09 jul 2020

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UNA HISTORIA DE SANTS-MONTJUÏC... La Fundació Miró

La casa blanca del arte

El edificio que acoge la Fundació Joan Miró, obra de Josep Lluís Sert, encaja con el espíritu arriesgado del pintor y escultor. El arquitecto y el artista mantenían una gran amistad

SILVIA ALBERICH / BARCELONA

Ubicada en uno de los rincones más antiguos de los jardines de Montjuïc, la Fundació Joan Miró lleva más de cuatro décadas erigiéndose como un referente del arte contemporáneo, con obras donadas por el propio Joan Miró, que empezó a idear este proyecto a finales de los años 60. El ayuntamiento de Barcelona se implicó desde el principio en esta ambiciosa propuesta y cedió el solar en el que está ubicado actualmente el singular edificio blanco, con techos altos y formas cilíndricas y rectangulares.

El museo cuenta con tres patios interiores, creados como espacios de meditación y entretenimiento. La estructura, con tres plantas diáfanas, es obra de Josep Lluís Sert, arquitecto y gran amigo de Miró, que ideó una creación totalmente afín al espíritu arriesgado y curioso del pintor y escultor barcelonés.

Más de 13 millones de visitas

El 10 de junio de 1975, la Fundació Joan Miró abrió sus puertas al público y, desde el primer momento, tuvo una gran acogida. En 1984, un año después de la muerte del artista, el Patronato de la Fundació Miró decidió ganar espacio y encargó al arquitecto Jaume Freixa la ampliación del icónico edificio. «Freixa era discípulo y colaborador de Sert, y supo mantener la imagen y la armonía del edificio original sin que variase la primera impresión del mismo, manteniendo una gran coherencia», explica Rosa Maria Malet, directora del centro casi desde su creación.

Ralet llegó a residir en varias ocasiones en la casa del artista, del que aprendió muchas cosas en sus inicios profesionales, primero como ayudante y luego como conservadora del museo.

El principal reto de la Fundació Joan Miró, que ha acogido a más de 13 millones de visitantes en sus 40 años de existencia, es continuar difundiendo la obra de Miró. «Hemos digitalizado el fondo de la Fundación y, mediante la Cátedra Miró, estimulamos a los alumnos para que estudien su obra», añade Malet.

Precisamente, una de las exposiciones temporales que más éxito ha tenido en los últimos años es Miró y el objeto, abierta al público hasta el 17 de enero. Distintos objetos domésticos, como jarrones y adornos de cerámica, conviven con los coloridos cuadros del artista. «Miró te obliga a hacer un ejercicio de imaginación muy interesante», destaca Vivina Vilaplana, una jubilada de 68 años que visitó la exposición en familia. Para la mayor de sus cuatro nietos, Laia Moñino, de 8 años, «lo más divertido es intentar adivinar qué es cada escultura y, luego, mirar el cartel para ver si he acertado»