De la afición al trabajo

Una pareja organiza cenas en restaurantes para parejas de 'swingers 'que buscan socializar y conocer a sus potenciales compañeros sexuales

Jordi Montañés e Imma Tomás, en un restaurante de Barcelona, preparando una cena para el colectivo ’swinger’.

Jordi Montañés e Imma Tomás, en un restaurante de Barcelona, preparando una cena para el colectivo ’swinger’. / JOAN PUIG

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ISIDRE ESTÉVEZ / BARCELONA

Jordi Montañés e Imma Tomás son una pareja que acude a locales para 'swingers' desde hace años. Después de frecuentar la escena liberal como clientes entregados, decidieron hacer de su afición también una fuente de ingresos. Imma era responsable de una escudería de motos y él dirigía un bingo. La crisis les dejó a ambos en paro y vieron en su afición de fines de semana una oportunidad para compaginar ocio y negocio.

Así empezaron a organizar, con ayuda de sus contactos personales y utilizando las redes sociales, cenas en restaurantes dirigidas a parejas de 'swingers' que buscan socializar y conocer a sus potenciales compañeros sexuales en un contexto menos impersonal que el que ofrecen los clubs. Cada viernes y cada sábado congregan a quienes prefieren un preámbulo social antes de entregarse al juego carnal. “Se nos ocurrió porque nos resultaba muy frío ir directamente a un local para compartir sexo con gente de quien no conoces ni el nombre. Y vimos que a otros 'swingers' les sucedía lo mismo”, afirma Montañés.

Las cenas que celebran cuestan siempre 29 euros por persona con un menú cerrado, y tienen lugar en restaurantes convencionales de la ciudad. “En la primera cena fuimos trece personas”, señala Tomás. ¿Trece? El número impar de explica porque en ocasiones, pocas, alguna pareja viene con una tercera persona. En general, sin embargo, no pueden acudir hombres solos, como marca la ortodoxia del mundo 'swinger'. Los asistentes departen entre ellos, calibran si congenian y, tras la cena, deciden si ir juntos a un club, a la casa de alguien o simplemente proseguir la velada cada uno por su lado.

Las cenas cuestan siempre 29 euros por persona  con un menú cerrado y tienen lugar en restaurantes convencionales

Las cenas atraen incluso a parejas madrileñas, italianas o francesas que se desplazan a Barcelona para visitar alguno de los clubs de intercambio sexual de la ciudad y que prefieren socializar antes de pasar a mayores. El flirteo y los prolegómenos ganan peso, siempre sin abandonar el esquema de parejas que  se entregan a la promiscuidad sin renunciar a mantener una vida cotidiana perfectamente convencional. Jordi e Imma cuidan los detalles, y en ocasiones la cena incluye agasajar a los asistentes con algún regalo no por previsible menos bienvenido: “Solemos sortear algún vibrador o huevos masturbadores entre los asistentes”, detalla Tomás.

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Aunar la afición con el trabajo no siempre es fácil, y el pundonor profesional también se abre paso en este mundo: “La última noche de Halloween teníamos 52 personas en una cena. El mismo día me operaron de apendicitis, y no era cuestión de suspenderla. Hubiera sido una decepción para nuestros clientes. Así que mientras yo me despertaba de la anestesia en Vall d’Hebron, Imma estaba atendiendo a nuestros clientes”, explica impávido Jordi.

El éxito les ha impulsado a ampliar sus operaciones, y ahora los jueves organizan reuniones más informales consistentes en un pica-pica previo a la visita a algún club, con la particularidad de que en este formato sí admiten un número limitado de hombres solos. Que las parejas swingers son gente de lo más normal lo certifica que la asistencia a sus eventos es altamente sensible a variables tan 'mainstream' como un partido de fútbol: “Cuando juega el Barça estamos muertos”, se lamenta Montañés.

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