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Miles de universitarios llegan a Barcelona de fiesta

Dos festivales de música son los grandes reclamos durante tres días

Son estudiantes de EEUU que acuden por las vacaciones semestrales

PATRICIA CASTÁN / BARCELONA

Adiós a los encorbatados congresistas de todo el mundo del rutilante Mobile World Congress. Hola a los licenciados estadounidenses del futuro... que de momento son estudiantes con hambre de marcha. La tendrán durante tres largos días en Barcelona, donde convivirán dos festivales discotequeros creados por y para ellos. Celebran el popular spring break, algo así como sus vacaciones de fin de semestre, con Barcelona convertida en su destino de ocio y relax en Europa. Se calcula que entre 6.000 y 10.000 participarán estos días en las fiestas que se celebran en cinco locales barceloneses, y que anoche comenzaron, aunque las cifras finales son difíciles de cuantificar porque el desembarco incluye en muchos casos a familias de los universitarios que aprovechan las minivacaciones para visitar la capital catalana y reunirse con ellos.

¿Hay que temer un seudo Saloufest? Fuentes de las dos organizaciones, que van por separado, defienden a la tropa asegurando que son jóvenes (de 19 a 24 años), que estudian varios meses o todo el año fuera de EEUU, con un importante desembolso económico y normalmente de clase media alta. El director de Abroadfest, Robert Massanet, mantiene que el universitario norteamericano de marcha puede ser algo ruidoso, pero «es cívico y pacífico».

El origen del asunto arrancó hace tres años, cuando la empresa PSG, que organiza festivales de este tipo en EEUU (sobre todo en Miami, por el buen tiempo y la playa), quiso crear una convocatoria europea. Sus fundadores habían sido estudiantes de programas abroad (en el extranjero) en Barcelona y la eligieron como sede continental. Se le llamó Abroadfest, y este año llega a su tercera edición, también con la promotora local De Lis Group pero cambiando de escenario, ya que se celebrará en las salas Razzmatazz (ayer noche), Danzatoria (hoy por la tarde y la noche del sábado), Under Club (hoy noche) y Shôko (tarde del sábado), con más de 10.000 entradas (algunos tienen abono de tres días) y el aforo ya casi completo.

En paralelo, la macropista de Opium Mar, que en años anteriores acogió el festival, crea su propio montaje con el nombre Springfest y un buen elenco de discjockeys como reclamo durante los tres días y unas 5.500 entradas en juego. En ambos casos, anoche tenían la cita reina.

La música y las fiestas son el gancho, pero el viaje a Barcelona implica también tres jornadas para hacer turismo y, teóricamente, como se invita desde las dos webs de las organizaciones, descubrir la cultura y gastronomía de la capital catalana, si les queda tiempo. No hay cenas organizadas y cada cual va por libre.

A prueba

Está por ver si el reguero del spring break barcelonés se traduce en borracheras, escenas de botellón o conductas fuera de tono de las que en los últimos años han alentado cierta turismofobia en Barcelona. O si su conducta es modélica, aunque tras varios meses de clases, lógicamente los miles de estudiantes llegan con ganas de sarao. El ayuntamiento de Barcelona tenía previsto ayer su operativo habitual de patrullaje y alcoholemias en la zona, sin refuerzos específicos.

Obviamente, su presencia en una ciudad de 1,6 millones de habitantes pasará desapercibida en muchos casos. Se alojan distribuidos por media ciudad, lo que restará presión a su presencia, aunque se desconoce cuántos apartamentos turísticos hayan podido copar en zonas calientes como la Barceloneta. En Abroadfest recomiendan como alojamiento el lujoso hotel W (vela), que ayer empezó a acoger a decenas de participantes, y un enlace a una empresa norteamericana que gestiona pisos turísticos y colabora con operadores locales. En la patronal Apartur, no obstante, no tenían noticia ayer de esta llegada masiva, y confiaban en que todo fluyera con tranquilidad, tras las campañas proconvivencia vecinal que están promoviendo y su interés en que el cliente de estos alojamientos sea sobre todo familiar.

Ayer por la tarde se montó un punto de bienvenida en la calle de la Marina, a un paso de la playa, donde cientos de chicos pasaron a por sus tíquets para las fiestas de Abroadfest. Muchas chicas (de Nueva York, puntos de California, Pensilvania y un largo etcétera) confesaban pisar Barcelona por primera vez, porque estaban estudiando en ciudades europeas, donde se calcula que cursan unos 50.000 estadounidenses. Monica, estudiante en Praga, quería combinar turismo y fiesta, desde anoche mismo. Y Julianne, californiana estudiante en Lisboa, aprovechaba para reunirse aquí con amigos llegados de media Europa, alojada en un hostal. No faltaban algunos de los 1.800 alumnos del país que pasan cada año por universidades barcelonesas. Frank Caro, director de Opium y del Springfest, señala que el público local también se mezclará con los recién llegados en sus pistas.

Desde el portal de este montaje, se recomiendan iconos turísticos de rigor, rutas guiadas y los locales de restauración del grupo (Costa Este). Desde Abroadfest, se dan consejos de seguridad y civismo, y se detalla una ruta por día, subrayando como imprescindible el Camp Nou y que Barça no significa Barcelona.

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