manifestación por las calles de SANT MARTÍ

Los senegaleses del 22@ piden que Barcelona no les aísle

Vecinos de la nave ocupada en Poblenou reclaman una solución para estos jóvenes

Participantes en la manifestación de anoche en el Poblenou.

Participantes en la manifestación de anoche en el Poblenou. / ÁLVARO MONGE

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CARLOS MÁRQUEZ DANIEL
BARCELONA

Les pueden ver por las calles, cargando un carrito del súper lleno de metal, ya sea un pedazo de lavadora, la pata de aluminio de una lámpara que se quedó anticuada o el tubo de un viejo televisor analógico. Son de raza negra -muchos de ellos de origen senegalés- y van de un lado a otro de la ciudad sin hacer ruido. Visto así, es evidente que estas personas que viven -y trabajan- en Barcelona llaman la atención. Ellos aseguran que son invisibles, y que de su invisibilidad nace la «discriminación y la criminalización» que dicen sufrir.

Ayer expresaron su malestar ante la nave de la calle de Badajoz en la que viven unos 70 de estoS inmigrantes de entre 25 y 40 años que se ganan la vida gracias a la chatarra que los barceloneses dejan junto a los contenedores. Se manifestaron, junto a unos 200 vecinos del 22@, porque el propietario del inmueble quiere echarles y ayer se celebró el juicio que previsiblemente acabará en sentencia de desalojo. Ayer parecía que eso era lo de menos; que lo que pedían estos chicos trascendía al techo de haber ocupado el edificio de manera ilegal -eso no se discute- durante tres años.

LUGAR DE TRABAJO / La nave es el lugar de trabajo de otro centenar de senegaleses. En la puerta esperan los camiones que compran la mercancía por un precio de risa. Dentro, en condiciones indescriptibles, ellos pulen y desmiembran el metal. «Hemos venido a participar, a integrarnos y trabajar para que todos podamos salir de la crisis», resumía Katim, que llegó en 1998 y no entiende que el ayuntamiento les persiga cuando hacen, según su opinión, una «tarea de limpieza gratis para la ciudad».

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Manel Andreu, miembro de la Xarxa de Solidaritat amb els Assentaments, insistía en la necesidad de «hacer visibles a estar personas para que la ciudad sea consciente de que no se las puede abandonar en la calle». «Están trabajando dentro de la nave y nunca han sido un problema para el barrio, más bien todo lo contrario», apuntaba la vecina Ernestina. Andreu agradeció las muestras de apoyo, entre ellas, la de la Síndica de Barcelona, que ha pedido «atención básica y un trato no discriminatorio» para estos subsaharianos, pero cargó contra el ayuntamiento, al que acusó de hacer ver que ha hecho un seguimiento de la situación «cuando en realidad ha demostrado que no tienen ni idea».

En unas semanas, el juez dictaminará. Y si no hay sorpresa mayúscula, habrá desalojo en las próximas semanas. Y ellos, vuelta a empezar.