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FÓRMULA DE ACCESO A LA VIVIENDA PIONERA EN BARCELONA

Cooperativa... de alquiler

Un grupo vecinal presenta un proyecto pionero de vivienda en régimen de cesión de uso en un solar municipal de Can Batlló. En la promoción primarán los espacios comunes, como la lavandería

HELENA LÓPEZ
BARCELONA

Si nada falla, sus planes pasan por comerse los turrones del 2016 en los pisos nuevos. Y, en Can Batlló, nada suele fallar. No precisamente porque estén tocados por una especie de suerte divina, sino porque, desde aquel 11 de junio del 2011 en el que el vecindario tomó las riendas de la recuperación del recinto fabril, la transformación del mismo ha dependido en gran parte de su trabajo, y son cientos las manos -y cabezas- que dedican horas e ilusión al espacio, que se ha convertido en un referente para el activismo en toda la ciudad.

Si primero fue el Bloc 11 -la nave, propiedad municipal, que los vecinos abrieron hace casi tres años y que ya cuenta con una gran biblioteca, un centro social, un auditorio, un rocódromo y una sala de exposiciones-, ahora llega el turno de la vivienda. Un colectivo de Sants, cuyos miembros también forman parte de la Plataforma Can Batlló es pel Barri, tiene ya muy encaminado un proyecto de viviendas en régimen de cesión de uso en una de las pastillas del municipio, que ve con buenos ojos la propuesta, que apuesta por el alquiler, siguiendo el modelo escandinavo de vivienda. «El objetivo es que el modelo sea replicable, que no se queda en esta primera promoción, sino que se expanda», explica Ferran Aguiló, uno de las primeras 20 personas que impulsaron la cooperativa, que ya cuenta con «unidades de convivencia» -la terminología que usan, que va más allá del concepto de familia, para los entre 30 y 32 pisos con los que contará esta primera promoción. Y tienen lista de espera.

El acuerdo con Hábitat Urbano, propietario de los terrenos, para una cesión a la cooperativa por 100 años se sellará en breve, y los planos de la promoción -en la parcela de la calle de la Constitución con Hartzenbusch, a cargo de la cooperativa de arquitectos La Col -jóvenes técnicos que firman también la espectacular transformación- muy avanzados. En un guiño a la producción textil de Can Batlló, los pisos se organizan como si fueran camisetas, en tallas S (pisos de 45 metros), M (de 60) y L (de 70). Y, tan importantes como los pisos, son los espacios comunes. «El edificio será tipo corrala. Tendrá un comedor comunitario, una lavandería común, un garaje para bicicletas, otro para cochecitos, y un espacio para invitados», relata Aguiló, quien subraya que la cooperativa no quedará solo en la construcción de los pisos, sino que la lógica cooperativista va más allá.

La financiación de la construcción -que será energéticamente eficiente- se hará a través de la banca ética, y cada socio deberá poner, además de dinero, horas de trabajo. «No seguimos la lógica del dinero. No quien tenga más dinero podrá optar a un piso más grande, por ejemplo, la dimensión de los pisos se asignará en función a la dimensión de la unidad de convivencia, y se pagará en función de los metros. Y, tan importante como la inversión económica, es la implicación en el proyecto con horas de trabajo», prosigue Aguiló.

El funcionamiento

Los cooperativistas harán una aportación inicial aproximada de entre 12.000 y 17.000 euros -en función de si la vivienda es S, M o L- y después una cuota mensual de entre 400 y 600 euros. «Si a los 10 años con esa aportación ya se ha cubierto el crédito, la intención es seguir pagando para que la cooperativa dedique ese dinero, por ejemplo, al nacimiento de otra cooperativa de vivienda de alquiler», prosigue. Su intención es ir cambiando, poco a poco, la lógica imperante.