nadie se preocupa de quién está pinchando o rimando. Es pura comunidad".

Vibración, impacto, calidez e hipnosis son las palabras que los impulsores del 'sound system' de Rebelmadiaq emplean para definir el sonido al que aspiran. "Es droga", dicen.

Los bajos golpean de mala manera en el vientre y te arrastran a hacer el indio

Los bajos golpean de mala manera en el vientre y te arrastran a hacer el indio.

Cuando una canción enloquece a los asistentes se dice que tiene 'forward'. Y cuando el selector y el 'deejay' manipulan una canción para dar solo pistas de cuál es, y la peña la reconoce, pide esta entonces 'pull up', o sea que vuelvan a poner el número desde el principio. Son solo dos ejemplos del ritual del 'sound system'. Están también los 'dubplates' o versiones de un tema hechas a medida de un 'sound system', las batallas de 'dubplates, etcétera.

El 'sound system' de Rebelmadiaq tiene intención de sacar toda esta cultura del gueto de los forofos de la música jamaicana. Rodrigo Laviña, compinche de Pablo, quiere decir algo al respecto: "La rumba es nuestro relato musical intergeneracional".

Imagínalo: quintales de vatios al servicio de 'El muerto vivo' de Peret o 'El jala jala' de Los Amaya en una playa de la Barceloneta. Próximamente, con un poco de suerte.