02 dic 2020

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SEMANA DE LA ROBÓTICA

El robot que te mira

CosmoCaixa exhibe un androide creado en Barcelona capaz de hablar 30 idiomas, guiar hasta las exposiciones y generar empatía

CRISTINA SAVALL
BARCELONA

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Voz de mujer, silueta masculina y mirada, expresiones gestuales y movimientos suaves programados para generar empatía, para que quien se acerque se sienta cómodo. Así se comporta el androide Reem, que hasta el domingo, 2 de diciembre, acompaña a los visitantes de CosmoCaixa hasta los espacios de la planta -2 que tengan interés en conocer.

Además, es capaz de esquivar los obstáculos que se encuentra en el camino, reconocer caras e informar en 30 idiomas, entre ellos el coreano y el catalán, de los contenidos de las exposiciones divulgativas que alberga el moderno museo científico.

Los niños, en su salida escolar de ayer a CosmoCaixa, no daban crédito cuando veían a esa especie de guerrero galáctico desplazarse por el pasillo. Primero lo miraban con cierto reparo. Alguno hasta retrocedía unos pasos. Esa impresión duraba segundos, justo cuando los más osados se acercaban a darle la mano mientras se encendía la pantalla del torso con esta frase: «How may I help you? (¿Cómo puedo ayudarle?)».

La siguiente reacción de los alumnos fue levantar la mano para pedir turno y poder pulsar la pantalla táctil, como si Reem fuera un profesor capaz de ordenar la lista de espera. El robot se los había ganado, los había convencido de su capacidad para entablar relaciones humanas.

Detrás de esta estrategia se encuentra Pals Robotics, empresa ubicada en Barcelona especializada en ingeniería de autómatas, que ya ha vendido dos prototipos a los Emiratos Árabes con destino a ser guías en hoteles, en museos y en grandes almacenes. Pero la tecnología no iría a buen puerto sin la ayuda de la psicología, sin un profundo conocimiento de los procesos mentales. En este terreno, la titular es Marta Díaz, psicóloga y profesora de Organización de Empresas de la Universitat Politècnica de Catalunya. «Reem establece lazos. Es interactivo, aunque de entrada las personas que se le acercan no tienen la sensación de controlar la situación», dice Díaz.

El recorrido hasta conseguir humanizar a Reem no ha sido fácil. «Al ser mecánico puede provocar rechazo. Por eso, aunque su complexión es fuerte, hemos acentuado la suavidad de los movimientos de sus brazos», detalla la psicóloga. Otro punto importante es la mirada. Sus ojos de cristal transmiten la impresión de que busca el contacto visual, de que se alegra de verte. «Eso aporta presencia social».

Está programado para resultar amable y no dar ningún golpe a nadie. Lo que da pánico porque también podría ser al revés: que fuera antipático y agresivo. La distancia, el grado de aproximación, es uno de los aspectos más cuidados. «Tiene dos comportamientos: el cercano, más personal, y el público. Mantenerse a la distancia adecuada transmite comodidad al interlocutor». Si la gente se le acerca, como el niño que le tendió la mano, es que se siente a gusto. «No ve a una máquina sino a una persona».

Jordi Albó, investigador de La Salle, lo define como un robot humanoide destinado a dar soporte a la gente. «Su apariencia busca el equilibrio entre un ser humano y un robot, porque los clones de personas provocan miedo», afirma Albó. Reem, así, puede hacer de guía en un aeropuerto, cargar maletas en una terminal e impartir una conferencia.