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La crisis de los horarios fractura la patronal del comercio barcelonés

La plataforma que defiende la promoción de la ciudad internacionalmente gana adhesiones

El macroeje Barna Centre dejará de alinearse con las tiendas de barrio en pro de la liberalización

PATRICIA CASTÁN
BARCELONA

nadie quiere hablar de divorcios ni enfrentamientos, porque todos comparten el comercio barcelonés como motor económico, fuente de riqueza y cohesión urbana. Pero la crisis de los horarios comerciales, que abrió dos bandos, en defensa y en contra de la liberalización, ha sido la guinda para una fractura ideológica que se saldará con la inminente salida del comercio del centro (un millar de establecimientos bajo el paraguas de Barna Centre) de la Fundació Barcelona Comerç. Otros ejes podrían seguirle. Más allá de abrir o no en domingo, les separa una visión más tradicional y conservadora del comercio (vertebrada en la fundación), frente a la más liberal de la asociación Barcelona Oberta, que cree que la capital catalana debe sacar tajada de las oportunidades que da el turismo y promocionarse con decisión como destino de compras.

Hasta ahora, la Barcelona Comerç aglutina a ejes de barrio que van de Sants a Sant Andreu, e incluía desde sus inicios a Barna Centre. Las voces en favor de la ampliación horaria primero fueron tímidas y luego se convirtieron en un clamor desde  los ejes más turísticos, de la Rambla a la Diagonal, hasta que una decena de entidades comerciales se constituyó como Barcelona Oberta hace unos meses. El comercio del centro, Barna Centre, liderado por Javier Cottet y firme defensor por su atracción turística de la apertura en festivos, se sumó a la causa. Lo mismo que la Rambla. Pero pese a los muchos puntos que comparten con ambos colectivos -«en muchas cosas estamos de acuerdo con la Fundació», asume Cottet -, en otras cuestiones clave las discrepancias son tan evidentes que, por coherencia, se impone un divorcio amistoso.

En una metáfora futbolística, sería como ser del Barça y el Real Madrid a la vez. La discusión en algún momento está asegurada. Cottet, en su discurso durante la entrega de premios de Barna Centre, el pasado lunes, enfatizó que «el turismo es un aliado de la ciudad, no un enemigo», y también que el comercio «necesita del cliente y del vecino, del visitante de fuera que quiere conocer el centro y del propio barcelonés al que hay que hacer fácil llegar al centro». Pero su visión estratégica, «atraer inversión internacional y promover la nacional», se aleja de las posiciones más inmovilistas en algunos temas del pequeño comercio de barrio.

DISPARIDAD / Tras semanas de rumores, en el curso de la gala se especulaba sobre la baja de Barna Centre en la fundación. Algo que Cottet no pudo negar a este diario, y que el propio presidente de Barcelona Comerç, Vicens Gasca, ya tenía asumido. «Entiendo que hay algunos intereses que son distintos y que cada uno tiene derecho a defender una posición», dijo Gasca, que lamentó no poder alcanzar un acuerdo en el tema horario. También los comerciantes de la Rambla se plantean la misma salida, para centrar sus demandas aperturistas sin contradicciones. En el medio, Cor Eixample (casi 200 tiendas asociadas en la derecha del Eixample) se ha integrado también en Barcelona Oberta, cuyo carácter renovador aplauden. No obstante, explica Marisa Aparicio, siguen alineados con Barna Centre por compartir otros proyectos en pro del comercio de barrio. Su postura de momento es intentar acercar los intereses y posiciones. Su zona de hecho no pretende abrir en festivo, pero sí defienden que la ruta turística saque partido del potencial. El resto de núcleos comerciales, hasta casi la treintena, están a uno u otro lado. Y un par de zonas turísticas estudian su próxima incorporación al nuevo grupo.

La tregua no es fácil porque Barcelona Oberta sigue luchando para que, con el apoyo de algún grupo de la oposición, pueda plantearse un último intento para abrir las tiendas los domingos hasta las 20.00 horas y no hasta las 18.00, como se ha pactado de momento, los meses de verano de este año en las zonas turísticas. En el bando tradicional, hay miedo de que la medida atraiga a compradores barceloneses, en detrimento de sus ventas en los barrios entre semana. El presidente del colectivo, Gabriel Jené, cree que es cuestión de «adaptarse a nuevos entornos y de oportunidad de captación de la demanda», en un contexto de consumo cambiante.

El alcalde Xavier Trias reiteró ayer a este diario que no tomará ninguna decisión al respecto que implique «perjuicios» a alguna de las partes. Volvió a dejar la pelota en el campo de los comerciantes, en el caso de que se alcanzara un acuerdo. En su discurso, eso sí, abogó por buscar «cohesión y entendimiento entre el gran potencial económico y turístico» y «la vida de muchos barceloneses». «Sin actividad económica no hay bienestar social», remató.

Cottet defendió a ultranza que la apertura completa en domingos de verano atraería solo al turista, pero Gasca lo pone en duda y no acepta arañar más horas.

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