UN MUNDO DESAPARECIDO

El Liceu y muchos otros espacios de Barcelona acogieron espectáculos de circo

Un libro desvela fotos inéditas de lugares insólitos que albergaron funciones circenses

El domador Mick Stevenson con sus leones en rodaje de ’El fabuloso mundo del circo’ en el Liceu, en 1963.

El domador Mick Stevenson con sus leones en rodaje de ’El fabuloso mundo del circo’ en el Liceu, en 1963. / GÓMEZ-GRAU (Colección Circus Arts Foundation, archivo Ramon Bech.)

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CRISTINA SAVALL / BARCELONA

El domador Mick Stevenson y sus cuatro leones en la platea del Gran Teatre del Liceu. Dos tigres sueltos dentro de La Monumental. Un oso pardo con bozal baila ante una tienda de ultramarinos. Un espectáculo de ratones adiestrados provoca colas en una carpa de la plaza Catalunya. Un paracaidista se lanza al vacío desde la cúpula del Teatro Tívoli. Un hombre bala sobrevuela el desaparecido Olympia de la Ronda de Sant Pau. Un grupo de elefantes sorprenden a los transeúntes en una concurrida avenida del centro de Barcelona. Todas son secuencias reales de las que habla con detalle Ramon Bech en su nuevo libro, 'La història del circ a Barcelona' (Viena Edicions).

"Barcelona fue una gran capital del circo durante los siglos XIX y XX. El objetivo de este libro es sacar a la luz un maravilloso pasado que se ha olvidado", señala Bech, quien en cerca de 500 páginas muestra imágenes de espacios desaparecidos y de otros todavía existentes que increíblemente acogieron espectáculos circenses. El más sorprendente es el Liceu, donde en 1963 se rodó 'El fabuloso mundo del circo', película de Henry Hathaway protagonizada por John WayneRita Hayworth Claudia Cardinale. Más allá de la ficción, Blondin, el célebre funambulista francés que fue el primero en atravesar las cataratas del Niágara, actuó en el coliseo operístico de la Rambla en 1863. "En los pórticos del Liceu se exhibían carteles con su retrato y fotos de su aventura en la frontera entre Estados Unidos y Canadá", cuenta el autor.

CARPAS EN LA PLAZA CATALUNYA

La plaza Catalunya dispone de un capítulo propio, ya que a finales del siglo XIX y a principios del XX albergó muchos circos. El primero data de 1871, cuando debutó el Circo Español, dedicado al espectáculo ecuestre en una antigua sala de baile. Años después la familia Alegría edificó en plena plaza el Circo Ecuestre Barcelonés, el primero que fue estable. "La burguesía, a diferencia de la clase obrera, disponía de tiempo libre, lo que fue determinante para la aparición de nuevas formas de ocio", informa el autor.

Otros espacios emblemáticos fueron las plazas de toros Monumental, Torín, en la Barceloneta, y Las Arenas. También el Paral.lel, la explanada que había detrás de la Sagrada Família, el Olympia y el Teatro Tívoli, adonde en 1897 se trasladó el Circo Ecuestre. Así este inmueble de la calle Casp, aún vigoroso, acogió el número de leones de la Condesa X, "que actuaba con una máscara que ocultaba su identidad". 

Las libretas con notas  de espectáculos circenses y los 8.000 negativos del fotógrafo e historiador Josep Vinyes han sido clave para la documentación

El libro descubre más de un centenar de fotografías y planos inéditos procedentes del archivo de Circus Arts Foundation, entidad con sede en Figueres (Girona) de la que Bech es cofundador junto a Genís Matabosch. Ambos son los impulsores del Festival Internacional del Circ de Figueres y del Gran Circ de Nadal de Girona y coleccionistas apasionados de carteles y de programas de mano, de todo tipo de material circense que custodian con la intención de en un futuro abrir un museo en Catalunya. Entre los tesoros de la fundación destacan las libretas con notas de espectáculos y 8.000 negativos de Josep Vinyes, historiador y fotógrafo aficionado al circo. "Su legado ha sido imprescindible", aseguran los dos. 

ESCASA BIBLIOGRAFÍA

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La trayectoria del circo en la capital catalana era una historia pendiente con escasísima bibliografía publicada. El referente hasta ahora era 'El circo en la vida barcelonesa', que Antoni Rué Dalmau escribió en 1947. "Pero sí que hay excelentes artículos críticos como los de Sebastià Gasch, Jordi Elias y Joan Tomàs", agrega Bech.

Matabosch, en el prólogo, explica que el libro revive la época dorada de un espectáculo cuando aún no sufría la fuerte competencia del ocio actual. "Ni las legislaciones que le acabarían amputando algo tan esencial como los animales artistas", precisa Matabosch, aludiendo a que el Parlament aprobó el pasado julio la modificación de la ley de protección de los animales para vetar la participación de especies salvajes en espectáculos de circo a partir del 2017. Asimismo una comisión estudia si también deben prohibirse los números con animales domésticos. "El hombre ha actuado siempre junto a animales. Se debe legislar, no prohibir. Hay muchos circos que cuidan de sus fieras. Persiste una doble moral. Hay personas que ponen el grito en el cielo al ver animales dentro de una carpa y que en su casa tienen un acuario lleno de peces", defiende Bech.

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