08 abr 2020

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barceloneando

El pecado original del crucerismo

'Vacaciones en el mar' dedicó en 1985 dos capítulos a Barcelona. Apetece pensar que fue aquello y no los JJOO lo que puso a la ciudad en el mapa del turismo de cruceros

Carles Cols

Varias escenas del capítulo de ’Vacaciones en el mar’ rodado en Barcelona / YOUTUBE

El año 2001 tuvo muy poco de la odisea espacial que en 1968 previó Stanley Kubrick. 1984 tampoco fue la distopía que en 1949 publicó George Orwell. El próximo miércoles, 21 de octubre del 2015, es otra fecha mítica, en este caso del cine palomitero. Es el día del futuro al que, en la trilogía de Robert Zemeckis, viaja Marty McFly gracias al condensador de fluzo, donde descubre los monopatines voladores, la realidad 3D sin gafas, las zapatillas que se ajustan solas al pie y que los Chicago Cubs ganarán las World Series de béisbol, algo que no han logrado desde 1908 y que, ¡glups!, parece que este año podrían conseguir después de que el pasado lunes vencieran a los Cardinals. Una inquietante profecía autocumplida. Pero como estos días se hablará tanto de Regreso al futuro como del prucés (bueno, tal vez tanto no), lo que a continuación viene es un viaje hacia atrás, a 1985, precisamente a la fecha de la que provenía el protagonista de Regreso al futuro y, concretamente a algo que aquel año sucedió en Barcelona, que pasó entonces inadvertido y que, según se mire, bien podría considerarse el pecado original que condujo a esta ciudad a ser lo que es hoy, la Babilonia del crucerismo mediterráneo.

La mayoría recordará Vacaciones en el mar, una de las series más populares de los 80. Visto con la perspectiva seriófila de hoy, aquel producto televisivo era algo empalagoso, pero la estructura era magistral. Había un núcleo central de protagonistas, pero el aire narrativo corría fresco gracias a que el barco, The Pacific Princess, cargaba pasaje en cada puerto, lo que daba pie a que subieran a bordo estrellas famosas de Hollywood, que daban vidilla a los capítulos, por muy predecibles que fueran. Aquello fue un arca de Noé de viejas glorias y jóvenes promesas. Por ahí pasaron, entre otros muchos y pillados al azar, Lana TurnerTom HanksAndy WarholVincent PriceLillian GishCourtney Cox y hasta los Village People al completo. Lo que interesa ahora, no obstante, son los capítulos 22 y 23 de la novena temporada de la serie, rodados en Barcelona, con Lorenzo Lamas en el papel del nieto de, cómo no, un torero.

Clímax flamenco

En la mayoría de los capítulos la acción transcurría en el barco, como aquel en el que, en un birlibirloque televisivo, las angelinas Kate JacksonJaclyn Smith y Farrah Fawcett resolvían uno de sus casos a las órdenes de Charlie, pero el de Barcelona, no. Vale la pena revisitarlo. Esta disponible, por poco que se busque, en internet. El capitán Merrill Stubing, el barman Isaac Washington, el doctor Adam Bricker y la relaciones públicas Julie McCoy se pasean por la Barcelona preolímpica y descubren lo que era entonces esta urbe, una ciudad sin turistas. En una de las primeras escenas hasta se le ve la popa de la réplica de la carabela de Cristóbal Colón que durante años lució atracada junto a las golondrinas del puerto. Los planos de la Rambla y el parque Güell están rodados a lo cine amateur, con los transeúntes mirando a la cámara, a ver qué pasa. El clímax llega con la inevitable exhibición de flamenco: el palmero de la izquierda es un entonces desconocido Chiquito de la Calzada.

Lo natural, visto el capítulo, es sospechar de inmediato que las compañías navieras transatlánticas, a las que tanto perjudicó en los 70 la irrupción del gigantesco Jumbo en la aviación comercial, veían en Vacaciones en el mar un medio a través del cual promocionar su apuesta por el crucero no como medio de transporte, sino como destino.

Lo más parecido a una experiencia crucerista que hasta 1985 había tenido Barcelona fue la llegada a partir de 1951 de la Sexta Flota de Estados Unidos, que tanto hizo por reverdecer el entonces mustio negocio de la prostitución local, materia que hasta le dio para un estupendísimo libro a Xavier Theros. Después llegaron los JJOO, y lo cómodo es decir que ese fue el kilómetro cero de la conversión de Barcelona en la capital indiscutible del crucerismo mediterráneo, pero, qué caray, lo que apetece es decir que en verdad fue en 1985, cuando McFlay viajaba al futuro y The Pacific Pricess atracaba en la ciudad.