08 abr 2020

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MACROJUICIO EN BARCELONA

El dueño del Riviera admite relaciones con mandos policiales de toda España

El acusado insiste en que nunca ha pagado sobornos para ser avisado de redadas

El dueño del club Riviera Antonio H., que ha gestionado una decena de burdeles en la península, ha admitido su amistad con un presunto comisario corrupto de la Policía Nacional, a cuyo hijo pagó una consulta médica, así como contactos con altos mandos de cuerpos policiales de toda España.

Antonio H. ha declarado este miércoles en la Audiencia de Barcelona en el juicio que se sigue contra él y una veintena de personas, que presuntamente integraban una supuesta trama de corrupción policial que, a cambio de regalos y dinero, protegía a prostíbulos, entre ellos los macro-burdeles Riviera y Saratoga de Castelldefels (Barcelona).

El empresario no ha tenido reparos en reconocer sus contactos con altos mandos de la Policía Nacional, la Guardia Civil y hasta la Ertzaina, como se desprende de una conversación intervenida en la que el dueño del Riviera alude a una comida de Navidad que iba a celebrar con "un coronel, un comandante y un capitán".

El acusado fue propietario no solo del Riviera, clausurado por orden judicial desde el 2009, sino de una decena de burdeles más repartidos por toda la geografía española, y también administra una empresa de seguridad encargada de vigilar los clubes donde, ha afirmado, habría empleado a exmiembros de la Policía Nacional y la Guardia Civil, así como a un exalto cargo de la Ertzaina.

Concretamente, el empresario ha explicado que conoció a Luis G. en el 2002, a raíz de una redada en el Riviera en la que habría recibido un buen trato personal por parte de la Policía Nacional, por lo que una vez cerrado el caso acudió a la comisaría para agradecérselo.

Eso fue el inicio de una relación de amistad, en la que Antonio H. ha admitido que pagó al menos una consulta médica al hijo de Luis G., adicto a la cocaína, y que posteriormente empleó en sus empresas de seguridad a dos de los hijos del comisario.

Años después, conoció al inspector jefe de Extranjería Abundio N., responsable de las redadas en burdeles y que afronta 17 años de cárcel, y acabó entablando con él una relación próxima, por lo que tenía su teléfono móvil personal y en el 2007 le regaló una caja de vinos: "Son fechas en las que todos estamos acostumbrados a dar y recibir detalles", ha justificado el empresario.

Pese a insistir en que nunca ha pagado sobornos a ningún policía para ser avisado de redadas, Antonio H. ha reconocido que acabó siendo amigo del también imputado Manuel N., agente de la brigada de Extranjería de la Policía Nacional, al que ofreció trabajo en una empresa suya.

En el juicio también ha declarado hoy Ignacio L., expolicía nacional que afronta 16 años de cárcel y quien ha insistido en que nunca ha recibido dinero ni regalos de ningún propietario de burdel. "Como así reflejan mis cuentas", ha añadido.

El acusado, que desde el 2008 trabaja en la seguridad de una marca de relojes, ha admitido solo que en una ocasión llamó a un contacto en los Mossos d'Esquadra para averiguar si el encargado del Saratoga iba a ser detenido, por un favor personal que le pidió el exinspector jefe Andrés O., también entre los acusados.