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El problema de los inmigrantes sin techo

Tensión ante el desalojo de una fábrica ocupada en Sant Martí

Los ocupantes del recinto del Besòs exigen una solución y ven imposible moverse en 10 días

En el viejo complejo fabril duermen 300 jóvenes subsaharianos dedicados a recoger chatarra

CATALINA GAYÀ
BARCELONA

Nervios y desesperanza. Ayer por la tarde, unos 300 ocupantes de una nave industrial de la calle de Josep Pla, en el barrio de Besòs i Maresme (Sant Martí), discutían dónde dormirían durante las próximas semanas. El futuro es un concepto poco realista en esta nave ocupada por chicos subasaharianos que sobreviven recogiendo chatarra y arrastrando un carrito de súper por toda la ciudad. El jueves al mediodía se había acercado una patrulla de Mossos a la antigua fábrica, ocupada desde hace un año y medio, y les informó de que tienen que desalojar el lugar antes del lunes. Hace un año y medio, el dueño del complejo interpuso una denuncia ante el Juzgado de Instrucción número 5 de Barcelona. En menos de una hora, las 800 personas que, según los ocupantes, pululan por esa nave y, sobre todo, las 300 que duermen ahí, la mayoría subsaharianos, se movilizaron.

Miembros de la Asamblea Social del Poblenou acudieron al llamado de ayuda. Por la mañana, Andrés García, abogado de los subsaharianos, decía que se pediría una moratoria. Anoche, Kheraba Drame, uno de los líderes de la fábrica, explicó que los ocupantes ven muy difícil desalojar 30 toneladas de chatarra en tan solo diez días y realojar a las 300 personas que ocupan el lugar. Drame añadió preocupado que se ha convocado una concentración en el recinto para el lunes.

Una pintada en la entrada planteaba la cuestión. Desalojo=Calle. El complejo fabril es una pequeña ciudad de la miseria regulada según costumbres africanas. Conviven hombres jóvenes de toda África, parte de Latinoamérica y Europa del Este. Muchos provienen de otra fábrica también desalojada en el distrito de Sant Martí. De vez en cuando, se asomaban niños.

Hasta ayer, el lugar era el hogar donde llegaban los chicos con los carritos, se bañaban y hasta salían a practicar footing. Era el lugar donde se deshacen los aparatos electrónicos que se tiran y que ellos convierten en metal que compran los rumanos. Era el epicentro del comercio entre Barcelona y los mercadillos de África, vía Marruecos. La semana pasada, Kheraba Drame explicaba lo que para él resumía la filosofía del complejo: «Es una cooperativa de reciclaje. Es un techo donde dormir. Quizá muchos no lo entiendan, pero es mejor esto que dormir en la calle. Es el principio de algo».

Según Drame, el año pasado se llegó «a un acuerdo con el ayuntamiento». «Acordamos que podíamos estar aquí si no molestamos y no lo hacemos. No ha habido quejas de los vecinos», decía en medio de una nave llena de muñecas, cuadros, jarrones y todo aquello que, decía él, «se tira cuando se muere un anciano, sin pensar qué aún tiene un uso y parte de la huella del anterior dueño».

Frente al hangar esperaban los camiones de marroquís que se llevan lo que «se recupera» y que, según Drame, «en África se repara». En otras cuatro naves, hay chatarrerías, el principal negocio del complejo. Luego, quedaba un nave ocupada por jóvenes europeos, una donde dormían los africanos (de ahí salía el chico para hacer footing vestido con el uniforme de una selección) y un bar al puro estilo senegalés.

Ayer de la vida cotidiana tranquila no quedaba nada. Un grupo de miembros de la Xarxa de Suport als Assentaments de Poble Nou llegaba para apoyarlos.