DONES SÀVIES

"A mi hijo lo miraban raro en el instituto por ser de Sant Cosme"

Conchita Castell relata las luchas vecinales para conseguir servicios básicos en un barrio degradado

Conchita Castell, miembro de las Dones Sàvies.

Conchita Castell, miembro de las Dones Sàvies. / DANNY CAMINAL

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VÍCTOR VARGAS LLAMAS / EL PRAT

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Todo los esfuerzos de Conchita Castell tienen el nombre de sus hijos. A ella le dolía como a la que más que a su vástago mayor le miraran "raro" y no se relacionaran con él al principio en el instituto de El Prat "por venir de Sant Cosme", entonces barrio proscrito. Otro incentivo más para conseguir centros escolares para un entorno degradado. Luego viendrían las reclamaciones para que llegaran más pupitres y más maestros con los que dar respuesta al aluvión del 'baby boom'. También debieron alzar la voz para pedir "ambulatorio" y transportes decentes.

Movimiento obrero y vecinal activo en  el 'cinturón rojo' barcelonés que no hubiera prosperado sin el empuje de las mujeres, obligadas a permanecer en la sombra en una sociedad demasiado patriarcal. "Nos querían hacer creer que éramos inútiles, pero no era así. Íbamos por las casas para dar consignas y que no se enteraran los chivatos del régimen", recuerda. Discreta, pero firme, Conchita sabe esperar su momento y relativiza el legado del ayer y la incertidumbre del mañana. "La única manera de garantizarte un futuro es centrar tus esfuerzos en el presente". Palabra de 'dona sàvia'.